La Plaza de las Culturas de Melilla se convirtió este sábado en un punto de encuentro entre la ciudadanía y la naturaleza gracias a un evento protagonizado por aves rapaces, enmarcado dentro del programa navideño impulsado por la Consejería de Medio Ambiente. La actividad, organizada por el Centro de Educación Ambiental de Melilla, atrajo a numerosos vecinos que disfrutaron de una jornada educativa, participativa y muy especial, con la cetrería como eje central.
Se trata del tercer y último evento de un ciclo desarrollado durante estas fiestas por este centro, que apuesta por una educación ambiental innovadora, cercana y activa. “El objetivo es llevar la educación ambiental un paso más allá e involucrar a la población, especialmente a los más jóvenes, de forma directa”, explicó Fran Pérez, responsable del proyecto.
Con ese propósito, la actividad permitió a los asistentes interactuar con las aves, conocer su comportamiento, manipularlas bajo supervisión, e incluso alimentarlas en un entorno seguro y controlado.
Durante la jornada, se presentaron cuatro especies diferentes de aves rapaces, elegidas cuidadosamente para facilitar tanto la observación como el aprendizaje: un halcón pelegrino, un águila harris, un autillo cariblanco y un cernícaloamericano. Una de las partes más destacadas de este proyecto es el vuelo, donde las aves demuestran su destreza ante la atenta mirada de niños y adultos, muchos de los cuales se acercaban por primera vez a estos animales. Según Pérez, “es una forma efectiva de despertar el interés por el medio ambiente, generando empatía y respeto desde el contacto directo”.
El evento incluyó también un taller de anillamiento, en el que se mostró cómo se identifican científicamente las aves para su estudio, seguimiento y conservación. Además, se instaló un fotocall donde los visitantes pudieron retratarse con las aves, y al hacerlo, entrar en un concurso cuyo premio consiste en una “experiencia rapaz” en el Centro de Educación Ambiental. Esta experiencia ofrece la posibilidad de visitar las instalaciones, conocer a fondo a las aves, participar en sesiones de vuelo y disfrutar de una jornada de aprendizaje personalizada.
Más allá de la actividad navideña, el Centro de Educación Ambiental de Melilla desarrolla una intensa agenda durante todo el año. A partir de finales de enero, comenzará una colaboración con la Consejería de Educación que permitirá llevar esta propuesta pedagógica a los 16 colegios de primaria de la ciudad. En estos encuentros, los estudiantes conocerán las aves de cerca y aprenderán conceptos clave sobre biodiversidad, hábitats, y sostenibilidad. “La idea es plantar la semilla del respeto por la naturaleza desde las edades más tempranas”, apuntó su responsable.
El centro también presta servicios de control de fauna en espacios urbanos, como el campo de golf o el entorno del Alto del Real, en coordinación con la Consejería de Deportes. Esta función, realizada con aves especializadas, permite controlar poblaciones de otras especies que pueden generar desequilibrios, todo ello sin recurrir a métodos agresivos ni invasivos.
Además, el equipo trabaja con particulares, ofreciendo sus servicios en eventos privados como cumpleaños o celebraciones. En ese sentido, una de las propuestas más llamativas es la participación de una de sus aves en bodas, llevando las alianzas hasta el altar. “Es una forma original y simbólica de introducir la naturaleza en momentos importantes de la vida”, destacó Pérez.
La comunicación con la ciudadanía se realiza principalmente a través de Instagram, donde el centro mantiene un perfil activo en el que publica imágenes, vídeos, información de próximas actividades y concursos. También se puede contactar con ellos para contratar eventos o recibir información más detallada. En breve, además, está prevista la apertura de su propio espacio físico, que permitirá realizar exhibiciones privadas, visitas escolares y encuentros personalizados con grupos reducidos.
Este tipo de iniciativas tienen como objetivo fomentar el respeto y la conciencia ambiental en un momento en que los retos ecológicos son cada vez más visibles y urgentes. Con propuestas atractivas y accesibles como esta, Melilla se consolida como una ciudad que apuesta por la educación ambiental como herramienta de cambio y participación ciudadana. Tal como lo expresó Fran Pérez, “hacía falta en Melilla una forma diferente de enfrentarse y trabajar con la educación ambiental, y creemos que la acogida demuestra que estamos en el camino correcto”.
La respuesta del público durante el evento, en una plaza animada por el ambiente navideño y acompañada por un clima favorable, confirma el interés creciente por actividades que combinan el ocio, el aprendizaje y el contacto directo con el entorno natural.
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