La primera furgoneta que trató de pasar a Marruecos hace más de un año
La aduana comercial de Melilla continúa sin una actividad económica efectiva cuatro años después de que se anunciara su reapertura en el marco de la nueva etapa diplomática entre España y Marruecos. La denuncia la ha vuelto a poner sobre la mesa la Confederación de Empresarios de Melilla, cuyo presidente, Enrique Alcoba, ha asegurado que este paso “prácticamente no tiene ninguna actividad económica”, pese a la importancia que tiene para el tejido productivo local.
El anuncio que alimentó las expectativas se produjo el 7 de abril de 2022, durante la reunión celebrada en Rabat entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI. Aquel encuentro fue presentado como el inicio de una nueva etapa en la relación bilateral y entre sus principales acuerdos figuraba la reapertura gradual y ordenada de las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, así como la recuperación de la aduana comercial melillense, cerrada por Marruecos en 2018.
La medida fue interpretada entonces como un paso de especial relevancia para Melilla. No solo suponía la recuperación de una infraestructura histórica vinculada al intercambio mercantil con el país vecino, sino también la posibilidad de devolver a la ciudad una herramienta considerada estratégica en su actividad económica. El compromiso político generó expectativas entre empresarios y operadores locales, que veían en aquella decisión una vía para recuperar parte del pulso comercial perdido tras años de bloqueo.
Sin embargo, el balance que hace ahora la patronal es muy distinto al escenario dibujado en aquel momento. Según Alcoba, desde la reapertura formal en febrero de 2025 apenas han cruzado “algunos camiones” desde Marruecos hacia Melilla, mientras que en sentido contrario el tránsito es prácticamente inexistente. El dirigente empresarial atribuye esta situación a la inseguridad jurídica, a las normativas vigentes y a los continuos impedimentos de las autoridades marroquíes, factores que, a su juicio, impiden hablar de una operatividad real.
La crítica del sector empresarial no se limita únicamente al escaso número de operaciones registradas. También pone el foco en la falta de reciprocidad y en las dificultades que, según denuncian, persisten incluso en el llamado régimen de viajeros. Alcoba sostiene que este mecanismo sigue funcionando en una sola dirección, favoreciendo solo la entrada de mercancías desde Marruecos hacia Ceuta y Melilla, sin permitir un flujo equivalente en sentido inverso. Esa situación, según la patronal, deja a la ciudad al margen de una relación comercial hispano-marroquí que sí genera un elevado volumen económico en otros ámbitos.
Además, el presidente de la Confederación de Empresarios de Melilla ha recordado que la aduana volvió a cerrarse el 15 de junio de 2025 con motivo de la Operación Paso del Estrecho y que no fue reabierta hasta septiembre. Para la patronal, ese nuevo parón evidenció una fragilidad operativa incompatible con la imagen de normalidad que se ha tratado de proyectar desde instancias oficiales. Alcoba considera que, sin garantías estables ni un marco claro para las empresas, resulta imposible consolidar la actividad comercial que se prometió.
Frente a esta versión, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, defendió en febrero de 2026 que las aduanas comerciales de Melilla y Ceuta con Marruecos “están abiertas y funcionan con normalidad”. En declaraciones recogidas por El Faro de Melilla, el jefe de la diplomacia española encuadró esa supuesta operatividad dentro del buen momento de las relaciones entre ambos países, subrayando la cooperación bilateral y presentando la apertura aduanera como uno de los avances de esta nueva fase diplomática.
Ese discurso institucional choca, sin embargo, con la percepción del empresariado melillense. Mientras Albares pone el acento en la existencia formal de la infraestructura y en la mejora del marco político con Rabat, la patronal centra su análisis en el volumen real de operaciones, en la seguridad jurídica y en la capacidad efectiva de las empresas para utilizar ese paso comercial con normalidad. La diferencia entre ambos relatos no es menor: unos hablan de apertura; otros, de una infraestructura que apenas genera movimiento.
Ese contraste es precisamente el que mantiene viva la controversia cuatro años después del gran anuncio de Rabat. La aduana aparece en el discurso político como símbolo de entendimiento entre España y Marruecos, pero en el terreno económico sigue sin traducirse, según los empresarios, en una normalización tangible para Melilla. Y esa distancia entre el compromiso asumido en 2022 y la realidad denunciada en 2026 vuelve a situar el asunto en el centro del debate local.
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