Muchos melillenses tienen la creencia de que al hacer sonar el claxon de su vehículo repetidas veces en espacios cortos de tiempo provocará que el tráfico que les mantiene retenidos desaparezca.
Una idea equivocada, como tantas otras, ya que el pitido estruendoso, horrible e increpante de los vehículos no hace sino aumentar el enfado de los demás conductores que se encuentran en la misma situación y, por consiguiente, de los viandantes que soportan la impaciencia de este tipo de sujetos.
El claxon de los coches está ahí para algo sí, esto es, llamar la atención del conductor que aparca mal y en segunda fila o para avisar en una calle con nula visibilidad de nuestra incorporación, pero no para hacer desaparecer el tráfico cuando hay una pequeña retención. Nadie tiene culpa de que las obras en las calles melillenses provoquen estos pequeños atascos que, por suerte, en Melilla nunca superan más de 20 minutos. ¡Rogamos paciencia!
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