Melilla se despertaba este domingo 13 de julio, como cualquier otro fin de semana. Eran las 9 de la mañana, el sol se elevaba en su ruta natural avisando del sofocante calor que nos tenía preparado para este día de verano. Las calles estaban semivacías, salvo algunos transeúntes que caminaban con calma en distintas direcciones, nadie parecía tener que recorrer la ciudad a estas horas un día festivo. Sin embargo, algo era diferente esta mañana.
Bajo la fortificación de Melilla la Vieja, dejando atrás el bote en recuerdo del pasado marinero de la ciudad, se observa la puerta custodiada que da paso al Foso de Santiago. En ella se aprecia un cartel que comunica a los usuarios que la playa permanecerá cerrada hasta las 11.30 horas por labores de logística y pide disculpas por las molestias ocasionadas a los vecinos.
La puerta parece cerrada, pero dos operarios de limpieza vestidos con sus trajes de trabajo naranjas y azules con bandas plateadas, equipados con cubos y herramientas, se disponen a empujarla y abrir la ovalada puerta de hierro que custodia la Ensenada de los Galápagos. Transcurrir por el camino es ir accediendo poco a poco a una zona privilegiada. Una cala de 200 metros de longitud que permite vislumbrar el mar abierto a lo lejos y adentrarse en las aguas templadas del Mediterráneo. Un entorno natural singularmente bello y acogedor, escondido bajo las murallas de la ciudadela y abrazado por montañas, que melillenses y turistas no dudan en apreciar. En la distancia, se observa a un grupo de 20 buzos sumergidos en el mar y unos jóvenes madrugadores que aprovechando la entrada abierta desde las escaleras de madera de la Alcazaba se disponían a darse un chapuzón mañanero.
Asomando el sol desde la muralla, el mar se cubría de peces acuáticos con equipaciones de neopreno y más de 20 kilos a su espalda, cámaras submarinas y bolsas de tela blancas y negras en mano donde iban depositando la basura acumulada del fondo marino esta zona costera melillense. En la orilla, Carmen y Gregorio ayudaban a sacar los residuos y clasificarlos para entregarlos en Madrid. En la arena, en las sombrillas y en la pasarela de acceso se acumulaban flotadores naranjas de socorrismo, mochilas negras vacías, capazos, utensilios, vestimenta y toallas de los submarinistas.
Mientras los buzos avanzaban en abanico y recogían manualmente los desechos del fondo del mar; a lo lejos, el barco de la limpiamar apoyaba la labor de extracción en la salida del acantilado y facilitaba el trabajo de sus compañeros que también se acercaban para entregarle algunos de los restos que iban encontrando en inmersión como sillas de playa. Poco a poco, el bote se aproxima a la orilla y los voluntarios salen del agua con sus trajes de neopreno, aletas y botellas de aire a la espalda.
Hora y media de diferencia con el resto de días de acceso al baño desde el Foso de Santiago y algo más de dos horas de trabajo de inmersión han facilitado que el fondo marino pueda hoy estar un poco más limpio. Este trastoque horario, que a algunos melillenses les ha pillado por sorpresa, ha permitido el saneamiento extra de la pequeña cala en una iniciativa propiciada por la Asociación Buceomelilla y la consejería de Deporte, con el apoyo de Medio Ambiente.
El fondo marino ha alejado de sus aguas parte de la basura acumulada. En la orilla se almacenaban casquetes de vidrio, botellas de plástico, latas, envases, así como bolsas de plástico. También, ha aparecido hilo sedal de pesca, telas e, incluso, objetos como extintores, knafres, aletas de buceadores, hierros de gran tamaño, zapatos de bebé, pinzas de pelo o gafas de sol.
A pesar de esta acción especial durante el mes de julio, el mar sigue contaminado de microplásticos. Su retirada es muy complicada porque se deshacen al cogerlos y requiere de otras técnicas extractivas. Desde El Club de Buceo de Submarinismo en Melilla, Quincho, ha querido resaltar la cantidad de plástico que ha recogido el equipo de buzos, insistiendo en que “sigue habiendo miles y miles de trozos de plástico en el mar”, por lo que su propuesta a Medio Ambiente es intervenir directamente sobre ello para retirarlos, aunque relata la complejidad que el viento de levante provoca, asumiendo que aunque lograsen actuar decididamente sobre ello, “a la semana siguiente, otra vez estamos llenos de plástico”.
La playa de los Galápagos es una de las cuatro playas de la urbe con el distintivo de bandera azul otorgado por la Fundación para la Educación Ambiental (FEE -siglas en inglés-). En España, es la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC) la encargada de gestionar el emblema, además de otros como el de Ecoescuelas. Esta señal diferenciadora de las zonas costeras se entrega en base a cuatro criterios entre los que se encuentran: la calidad de las aguas, la gestión ambiental, la información y educación ambiental, así como la seguridad, servicios e instalaciones que ofrece.
A pesar de ello, cuando llega el viento de levante, la orientación Noreste de la ensenada hace que esta pequeña zona del litoral melillense se llene de residuos que quedan atrapados en las rocas del fondo del acantilado, sin poder salir de nuevo tras el cambio a poniente. Ante esta dificultad añadida a la geografía de la ensenada, Quincho confía en la concienciación y en la infancia, especialmente, como garantías de protección del planeta, “los niños se tienen que concienciar de que el agua es muy importante para nosotros, para la vida y que hay que hacer lo imposible por no arrojar basuras al mar”.
