Algunos melillenses sufren cansancio con la llegada de la primavera.
En Melilla, la llegada de la primavera suele vivirse como un pequeño renacer. Tras meses de temperaturas más suaves pero inestables, los días comienzan a alargarse, el sol gana protagonismo y la ciudad se llena de vida. Las terrazas se animan, los paseos marítimos vuelven a llenarse y el ambiente se vuelve más dinámico. Sin embargo, no todo el mundo lo recibe con la misma energía.
Cada año, con la llegada de esta estación, hay quienes experimentan una sensación difícil de explicar: cansancio constante, falta de concentración, irritabilidad o incluso cierto desánimo sin causa aparente. Es lo que comúnmente se conoce como astenia primaveral, un fenómeno que, aunque no se considera una enfermedad como tal, sí afecta al día a día de muchas personas.
En una ciudad como Melilla, donde el clima y la luz cambian de forma bastante marcada entre estaciones, estos síntomas pueden percibirse con mayor intensidad. El aumento de horas de luz altera los ritmos biológicos, y el cuerpo necesita un tiempo para adaptarse.
“Llego a casa agotada sin haber hecho nada fuera de lo normal”, comenta Laura, que reconoce que cada primavera le ocurre lo mismo. “Es como si me faltara energía todo el tiempo”.
Aunque pueda parecer contradictorio, el paso del invierno a la primavera no es un proceso inmediato para el organismo. El cuerpo humano funciona siguiendo unos ritmos internos —los llamados ritmos circadianos— que regulan el sueño, la temperatura corporal y la producción de hormonas.
Con la llegada de la primavera, estos ritmos se alteran. Hay más horas de luz, cambian las temperaturas y también las rutinas sociales. Todo ello obliga al organismo a reajustarse, y durante ese proceso pueden aparecer síntomas como fatiga, somnolencia diurna o dificultad para dormir por la noche.
En Melilla, donde el sol comienza a apretar con rapidez y los cambios de temperatura entre la mañana y la tarde pueden ser notables, este proceso de adaptación puede ser más acusado.
“Duermo las mismas horas de siempre, pero me levanto como si no hubiera descansado”, explica Belén. “Al final el día se me hace cuesta arriba desde primera hora”.
Este tipo de testimonios reflejan una realidad bastante extendida, aunque muchas veces no se le dé importancia o se confunda con simple estrés o falta de descanso.
A la astenia primaveral se suma, además, el ritmo de vida actual. Jornadas laborales largas, uso constante de pantallas, falta de ejercicio y una alimentación irregular pueden intensificar los síntomas.
En Melilla, donde la vida social cobra especial protagonismo en primavera, es habitual que las rutinas cambien. Se sale más, se duerme menos y se altera el horario de comidas. Todo ello, lejos de ayudar, puede agravar esa sensación de agotamiento.
“Entre el trabajo y que ahora quedamos más por las tardes, al final duermo menos y estoy más cansado”, señala Carlos. “Pero es raro, porque debería sentirme con más ganas”.
Ese contraste entre lo que se espera de la primavera —energía, actividad, buen ánimo— y lo que realmente se siente puede generar cierta frustración. Muchas personas no entienden por qué, en una época asociada al bienestar, se encuentran peor que en invierno.
No todo el mundo experimenta la astenia primaveral con la misma intensidad. Hay quienes apenas notan el cambio de estación, mientras que otros lo viven de forma más acusada durante varias semanas.
Factores como la edad, el nivel de estrés, la calidad del sueño o incluso la sensibilidad a los cambios de luz pueden influir en cómo responde cada persona. También el estado emocional previo juega un papel importante.
En una ciudad como Melilla, donde conviven diferentes culturas, horarios y estilos de vida, la percepción de estos cambios puede variar bastante entre la población.
“Hay días que me noto más irritable sin motivo”, reconoce Marta. “No es algo grave, pero sí incómodo porque no sabes muy bien por qué te pasa”.
En general, los melillenses coinciden en que la astenia primaveral suele ser pasajera y no reviste gravedad. El cuerpo, poco a poco, termina adaptándose al nuevo entorno y recupera su equilibrio natural.
El clima de Melilla tiene características propias que pueden influir en este fenómeno. La cercanía al mar, la humedad y la rápida subida de temperaturas en primavera generan un entorno particular que no siempre facilita una adaptación progresiva.
A diferencia de otras zonas donde el cambio estacional es más gradual, en Melilla se puede pasar en pocas semanas de días frescos a temperaturas claramente primaverales, incluso cercanas al verano en determinados momentos.
Este cambio brusco obliga al organismo a reajustarse en menos tiempo, lo que puede intensificar esa sensación de desajuste interno.
Además, el aumento de la actividad en la calle, eventos sociales y celebraciones propias de esta época también contribuyen a alterar las rutinas habituales.
Aunque la astenia primaveral no tiene un tratamiento específico, sí hay hábitos que pueden ayudar a sobrellevarla mejor.
Mantener horarios regulares de sueño, cuidar la alimentación, hacer ejercicio moderado y aprovechar la luz natural de forma equilibrada son algunas de las recomendaciones más habituales. También es importante evitar el exceso de cafeína o el uso prolongado de dispositivos electrónicos antes de dormir.
En el contexto de Melilla, donde el clima invita a salir, aprovechar paseos al aire libre sin caer en excesos puede ser una buena forma de ayudar al cuerpo a adaptarse de manera más natural.
La clave está en escuchar al propio organismo y no forzarlo en exceso durante estas semanas de transición.
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