El Salón Dorado del Palacio de la Asamblea acogió en la mañana de este jueves un emotivo acto de recepción y reconocimiento a los bomberos del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) de la Ciudad Autónoma de Melilla que participaron en la campaña de lucha contra los incendios forestales en la Península este verano. La expedición fue enviada a Zamora, una de las provincias más castigadas por el fuego, en una operación marcada por la dureza del terreno, la magnitud de las llamas y la implicación emocional de los efectivos.
José Pedreño, Cabo del SEIS, fue el encargado de detallar cómo se desarrolló esta misión fuera de la ciudad. En sus palabras quedó patente la complejidad del operativo y la experiencia que ha supuesto para el equipo melillense.
"El operativo fue de 15 compañeros y cinco vehículos ligeros", explicó Pedreño, quien señaló que la expedición fue enviada a la provincia de Zamora tras establecerse en el Puesto de Mando Avanzado (PMA) en esa zona.
En un principio, los bomberos melillenses iban a encargarse de tareas de rescate, pero la situación obligó a incorporarlos de inmediato a labores de extinción directa del fuego.
"Había frentes también en León, pero nos destinaron a Zamora por las necesidades del momento. Nada más llegar, la situación exigía intervención directa", detalló.
El nivel de peligrosidad de los incendios fue escalando. "Los primeros días fueron incendios más de control, evitando que el fuego avanzara hacia una central hidroeléctrica y algunos pueblos. Pero ya en los días siguientes nos enfrentamos a incendios de gran envergadura", relató Pedreño.
En cuanto al modelo de coordinación, Pedreño quiso matizar que existía una separación clara entre el Centro de Coordinación Operativa Intgrada (CECOPI), que dirige a nivel político y estratégico la intervención, y el Puesto de Mando Avanzado, al que ellos estaban adscritos y que gestionaba las órdenes directas del día a día.
"Por la mañana temprano nos daban las pautas de intervención, el destino del día y las necesidades concretas. Ahí se decidía todo, y nos desplazábamos al lugar correspondiente para comenzar las labores",explicó. Frente a algunas críticas vertidas por otros cuerpos de bomberos en otras regiones por la falta de coordinación, Pedreño defendió la operativa seguida con su equipo: "Nuestra experiencia en el PMA fue positiva. Es evidente que siempre hay cosas que mejorar pero nosotros tuvimos claras las instrucciones".
Pedreño reconoció que uno de los principales problemas con los que se encontraron fue la falta de efectivos y de medios materiales: "Por supuesto que siempre hacen falta más recursos, humanos y técnicos. Conforme el incendio avanza y toma fuerza, se multiplican las necesidades. Y sí, se apreciaba esa falta de medios".
La vegetación arrasada incluía especies como robles, castaños y pinares, pero también fauna autóctona. Aunque, según remarcó, el principal objetivo fue siempre proteger a las personas: "Lo que más se intentaba preservar eran los pueblos pequeños, muchos con apenas 200 o 300 habitantes, que estaban en riesgo".
Melilla, al no contar con montes propios de gran extensión, no está acostumbrada a incendios forestales de tal magnitud. "Nunca habíamos combatido fuegos de estas características", afirmó. La única experiencia similar se remonta a años anteriores, cuando colaboraron en tareas de extinción en el Monte Gurugú, en Marruecos.
"La jornada más dura fue la última, cuando conseguimos contener un gran incendio que amenazaba directamente a San Martín de Castañeda. Fue un esfuerzo titánico de todo el operativo, incluidos los refuerzos de cuadrillas forestales que se nos unieron. Ese día fue especialmente duro, pero también satisfactorio", expresó con emoción.
Uno de los aspectos que más han marcado al grupo ha sido el apoyo recibido por parte de la población loca. "Desde el minuto uno, los vecinos estaban volcados con nosotros. Nos ofrecían agua, café, comida... Lo que hiciera falta. Su humanidad ha sido incalculable", subrayó Pedreño.
Ese factor humano, unido al trabajo en equipo, ha sido uno de los elementos más valorados por los bomberos desplazados. "Nos quedamos con el compañerismo, tanto de los que fuimos como de los compañeros que se quedaron aquí, cubriendo todos los servicios de Melilla mientras duró nuestra ausencia", añadió.
En Melilla se quedaron 64 efectivos para mantener el servicio operativo.
Aunque el contexto no es comparable al peninsular, Pedreño fue claro: "Nunca se puede decir que estamos totalmente equipados". "La emergencia surge y avanza de forma exponencial. Aquí, aunque no tengamos grandes montes, sí tenemos zonas de cañaverales, rastrojos o áreas de acceso difícil. Y si a eso le sumas un día de viento fuerte, una intervención simple puede complicarse muchísimo", advirtió.
A su juicio, es imprescindible seguir invirtiendo en formación, materiales y personal, porque la realidad es que los escenarios de emergencia cambian cada vez más rápido. "La naturaleza siempre nos va a desbordar. No podemos confiarnos", concluyó.
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