Cada año, cuando entra diciembre, Melilla se convierte en un escenario donde distintas culturas conviven en armonía. Entre las celebraciones se encuentra Janucá, la Fiesta de las Luces, una tradición judía que en esta ciudad autónoma cobra un sentido especial por la presencia histórica y arraigada de la comunidad hebrea. Este año, la festividad se celebra del 14 al 22 de diciembre, ocho noches en las que las velas de la januquiá iluminan hogares, instituciones y espacios públicos, recordando un episodio trascendental de la historia del pueblo judío.
El origen de Janucá se remonta al siglo II a. C., cuando el territorio de Judea estaba bajo dominio del Imperio seléucida. El rey Antíoco IV Epífanes prohibió las prácticas religiosas judías e impuso la helenización forzosa. Ante estas medidas, un grupo de judíos liderado por la familia de los Macabeos se levantó en armas. Pese a la desigualdad entre ambos bandos, los rebeldes lograron recuperar el control del Templo de Jerusalén.
Según la tradición, al intentar consagrar nuevamente la menorá del Templo, hallaron solo una pequeña cantidad de aceite puro, suficiente para un día. Milagrosamente, esa diminuta porción ardió durante ocho días, el tiempo necesario para preparar más aceite. Ese suceso es recordado cada año durante Jánuca, no solo como un milagro, sino como un símbolo de resistencia cultural y espiritual.
Janucá, ante todo, una celebración de la luz. La festividad utiliza la januquiá, un candelabro de nueve brazos: ocho para cada día de la celebración y uno adicional, el shamash, la vela auxiliar con la que se encienden las demás. Cada noche se añade una vela más, incrementando progresivamente la luminosidad, un gesto que simboliza el triunfo de la esperanza sobre la adversidad.
Esa luz no solo recuerda un hecho histórico; también representa la perseverancia del pueblo judío y el valor de mantener viva la identidad en momentos difíciles. Encender la januquiá es, por tanto, un acto íntimo y a la vez público, un recordatorio de que la luz debe difundirse.
Melilla es uno de los lugares de España donde la comunidad judía ha mantenido una presencia continua durante siglos. Su vida cultural, religiosa y social forma parte del tejido de la ciudad, caracterizada por la convivencia de cuatro grandes culturas: cristiana, musulmana, hebrea e hindú. En este contexto, Janucá adquiere una relevancia especial, integrándose en el calendario festivo de Melilla y convirtiéndose en un símbolo de diversidad.
Durante estas fechas, es habitual que instituciones, asociaciones culturales y sinagogas organicen actividades relacionadas con la festividad. El encendido público de la januquiá se ha convertido en un evento destacado, donde autoridades locales, vecinos de diferentes comunidades y visitantes participan para celebrar la luz y la convivencia.
En todos los barrios donde viven familias judías, colocan la januquiá cerca de las ventanas, iluminando las calles con un brillo característico. Para quienes pasean de noche, esas pequeñas llamas conforman un paisaje emocional y cultural que distingue a Melilla en estas fechas.
La comunidad judía melillense cuenta con sinagogas históricas donde se celebran oraciones, actividades educativas y actos conmemorativos especiales durante Janucá. Estos espacios se convierten en puntos de encuentro para familias, jóvenes y mayores, que participan en el encendido colectivo de las velas, escuchan relatos tradicionales y entonan cánticos propios de la festividad.
La dimensión intergeneracional es fundamental: abuelos que explican a sus nietos el significado del milagro del aceite, niños que participan en obras teatrales sobre los Macabeos y jóvenes que colaboran en actividades comunitarias, manteniendo vivas las tradiciones transmitidas de generación en generación.
La gastronomía de Janucá también está profundamente arraigada en Melilla. En muchos hogares se preparan latkes —croquetas de patatas fritas— y sufganiot, rosquillas rellenas que suelen endulzar las noches de celebración. Los buñuelos de miel, de influencia sefardí, también tienen un lugar especial en la mesa melillense gracias a las raíces mediterráneas de parte de su comunidad judía.
Cabe destacar que en esta semana de festividad, se puede realizar labores cotidianos como trabajar. Los comercios están abiertos y, además, las familias judías aprovechan para realizar compras y hacer regalos.
En Melilla, como en muchas comunidades del mundo, Jánuca es especialmente esperada por los más pequeños. Cada noche, muchos niños reciben regalos o monedas de chocolate, conocidas como gelt, una costumbre que mezcla tradición y diversión.
El dreidel, el trompo de cuatro caras con letras hebreas, es protagonista de muchas tardes. Las instituciones comunitarias suelen organizar concursos y juegos en los que niños y jóvenes participan para ganar pequeños premios, fomentando el aprendizaje de la historia de Janucá de forma lúdica.
Janucá no solo es una celebración íntima, familiar o religiosa. En Melilla, la festividad contribuye a fortalecer un modelo de convivencia basado en el respeto y el reconocimiento a la diversidad cultural. Participar en los actos públicos, compartir los dulces típicos o simplemente admirar las velas encendidas desde las ventanas se convierte en una manera de comprender y valorar una tradición con siglos de historia.
La festividad también funciona como un recordatorio de la importancia de mantener vivas las raíces culturales. En una ciudad donde distintas identidades conviven diariamente, Janucá representa la continuidad de una comunidad que ha sido parte integral del desarrollo melillense.
El espíritu de Janucá—la luz que se multiplica, la resistencia frente a la adversidad, la fuerza de la memoria—encaja de manera natural con la esencia multicultural de Melilla. Cada vela encendida entre el 14 y el 22 de diciembre no solo conmemora un milagro antiguo, sino que ilumina el presente de una ciudad que hace de la diversidad su mayor riqueza.
En Melilla, Janucá no es simplemente una festividad judía: es un símbolo vivo de su identidad plural, un puente entre pasado y presente, y una celebración que invita a todos a encontrar luz incluso en los momentos más oscuros.
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