Primer encuentro de presentación el pasado 2 de octubre. -Cedida por Díaz-
"Si no lees, no pasa nada; pero si lees, pueden pasar muchas cosas". Bajo esta premisa, la Asociación Nana ha puesto en marcha un nuevo club de lectura con el que pretende abrir un espacio de encuentro en torno a los libros, pero también alrededor de las emociones, las experiencias y las distintas formas de mirar el mundo. La iniciativa, presentada el pasado 2 de octubre, nace con una vocación abierta: está dirigida tanto a las personas vinculadas a Nana como a cualquier ciudadano que quiera acercarse a la lectura, independientemente de su edad, de sus hábitos lectores o de sus conocimientos literarios.
La presidenta de la asociación, Natalia Díaz, explica que el proyecto parte de una necesidad que trasciende el hecho de leer un libro. "Vivimos en un mundo que va muy deprisa y necesitamos recuperar espacios para parar un momento, leer, escucharnos y compartir", señala. En esa pausa reside buena parte del sentido de una propuesta que Nana quiere construir sin obligaciones ni exámenes, sin convertir la literatura en una materia que haya que dominar, sino en una herramienta para conocerse mejor y acercarse a otras realidades.
La asociación lleva años utilizando el teatro, la danza, la música y las artes plásticas como instrumentos para favorecer el encuentro con los demás y con uno mismo. Ahora incorpora la literatura como "un lenguaje más" dentro de esa misma filosofía. Para Díaz, el libro puede proporcionar algo que en ocasiones resulta difícil de encontrar en la vida cotidiana: palabras para aquello que se siente y que no siempre se sabe expresar. Leer permite emocionarse, hacerse preguntas, comprender realidades ajenas y poner nombre a emociones propias.
El propósito, por tanto, va más allá del modelo tradicional de club de lectura basado en leer una obra y reunirse después para comentarla. Nana quiere construir un espacio compartido entre generaciones, entre lectores habituales y personas que llevan mucho tiempo sin abrir un libro o que todavía no han encontrado una obra capaz de despertarles el interés por la lectura. "No hace falta saber absolutamente nada", resume la presidenta que anima a participar a jóvenes y adultos, pertenecientes o no a la asociación. La única condición es tener ganas de acercarse al libro desde la curiosidad y el deseo de compartir.
La primera reunión contó con seis personas vinculadas ya de manera estrecha con la lectura y sirvió para poner en marcha una dinámica que se irá ampliando progresivamente. En esta primera etapa, la asociación cuenta con el acompañamiento del escritor René Palomo, autor de La cuarta estrella, y de Sonia Rubiano, una apasionada de la literatura y participante en varios clubes de lectura de Melilla, así como dramaturga y colaboradora en Mirrolde Teatro. Su experiencia está siendo especialmente importante a la hora de acercar propuestas a los más jóvenes.
Rubiano ya ha aportado una amplia selección de títulos destinados al público juvenil, entre ellos El club de las zapatillas rojas, Sisters y Eleanor & Park junto a otras obras y temáticas pensadas para despertar la curiosidad de adolescentes y jóvenes. La próxima cita del club será el 30 de octubre, de 18 a 19 horas en la C/ Actor Luis Prendes n24 local 10, y tendrá un componente especialmente vinculado al trabajo artístico de Nana: la lectura dramatizada. Durante las sesiones habituales de la asociación con los jóvenes con los que trabaja, se presentarán diferentes propuestas literarias a los jóvenes y serán ellos quienes, de manera voluntaria, escojan aquella que más les interese. El título elegido será llevado al encuentro del día 30 para iniciar una lectura en voz alta, interpretada y compartida.
La propuesta pretende que la lectura no sea únicamente silenciosa e individual, sino también corporal, sonora y colectiva. Las voces, la interpretación y la dramatización permitirán a los participantes acercarse al texto desde otra perspectiva, aprovechando precisamente la experiencia que Nana ha acumulado durante años en el ámbito de las artes escénicas. Después, el objetivo será que quienes hayan participado continúen la lectura en casa y regresen al siguiente encuentro mensual para contar cómo ha sido la experiencia, qué dificultades han encontrado, qué les ha sorprendido o qué les ha hecho pensar.
De este modo, cada reunión podrá convertirse en el punto de partida de la siguiente. Una lectura dramatizada abrirá el camino hacia la lectura individual; esa lectura dará lugar a una conversación y, a partir de ella, el grupo podrá escoger una nueva obra. "Sería como unir los dos espacios en uno", explica Díaz, convencida de que esta fórmula puede resultar especialmente atractiva para quienes todavía no tienen un vínculo consolidado con los libros.
En paralelo a la participación juvenil, el grupo de adultos ha escogido ya su primera lectura: El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. La elección responde, en parte, a la voluntad de comenzar con una obra breve y accesible, teniendo en cuenta el ritmo de vida de los participantes, pero también a la profundidad de los asuntos que plantea. La soledad, el esfuerzo, la derrota, la esperanza, la resistencia y la capacidad de seguir adelante cuando las cosas no salen como se esperaba forman parte de una historia aparentemente sencilla que puede generar conversaciones muy diferentes según la edad y la experiencia de cada lector.
