Desde el pasado 15 de octubre de 2025, Melilla forma parte del despliegue progresivo del nuevo Sistema de Entradas y Salidas (EES) de la Unión Europea, una herramienta que pretende modernizar el control fronterizo y reforzar la seguridad en el espacio Schengen. Este sistema, desarrollado por la agencia europea eu-LISA, sustituye el tradicional sellado manual de pasaportes por un registro digital que almacena tanto datos biográficos como biométricos —imagen facial y huellas dactilares— de los nacionales de terceros países que cruzan por estancias cortas.
El EES tiene como objetivo principal reducir los tiempos de espera, mejorar la detección de personas que sobrepasan el tiempo autorizado de estancia, prevenir el fraude de identidad y facilitar un control más eficaz y automatizado en los pasos fronterizos. Su implantación es gradual en todos los Estados miembros que aplican plenamente el Acuerdo de Schengen, y se prevé que esté completamente operativo en abril de 2026. En este contexto, Melilla ha sido una de las ciudades en las que ya se ha puesto en marcha el sistema, con controles electrónicos y escáneres instalados en los pasos fronterizos peatonales y por carretera.
Sin embargo, pese a la promesa de eficiencia y modernización, la experiencia ciudadana sigue siendo desigual. Muchos usuarios denuncian que el funcionamiento del sistema dista de ser fluido, especialmente en los días de mayor afluencia. Este domingo, tras el fin de las vacaciones navideñas que muchas familias alargaron así como el tradicional regreso a la ciudad tras el fin de semana, la frontera volvió a registrar una intensa jornada de tránsito permanente. Aunque las clases comenzaron oficialmente el jueves anterior, muchas familias decidieron alargar su estancia unos días más en Marruecos, lo que se tradujo en un flujo constante de personas regresando a Melilla.
Las colas de entrada a pie desde el país vecino oscilaron entre una y hasta tres horas durante la tarde del domingo, con la mayor concentración de espera en el lado marroquí, donde las deficiencias tecnológicas y la lentitud del sistema son más acusadas. En el lado español, aunque se percibe una mayor dotación de agentes y cierta fluidez por parte de los ciudadanos, también se reportaron fallos técnicos y operaciones manuales por caídas del sistema. La frontera inteligente, que debía reducir los tiempos de cruce, no ha logrado eliminar las demoras, ni la frustración acumulada entre quienes la cruzan a menudo.
Maysur Oaurti, un joven melillense que cruzó caminando durante la tarde, relató su experiencia con resignación. “Hemos hecho cola desde las cuatro y, aunque había bastante gente andando, hemos salido relativamente rápido, en una hora más o menos”, explicó. Aunque su espera fue más corta que la de otros, recordó jornadas mucho más duras. “Una vez tuve que esperar 11 horas para pasar en coche. La cola en coche es un desastre. Muy mala gestión, especialmente en el lado marroquí”, denunció.
En cuanto al funcionamiento del nuevo sistema, el joven Oaurti señaló que no percibió un gran cambio respecto al control tradicional. “No me han tomado huellas ni imagen facial, simplemente he enseñado la documentación, como siempre. En el lado español va algo más fluido, pero hay días que se les cae el sistema”, dijo. En su opinión, el problema es estructural y político: “al final los que sufrimos somos los ciudadanos”, reseñó.
Su testimonio coincide con el de otras personas que regresaron este domingo a la ciudad autónoma. Saleha, por ejemplo, indicó que el cruce fue más rápido de lo habitual, pero dejó claro que “depende mucho del día”. Respecto a la frontera inteligente, Saleha sostuvo que "a veces funciona y otras veces no", lo que lleva a tener que pasar el pasaporte en el control una y otra vez. Karima, que volvía junto a su hijo y un carrito de alimentación, estuvo más de dos horas y media en la cola, aunque recalcó que la fluidez depende las horas y los días, señaló que el sistema a pesar de estar más desarrollado todavía presenta dificultades en el tránsito. Además, resaltó que la zona de vehículos en el lado marroquí es "mucho peor" en cuanto a tiempos de espera, con largas colas que se extienden más allá de la rotonda, explicó.
Tiyani, otro vecino de Melilla que cargaba con una bolsa de pan tras cruzar la frontera con destino Melilla, aseguró haber permanecido unas dos horas para lograr realizar el cruce. “Todo sigue como siempre", destacó. Para Tiyani el sistema español funciona mejor y es más rápido, y hay más agentes, pero en el lado marroquí el sistema de control presenta mayor lentitud.
Una familia melillense que también cruzó ese día aportó un relato similar. Explicaron que suelen ir a visitar a sus familiares una vez al mes, aunque cada vez lo hacen con menos frecuencia debido a la incomodidad del paso. “La pereza de la frontera te quita las ganas", señalaron. Además, relataron las deficiencias del sistema de la frontera inteligente recalcando que, en ocasiones, tienen que pasar el pasaporte una y otra vez porque no lo detecta. Cuando se cae el sistema, aseguran, los agentes tienen que registrar manualmente la documentación provocando letargos.
Pero su mayor crítica no fue solo técnica, sino humana. “En el lado marroquí la situación es peor. No podemos ni reclamar, ni siquiera reírnos", describieron. Además, presentaron la dificultad de las largas esperas en los cruces de los viandantes para las personas mayores o con problemas de salud sin que nadie se preocupe por su estado. "Es duro”, afirmaron con gesto serio, resumiendo sus sensaciones como: “A veces parece que nos tratan como animales”.
El gremio de taxistas que trabaja en la frontera también expresó su malestar. Coinciden en que los días laborables el tránsito es más fluido, pero los fines de semana, especialmente los domingos, la situación se desborda. Explican que, en ocasiones, las esperas se pueden alargar hasta seis, siete u ocho horas.
Además de los retrasos, los profesionales del taxi denuncian las condiciones precarias en las que trabajan y en las que las personas tienen que esperar sus servicios. “No hay bancos, ni sombra, ni techados", explican. En este sentido, y al tratarse de un punto de constante movimiento de personas que buscan vehículos y servicios, tanto de COA como de taxis, reclaman el acondicionamiento de la zona para mejorar las condiciones de espera de sus servicios, tanto para los profesionales como para los clientes.
También alertaron sobre una avería que complica aún más el entorno: una alcantarilla cercana rebosa varias veces al día, dejando salir agua sucia que inunda la zona de llegada desde Marruecos. “Sale agua podrida. La gente la pisa, se sube al taxi y luego el coche queda con un olor horrible", lamentaron.
Mientras tanto, la frontera sigue funcionando sin descanso acumulando el tránsito que antes se realizaba por múltiples entradas. Los ciudadanos continúan regresando a Melilla con sus maletas, sus carros de bebé, sus bolsas de alimentación y enseres personales. La COA continua prestando sus servicios a múltiples pasajeros que, tras el cansancio del cruce, solo piensan en llegar a casa. Los coches familiares y los servicios de taxi se acumulaban en las cercanías para acercar a las personas a sus destinos finales.
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