Francisco Javier González García, veterano ingeniero melillense, ha sido distinguido con la Medalla de Honor 2025 que concede el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (CICCP), una de las seis que se otorgan a nivel nacional. La distinción reconoce una trayectoria profesional de más de cuatro décadas al servicio de la ingeniería y, de manera muy destacada, a la transformación y modernización de la ciudad de Melilla, donde desarrolló la práctica totalidad de su carrera.
Desde su llegada a la ciudad en 1978, González se convirtió en una figura clave dentro del desarrollo urbano e institucional de Melilla. Inició su andadura como jefe de obra de la planta de depuración de agua y, apenas un año después, accedió al puesto de ingeniero municipal. A partir de entonces, fue asumiendo responsabilidades cada vez mayores dentro de la administración local, pasando a ser director general de Obras Públicas con la constitución de la Ciudad Autónoma, y culminando su carrera como consejero de Fomento entre 2015 y 2019. También fue adjunto a la Presidencia del Gobierno de Melilla entre 2012 y 2015.
Durante su etapa como responsable institucional, lideró numerosas actuaciones que contribuyeron a modernizar las infraestructuras urbanas de la ciudad, tanto en sus zonas céntricas como en los barrios más desfavorecidos. Él mismo destaca como uno de sus mayores logros haber impulsado la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos a través del urbanismo y la obra pública. “Puedo pasear por Melilla y no hay una calle en la que no piense: eso lo hice yo”, dijo emocionado durante una conversación mantenida tras conocerse el galardón.
González confiesa que no puede señalar una única obra como la más significativa de su carrera, precisamente porque su legado está repartido por toda la ciudad. “No he pensado en muchos de ellos, ni en muchos. En resumen te lo digo: paseo por Melilla y no hay una calle en la que no piense ‘eso lo hice yo’. No quiere decir que yo haya hecho el proyecto, lo haya dirigido… pero he estado ahí”, relató.
Una de sus principales señas de identidad ha sido su enfoque técnico riguroso combinado con una sensibilidad social destacada. Su labor no se limitó a construir o proyectar, sino que incluyó una participación activa en la mejora del entorno urbano, facilitando el acceso y la movilidad dentro de una ciudad con apenas 13 kilómetros cuadrados de superficie. “Las calles, las carreteras, el agua, el suelo... siempre me ha gustado trabajar en lo que sirve directamente a las personas”, explicó.
En el plano colegial, González desempeñó un papel esencial en la consolidación de la presencia del CICCP en Melilla. Fue el principal impulsor de la apertura de la Oficina Provincial del Colegio, promoviendo su modernización y dinamización. También lideró la firma de un convenio con la Ciudad Autónoma que obligaba al visado de todos los proyectos redactados por ingenieros de caminos y gestionados por la administración. Esto permitió incrementar notablemente la presencia de profesionales ICCP en los equipos técnicos del gobierno local.
Incluso tras su jubilación, González ha mantenido su vinculación con el Colegio y con la profesión. Ha colaborado como mentor y ha participado en iniciativas de cooperación humanitaria promovidas por la Demarcación de Madrid y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid. A lo largo de su carrera también recibió otros reconocimientos, como la Cruz de la Orden al Mérito Militar con Distintivo Blanco de Primera Clase (1984) y la Medalla de Honor de la Asociación Española de la Carretera (2007), esta última con mención honorífica.
Durante el acto de entrega de la Medalla de Honor, Javier González expresó que esta distinción le ha aportado “una paz interior que me demuestra de forma fehaciente que mi trabajo ha sido útil, que lo he hecho bien y que puedo haber llegado tranquilo a mi jubilación”.
Su vocación por la ingeniería nació en la infancia, influido por su entorno familiar. “Desde niño dije que quería ser ingeniero, como mi tío”, explicó. Su decisión definitiva llegó tras consultar con su madre y su abuelo, el patriarca familiar. “Le pregunté a mi abuelo y me dijo: ‘hijo mío, ingeniero como lo de tu tío’. Y así me hice ingeniero de caminos”, rememoró con cariño.
El ingeniero también recordó sus comienzos en Melilla, cuando llegó contratado por una empresa para trabajar en la planta depuradora, y cómo al poco tiempo decidió quedarse en la ciudad y concursar para el puesto de ingeniero municipal. Desde ese momento, su vida profesional y la historia urbanística de Melilla quedaron unidas. “Toda la vida la he dedicado a la ciudad”, afirmó.
González trabajó con distintos presidentes, alcaldes y consejeros a lo largo de las décadas, siempre desde una perspectiva profesional y técnica. En su testimonio recuerda su relación con Juan José Imbroda, con quien compartió etapas institucionales relevantes, y con otros responsables de la administración local. A pesar de los cambios políticos, su permanencia en los cargos técnicos demuestra el valor que aportaba a los distintos equipos de gobierno. “Nunca me han cambiado por decisión política; siempre fui promocionado por mi trabajo y dedicación”, apuntó.
Además de su rol técnico, asumió responsabilidades vinculadas al medio ambiente, al saneamiento y a la gestión del agua, áreas en las que también dejó una profunda huella en la estructura urbana de Melilla.
Su labor ha sido reconocida no solo por la institución colegial, sino también por sus compañeros, quienes lo nombraron Caminero de Honor, destacando que ha trabajado “por y para los melillenses y su ciudad, con obras de gran envergadura que han hecho de Melilla una ciudad más habitable”.
Francisco Javier González García se ha convertido, en palabras de la Junta Rectora del CICCP, en “un ejemplo de vocación pública, elegancia en el trato, liderazgo integrador y dedicación incansable”. Su legado queda en cada obra, en cada calle y en cada mejora urbana de Melilla, ciudad que lo acogió hace casi medio siglo y que hoy le devuelve su entrega con esta merecida distinción.