Melilla no es ajena a la nueva especie exótica invasora de algas proveniente del sudeste asiático, que está provocando graves desequilibrios ecológicos en los ecosistemas, así como afectando especialmente a la pesca y al turismo en todo el litoral del país y otros países europeos. Se trata de la especie Rugulopteryx okamurae, la cual se caracteriza por su rápida capacidad reproductiva y de colonizar los fondos marinos rocosos, provocando el desplazamiento de especies autóctonas. Se agarra a diferentes sustratos, como los cascos de los barcos y “a cualquier cosa que se encuentra en el mar”, señala el consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura. Este domingo, esta especie se ha dejado ver adherida a los residuos retirados en la Ensenada, la cual pertenece a la zona abrupta de acantilados del Norte del litoral de la ciudad donde habitan especies protegidas.
La propuesta de esta limpieza extraordinaria en la playa de los Galápagos nace a partir de la celebración Campeonato de Europa de Triatlón que se va a celebrar en Melilla el próximo fin de semana. La Ensenada será el lugar escogido por el que transcurrirá la fase acuática del evento. Desde la consejería de Educación, Juventud y Deporte, su responsable Miguel Ángel Fernández agradeció este domingo la implicación de la asociación colaboradora por “la labor que hacen siempre, pero particularmente ahora que salimos beneficiados por la organización de este evento”.
Una celebración que en palabras del consejero es de una “transcendencia importantísima aquí en Melilla”, ya que la ciudad no sólo acogerá a alrededor de 500 personas, entre triatletas -400- y grupos técnicos, de 34 representaciones que competirán durante el fin de semana próximo, sino que, además, el campeonato deportivo será retransmitido internacionalmente en esos países, a lo que se sumará la conexión en directo en el canal nacional de Teledeporte. Una competición que discurre entera al aire libre y que “va a poner a Melilla en Europa”, apuntó el Fernández, quien quiso agradecer la predisposición y participación de otras áreas del Gobierno local. Por su parte, desde la Asociación Buceomelilla, Quincho quiso resaltar el apoyo que hacen a este tipo de iniciativas para que la ciudad vista una buena imagen, así como que “haya menos plástico en el mar”.
Buceomelilla es cofundadora de la Red de Vigilantes Marinos. Durante 11 años han participado en la limpieza de fondos marinos del litoral melillense junto con el regimiento de Ingenieros que, como señala Carmen de la asociación, aportan toldos, mesas y buzos durante el saneamiento que se realiza en el mes de septiembre. Aunque la iniciativa celebrada este domingo, ha supuesto una labor adicional, la asociación submarinista trabaja durante dos épocas del año en la limpieza del fondo marino -junio y septiembre- permitiendo revertir las consecuencias que pueden ocasionar estos desechos en el mantenimiento de su diversidad biológica. Es en esta fecha, rozando el final del verano, cuando la asociación implica a la sociedad en su conjunto, además de al cuerpo del Ejército, realizando charlas de concienciación en los colegios e invitando a participar en las labores de saneamiento de la playa físicamente. Este año, el encuentro tendrá lugar el próximo 27 de septiembre. Una dedicación que el consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura, ha querido agradecer en el día de hoy tanto a Buceomelilla como al regimiento de Ingenieros, asumiendo que tiene pendiente “un merecido reconocimiento por la labor” que llevan haciendo desde hace más de una década.
Antiguamente, antes del Plan de Rehabilitación de Melilla la Vieja de finales del siglo XX, los habitantes de El Pueblo bajaban desde la zona superior por las rocas, pues era la única forma de acceso a la cala. Poco a poco, esta zona costera de arena dorada y oleaje moderado, ha ido mejorando su accesibilidad, también para las personas con movilidad reducida mediante rampas habilitadas entre muros de piedra. Y, aunque es durante la temporada veraniega cuando sus servicios están plenamente activos y más ciudadanos la visitan, su entrada principal desde el Foso de Santiago ha permanecido abierta durante todo el año hasta las cinco de la tarde para favorecer su disfrute como zona de paseo y de recreo. Una forma de permitir a residentes y turistas deleitarse con el paisaje, la tranquilidad y la brisa marina de este pequeño espacio del litoral melillense.
Melilla cuenta con cuatro banderas azules, entre ellas en la Ensenada de los Galápagos, pero, además, según ha anunciado Ventura, a la ciudad le ha sido concedida la Q de calidad de playas y la ISO 9.001, por los servicios que prestan las playas. Asimismo, insiste en que para mantener esta distinción es indispensable que “los servicios de la playa no decaigan”, puesto que estas insignias son muy importantes para el asentamiento del turismo, así como para motivar la excelencia de los servicios, de lo cual se benefician todos los melillenses.
El cuidado del entorno es indispensable; el mar no encuentra la forma de depurar la basura que los seres humanos lanzamos a sus aguas, afectando a la biodiversidad del entorno marino, así como al estado visible de las playas. Unas zonas que nos ofrecen una alternativa para superar el sofocante calor del verano, nos otorgan un estado de relajación y potencian nuestra actividad física y de ocio saludable. El ser humano provoca un daño considerable arrojando desechos, pero, como hoy han demostrado este grupo voluntario de submarinistas de Melilla, también somos capaces de intervenir y proteger. Una dualidad en nuestra forma de entender el cuidado del medio ambiente y, en este caso concreto, de nuestros fondos marinos.
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