El Centro Penitenciario de Melilla ha acogido este Miércoles de Ceniza el acto de entrega de la túnica al interno que será liberado el próximo Jueves Santo, en el marco de la tradicional iniciativa impulsada por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli.
El director del centro penitenciario, Francisco Rebollo, abrió el acto subrayando la dimensión espiritual y humana de esta tradición. Rebollo destacó que no se trata de un trámite formal, sino de una iniciativa con “gran significado humano, social y espiritual”.
El acto se estructura en dos partes, la firma del compromiso por parte de las entidades colaboradoras —la cofradía y el voluntariado cristiano— para atender las necesidades económicas, familiares y personales del interno; y la entrega de la túnica con la que podrá procesionar el próximo Jueves Santo, si así lo desea.
El director quiso recalcar que la participación en la procesión es voluntaria. “Digo ‘si quiere’ porque la elección del interno es independiente de su condición religiosa, de su edad o de su sexo. Elegimos a la persona que creemos que es merecedora de este beneficio”, afirmó.
La iniciativa no es reciente. Según explicó Rebollo, la plataforma que la sustenta se creó en 2001, en el marco de colaboración entre la Administración de Justicia, el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, las entidades colaboradoras y la Administración penitenciaria. Este año se alcanza la vigésimo sexta edición. “Podemos decir que cumplimos con los requisitos que nos marca la Constitución de ayudar a una persona privada de libertad”, añadió.
El procedimiento se inicia cada 24 de septiembre, festividad de la Virgen de la Merced, patrona de Instituciones Penitenciarias. Ese día, el hermano mayor de la cofradía solicita formalmente al centro la designación de un interno para su liberación en Jueves Santo. A partir de ahí, la Junta de Tratamiento propone una terna de candidatos y es el juez de Vigilancia Penitenciaria quien adopta la decisión definitiva.
En esta ocasión, el elegido es un interno de 55 años, con iniciales B.H.M., condenado por un delito contra la salud pública a seis años y un mes de prisión. Ha cumplido ya más de la mitad de la condena y, según explicó el director, su elección ha tenido en cuenta “muchas necesidades económicas y familiares y mucha ayuda social”, factores que hacen especialmente relevante el acompañamiento previsto para favorecer su reinserción. Además el interno tiene cinco hijos, un factor a tener en cuenta.
Rebollo subrayó que el acto de liberación no concluye el día en que se concede la libertad condicional. A diferencia de otras ciudades donde la excarcelación se limita al ámbito procesional, en Melilla las entidades colaboradoras acompañan al liberado durante un año. Ese apoyo incluye gestión de documentación, búsqueda de empleo, provisión de ropa y calzado, acceso a vivienda e incluso reformas si son necesarias. “Es un trabajo arduo, no es sencillo”, reconoció.
Tras la lectura del compromiso —que será incorporado al expediente de libertad condicional y supervisado por los servicios sociales penitenciarios— se procedió a la firma por parte de las entidades implicadas.
El hermano mayor de la cofradía, Gregorio Castillo subrayó que esta tradición constituye “una parte muy importante de nuestra acción social, a la cual nos debemos”. Castillo defendió que toda cofradía debe ejercer la caridad como eje esencial de su identidad.
En estos 26 años, según detalló, 24 de los internos liberados no han reincidido y han logrado rehacer su vida junto a sus familias. “Eso es de agradecer al Señor, que es el que nos ayuda en esta campaña”, expresó. Reconoció que el contexto económico actual dificulta atender todas las necesidades, pero subrayó la solidaridad de la sociedad melillense y la colaboración de empresarios y de la Ciudad Autónoma.
“El objetivo fundamental es buscar el medio de subsistencia del interno que se libera y de su familia”, explicó. Aunque el compromiso formal abarca de Jueves Santo a Jueves Santo, la cofradía mantiene el apoyo más allá de ese plazo si las circunstancias lo requieren.
Por su parte, el vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa, enmarcó el acto en el sentido propio del inicio de la Cuaresma. En un día como el Miércoles de Ceniza, afirmó, la comunidad cristiana retoma “el camino de conversión”, y este gesto concreta las prácticas evangélicas de oración, limosna y ayuno.
Resa destacó que no se atiende a la confesión religiosa del interno. “Aquí no se mira la condición de nadie”, indicó, recordando las palabras proclamadas en la sinagoga de Nazaret sobre la misión de liberar a los cautivos.
Finalmente, Gregorio Castillo insistió en que la participación en la procesión no es obligatoria. Si el interno no desea salir, puede designar a un representante o, en su defecto, la cofradía asumiría el gesto simbólico. No obstante, precisó que este año el liberado ha manifestado su voluntad de participar personalmente. En las 26 ediciones celebradas, solo en dos ocasiones se nombró a otra persona para sustituir al interno.
Con la entrega de la túnica, Melilla inicia así un proceso que combina tradición, justicia y acompañamiento social, con la reinserción como horizonte prioritario.
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