La figura de Santiago, el viejo pescador protagonista de la obra, puede ser leída desde múltiples perspectivas. Para un lector joven puede representar la aventura, la lucha y la perseverancia; para un adulto puede convertirse en una reflexión sobre el paso del tiempo, los límites personales y la necesidad de continuar incluso después de un fracaso. Esa posibilidad de que una misma obra despierte preguntas distintas es, precisamente, una de las riquezas que Nana quiere aprovechar en este encuentro intergeneracional.
"¿Qué hacemos cuando hemos dado todo?", plantea Díaz. La pregunta conecta directamente la literatura con el trabajo cotidiano de la asociación y con muchas de las cuestiones que atraviesan la vida de sus jóvenes. El libro puede convertirse así en un espejo, pero también en un punto de partida para hablar de aquello que preocupa, de las dificultades, de la frustración y de la manera de afrontar las situaciones que no dependen de uno mismo.
La dimensión intergeneracional es otra de las claves del proyecto. Los adultos no solo aportarán su experiencia lectora, sino que también tendrán la oportunidad de descubrir literatura juvenil y aproximarse a las formas en que las nuevas generaciones interpretan determinados temas. Los jóvenes, a su vez, podrán encontrar en los adultos lectores con quienes compartir inquietudes y descubrir que un libro puede convertirse en un territorio común entre personas de edades muy diferentes.
Para Nana, ese intercambio es también una forma de enriquecimiento colectivo. La asociación quiere que el club crezca progresivamente, incorporando nuevas voces y creando una red alrededor de la lectura. "Los inicios de cualquier proyecto siempre son complejos", reconoce Díaz, aunque considera que la primera reunión del 2 de octubre ya dejó una sensación especialmente positiva. Seis personas reunidas alrededor de los libros, compartiendo propuestas y poniendo en común su sensibilidad hacia la literatura, constituyeron, para la presidenta, "un regalo" y una señal de que merece la pena seguir avanzando.
La apuesta de Nana por utilizar las disciplinas artísticas como herramientas de inclusión tendrá también una importante proyección durante las jornadas de la Unión Española de Cooperativas de Enseñanza (UECOE), cuyo congreso nacional se celebrará en Melilla del 20 al 24 de octubre. El carácter multicultural de la ciudad, con alumnado procedente de diferentes culturas y con distintas lenguas maternas, convierte a Melilla en un escenario especialmente adecuado para abordar modelos educativos capaces de superar las barreras lingüísticas.
En este contexto, la Asociación Nana participará en el congreso organizado con la colaboración del Enrique Soler con un taller de teatro inclusivo titulado "Cuando el arte nos permite encontrarnos", que se celebrará el jueves 22 de octubre, de 13:00 a 14:30 horas. La actividad estará dirigida a las personas participantes en el congreso, entre ellas docentes, maestros y responsables de centros educativos procedentes de distintos puntos de España.
La propuesta parte de una experiencia que Nana conoce de primera mano: trabajar con niños y niñas que no comparten necesariamente la misma lengua. Frente a esa dificultad inicial, la asociación ha desarrollado recursos basados en el teatro, la música, la danza, los gestos y el movimiento. "¿Cómo hemos trabajado a través de la música, el teatro y la danza sin tener que explicar nada?", plantea Díaz. La respuesta constituye precisamente el núcleo del taller: demostrar que el arte puede generar comunicación incluso cuando las palabras no son suficientes.
La experiencia acumulada por Nana se trasladará así a una serie de dinámicas que puedan ser reproducidas posteriormente en otros centros educativos. El objetivo no será únicamente mostrar una metodología, sino experimentar directamente cómo el cuerpo, el ritmo, la mirada, el movimiento o la música pueden convertirse en herramientas de comunicación y participación.
El congreso servirá además para visibilizar una colaboración que nació casi de manera casual y que, con el tiempo, se ha convertido en una nueva línea de trabajo. El encuentro entre miembros de Nana y representantes del centro Osoki, de Tolosa, en Guipúzcoa, permitió descubrir intereses comunes y poner en marcha un proyecto conjunto que protagonizarán los jóvenes de ambas entidades.
La relación se ha ido consolidando desde entonces y ya se ha definido una línea de colaboración que se desarrollará durante el curso mediante encuentros y videoconferencias. El propósito es compartir experiencias entre los alumnos de Osoki y Nana y explorar nuevas formas de cooperación educativa que puedan enriquecer tanto al alumnado como al profesorado.
Este proyecto y relación colaborativa será presentado también en una mesa redonda que tendrá lugar el viernes 23 de octubre, de 10:00 a 11:00 horas. En ella participarán la Asociación Nana, el centro Osoki y otros centros invitados para explicar quiénes son, cómo surgió el encuentro y qué proyecto común han comenzado a desarrollar.
La intención de Nana es que esta experiencia pueda servir de inspiración para que otros centros establezcan también sus propias conexiones. La cooperación entre comunidades educativas, sostiene Díaz, permite compartir recursos, ampliar perspectivas y generar proyectos que repercutan directamente en el alumnado. El encuentro entre centros diferentes se convierte así en otra forma de aprendizaje.
La participación en las jornadas del Enrique Soler y el nuevo club de lectura responden, en realidad, a una misma manera de entender la educación y la cultura. En ambos casos, Nana busca crear espacios donde las personas puedan encontrarse sin que las diferencias de edad, experiencia, capacidades o lengua constituyan una barrera. Si en el teatro ese encuentro puede producirse a través del cuerpo y el movimiento, en los libros puede surgir de una historia compartida.
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