La Escuela de Arte de Melilla (EAMM) y el IES Rusadir han sacado a la calle el resultado de cinco años de trabajo conjunto en una exposición que ya puede contemplarse en Cándido Lobera hasta finales del mes de febrero. Por primera vez, las producciones desarrolladas de manera colectiva por el alumnado de ambas instituciones abandonan el entorno académico para convertirse en un escaparate público. La muestra reúne campañas de publicidad y editoriales de moda realizadas en los últimos cursos, concebidas en el aula pero ejecutadas con estándares propios del ámbito profesional.
La colaboración comenzó hace cinco años a iniciativa del área de Estilismo de la Escuela de Arte. La intención inicial era dar visibilidad a los diseños confeccionados en clase y generar contenido visual atractivo en fechas señaladas como San Valentín o Halloween. Aquellas primeras sesiones fotográficas, pensadas como apoyo para redes sociales, evolucionaron hasta consolidarse como un proyecto estructurado desde el inicio de cada curso. Pronto se convirtieron en parte de la programación académica, planificándose con la misma metodología que una producción editorial real.
La dinámica reproduce el engranaje de una campaña de moda. El alumnado de Estilismo diseña las prendas, elabora los bocetos, realiza el patronaje y confecciona las piezas; el estudiantado de Estética y Peluquería del Rusadir construye la imagen final del o la modelo mediante maquillaje y caracterización; y el ciclo de Fotografía asume la iluminación, la dirección de modelos y la postproducción final. La suma de especialidades convierte cada sesión en un ejercicio integral donde la coordinación es esencial. “Una editorial de moda sin peluquería y sin maquillaje no tiene sentido”, recuerda Paz Reyes, jefa del departamento de Estilismo, subrayando el carácter complementario de las disciplinas.
Lejos de tratarse de prácticas aisladas, el proyecto se plantea como un encargo completo. Las fechas se fijan en septiembre, se ensaya la iluminación en el plató y se organizan turnos de disparo para que todo el alumnado participe en igualdad de condiciones. El ambiente durante las sesiones es intenso: modelos, diseñadores, maquilladores, peluqueros, fotógrafos y profesorado comparten espacio durante horas en una dinámica que reproduce la presión y la energía de una producción profesional. Cada estudiante debe resolver cuestiones técnicas y comunicativas, desde el control de la luz hasta la interacción con quien posa ante la cámara.
El eje más reconocible ha sido la campaña vinculada a San Valentín, articulada en torno al vestido rojo como elemento simbólico. Esa prenda se convirtió en punto de partida creativo y en referencia visual recurrente. Sin embargo, el proyecto no se limitó a reproducir la estética romántica convencional. Desde el aula se abordó el concepto del amor desde una perspectiva inclusiva. “El amor no tiene género”, defienden, y esa idea se trasladó tanto a los bocetos como a las imágenes finales. Una misma prenda ha sido vestida por chicos y chicas, rompiendo con la asignación tradicional de género a la indumentaria y reflejando la diversidad presente en el propio centro.
La inclusividad no se plantea como un añadido, sino como parte del proceso creativo, no sólo en esta campaña. Las colecciones se desarrollan de manera colectiva en primero y con mayor autonomía en segundo, incorporando distintas sensibilidades en colecciones personales. El resultado es una narrativa visual donde la pluralidad y la diversidad forman parte del discurso estético de toda obra realizada. En esta exposición pueden verse campañas dominadas por el rojo intenso junto a series en blanco y negro inspiradas en arlequines, configurando un diálogo cromático que aporta coherencia y contraste al conjunto.
Quienes ejercen de modelos suelen ser estudiantes del propio centro que se prestan voluntariamente. En ocasiones, las hijas de alumnas de Estilismo lucen los vestidos confeccionados por sus madres, lo que añade un componente intergeneracional al proyecto. El rango de edad del alumnado de Estilismo es amplio, desde jóvenes de 19 años hasta personas de más de 50, una diversidad que se traduce en propuestas variadas y en una riqueza estética que trasciende los cánones habituales.
La exposición en la vía pública tiene un significado especial. No fue concebida específicamente para sala, sino que reúne trabajos realizados en distintos cursos y seleccionados por su calidad. Ver esas campañas instaladas en pleno centro urbano permite al alumnado tomar conciencia del nivel alcanzado y visibilizar el trabajo realizado. No son ejercicios destinados a obtener una calificación, sino piezas con acabado profesional, equiparables a las que podrían formar parte de una editorial de moda o de una campaña publicitaria. Sin embargo, para Iván Villafaima, jefe del departamento de Fotografía, esta exposición supone un ejemplo para el resto del alumnado invitándoles a buscar la excelencia en su trabajo académico. Para la directora de la EAMM, Bárbara Judel, este proyecto en la vía pública es una oportunidad pedagógica que permite visibilizar el trabajo que se realiza en las aulas y otorga a los estudiantes la capacidad de reconocer sus propuestas en un entorno diferente, amplificando la repercusión de su trabajo en un escaparate público. Unos estudiantes, que han celebrado la exposición con especial entusiasmo.
Esa exigencia conecta directamente con las salidas laborales de ambos ciclos. En fotografía, las oportunidades abarcan desde la moda hasta la gastronomía, la arquitectura o la comunicación institucional, ámbitos donde la imagen resulta determinante. En estilismo, la formación no se limita a la confección de prendas, sino que abre puertas a la creación de colecciones, la dirección artística o la participación en pasarelas y colaboraciones externas. El alumnado ha establecido vínculos con la Escuela de Arte y Superior de Diseño José Val del Omar, participando en la pasarela Fortuny, y también en iniciativas como la pasarela de ANDE en Madrid para nuevos talentos de moda en España, ampliando así su proyección y aprendizaje fuera de Melilla.
La dimensión colaborativa es uno de los pilares del proyecto. Cada campaña implica la coordinación entre departamentos y centros educativos distintos. El trabajo coral permite que el estudiantado comprenda la importancia de la planificación, la comunicación y el respeto a los tiempos de cada especialidad. La desaparición este curso de algunos ciclos en el Rusadir y la jubilación de profesorado implicado han dificultado la continuidad en las mismas condiciones este año, pero la intención es mantener la dinámica y seguir buscando colaboraciones que sostengan esa experiencia conjunta.
En paralelo, la Escuela de Arte desarrolla este año un proyecto internacional que será el eje de la Semana de Miguel Marmolejo. En colaboración con la Escuela de Arte de Granada, el centro melillense ha recibido un fragmento de la alfombra del dragón caucásico procedente del Museo de Arte Islámico de Berlín, institución cerrada por obras hasta 2027. La iniciativa distribuye reproducciones de piezas textiles entre distintos centros para mantener vivo el museo durante su cierre. A partir de ese fragmento, el alumnado de diferentes ciclos formativos de la EAMM trabajará intervenciones artísticas que transformen el concepto original en nuevas piezas, compartiendo un eje temático común que refuerza la idea de creación colectiva y diversa en función de las disciplinas y la visión que cada alumno o alumna aporte a su obra final.
La exposición en Cándido Lobera simboliza, en definitiva, la madurez de un proyecto académico que ha trascendido el aula. Cinco años de coordinación han dado lugar a campañas y editoriales de moda que reproducen procesos reales de trabajo y que ahora dialogan con la ciudad. El talento joven formado en ambas instituciones encuentra así un espacio visible donde demostrar que la formación artística puede convertirse en experiencia profesional tangible, capaz de unir creatividad, técnica e inclusión en un mismo marco público.