Geografía del Agobio, así se titula la conferencia que la mañana del miércoles ha reunido a tres creativos audiovisuales (Carlos Reverte, alias Rufo, Daniel Botello y Santiago Moga) en un espacio de conversación sobre el trabajo realizado en el videoclip El Tercer Mundo de Israel Fernández, dirigido por Santiago Perpén. Con base flamenca, el vídeo musical del artista se sitúa en el poblado almeriense de Atochares. Un lugar donde muchas personas residen bajo unas condiciones precarias, donde su existencia queda en entredicho. Allí grabaron el videoclip, gracias a diferentes colaboraciones que pudieron llevar al cantante Israel Fernández y al equipo a desenvolverse en un entorno complejo que deja entrever no solo los privilegios y los “contrastes entre el que tiene mucho y el que tiene poco”, comentaba Santiago Moga, sino que acompañaba el relato de la canción, lo que se quería transmitir con la letra.
Entre las personas que facilitaron el camino se encontraba Nora, “una persona que ayuda a todo el mundo, la llamamos la alcaldesa”, remarcaba Rufo durante su intervención. Otras personas, como Quique y Nadia, también posibilitaron la cercanía de este equipo de trabajo a la zona, pues desde su apoyo legal “están vinculados a Atochares”, concretaba Daniel Botello, quien los conocía directamente por su relación vecinal. Acercarse a este poblado almeriense les posibilitó realizar un trabajo “con mucha verdad; un trabajo digno”, sostenía Botello. Además, muchos de los vecinos colaboraron como extras en la producción; sus casas se abrieron para la realización del videoclip, brindando a estos tres melillenses y a su equipo “todo lo que tenían”, aseguraba Daniel Botello. No obstante, esta realización audiovisual debía acompañarse de sensibilidad y don de gentes.
Los tres melillenses han contribuido no solo compartiendo su experiencia en torno al vídeo musical, sino que han prestado su pasado y presente melillense, recordando cómo formaron sus gustos musicales y alternativos en la ciudad, así como su relación con las expresiones visuales. Estos tres profesionales crecieron juntos en Melilla. Rufo y Santiago Moga se cruzaron por primera vez en la Divina Infantitas, y sus vidas quedaron selladas en una amistad que se desarrollaría con intensidad más adelante. Por su parte, Daniel Botello era vecino de Rufo, y el primero tenía la capacidad de marcar un estilo propio en su barrio, pues le apodaron “el Hollywood”. “La juventud fue lo que nos unió del todo”, asegura Rufo. Sus gustos, sus estilos, “iban a contracorriente”. Un camino que ellos señalan también se vio influenciado por la gente que llegaba a hacer la mili a la ciudad durante los años 90, dotándolos de alternativas y opciones diferentes, que marcarían su seudónimo de “hippies”, relataba Moga. “Melilla era una ciudad muy rica”, introdujo Daniel Botello, algo que les facilitó un continuo aprendizaje y del que adquirieron gustos musicales diversos, propuestos sobre todo a través del skate.
Ellos se marcharon de Melilla a estudiar y aprender. Una necesidad que tenían en su momento, recogida bajo un dicho de los años noventa que decía “Melilla te engrilla” que, según Daniel Botello significaba tener que salir para “romper esas cadenas, aprender y luego volver”. Pues los tres creativos “hacen bandera” de la ciudad donde nacieron y, aunque precisaron salir para relacionarse con diferentes personas y con la variedad que podía proponer la Península, no dejan de ser “enamorados de su tierra”. Una idiosincrasia que se relaciona con el amor a devolver y entregar parte de lo aprendido a su tierra. El recuerdo de su infancia, sus raíces y las imágenes visuales que el territorio melillense y marroquí han proporcionado a su retina y de las cuales se alimentan, son parte de su esencia creativa.
Entienden el significado que eso ha ocupado en su gusto por la imagen y su influencia fotográfica. “Melilla proporciona un imaginario visual increíble”, sostiene Rufo, quien además sumó a ese enriquecimiento el flamenco. Así como el skate les proporcionó un interés por la cultura y el arte, los límites de Melilla, las líneas fronterizas y la inmigración no solo sensibilizaron a los creativos, sino que también les dotaron de ansia por conocer el mundo”, sostiene Rufo. Ellos son eclécticos, así como lo son sus amistades. Y en esta descripción entienden la riqueza.
Este espacio de reflexión llevado a cabo en el Salón de Actos de la UNED Melilla se dirigió a un público joven, estudiantes de FP de audiovisuales y otras ramas artísticas. Entre sus mensajes, los tres profesionales les dedicaron palabras en base a su experiencia, dado el punto formativo en el que se encuentran. Se dirigieron a ellos con palabras a través de los cuales reseñaban que a veces no se tienen las cosas claras, así como que vivir del arte en España es difícil, pero que hay maneras de poder dedicar tiempo a la actividad creativa mientras uno se emplea en un trabajo honrado que le ayude a sostener su inquietud. Invitaron a que los estudiantes persigan sus inspiraciones, salgan fuera, aprendan, conozcan y se abran al mundo, sin miedo a equivocarse, a las barreras lingüísticas ni a las líneas físicas que separan territorios. “Caeros y levantaros, y luego volved con lo aprendido”, animaba Daniel con su mensaje.
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