Lo que vieron ustedes ayer en Melilla es lo que en política se llama tener las cosas claras. Mientras en Madrid siguen con el papeleorama de siempre, Juan José Imbroda ha cogido y ha llenado el pantano de las Adelfas. Sin más. Sin papeles. Sin sellos. Sin que le den permiso los señores de la Confederación Hidrográfica.
Y ojo, que esto no es populismo barato. Esto es sentido común aplicado con urgencia.
¿Saben ustedes qué pasa cuando se avería la desalinizadora de Melilla? Que 86.000 personas se quedan sin agua. Así, de golpe. Sin avisar.
Y mientras los burócratas buscan el sello adecuado en el cajón correcto del ministerio que toque, los melillenses se quedan secos.
"Es como tener agua guardada para cuando se estropee algo". Punto. Sin tecnisismos. Sin palabrería. Agua guardada para emergencias.
¿Hace falta ser ingeniero para entender eso? No. ¿Hace falta ser político para complicarlo? Tampoco, pero ahí están los de siempre.
Treinta y cinco mil metros cúbicos para empezar. Luego, hasta 300.000. Doce días de autonomía si la cosa se tuerce. Doce días para que los técnicos arreglen lo que se haya roto sin que ningún melillense abra el grifo y salga aire.
La visita a Los Pinares de Rostrogordo ha servido para conocer el nuevo depósito estratégico y ha puesto sobre la mesa cuatro medidas. Nuevas
Primera: Aprovechar los 4.000 metros cúbicos de agua tratada que cada día se tiran al mar. Cada día. Al mar. ¡4.000 metros cúbicos! Eso es como si tiraras por el desagüe el agua que beben 40.000 personas.
Segunda: Arreglar el cuarto grupo de la desalinizadora que, atención a esto, "no ha funcionado nunca". Es como comprarte un coche de cuatro ruedas y que te den uno de tres. Pero claro, como es cosa del Estado, nadie se da por aludido.
Tercera: Construir una segunda desalinizadora en el puerto. Porque tener solo una es como vivir con un solo riñón: te las arreglas hasta que no.
Cuarta: Llenar el pantano. Que es lo que ha hecho ya, con permisos o sin ellos.
Pero, ¿Saben cuál es la diferencia entre Imbroda y el político medio español? Que Imbroda no espera. No espera a que llegue el papel. No espera a que se reúna la comisión. No espera a que el ministerio traslade la consulta al organismo competente que derivará la cuestión al departamento correspondiente.
Imbroda llena el pantano. Punto.
Y cuando le preguntan si tiene permisos, responde con la naturalidad del que tiene las prioridades claras: "Lo vital para los melillenses está por encima de cualquier contingencia administrativa".
Esto, señores míos, es una clase magistral de cómo se gobierna cuando se gobierna de verdad. Sin aspavientos. Sin grandes discursos. Sin fotos posturales.
Se identifica el problema: Melilla puede quedarse sin agua si se avería la desalinizadora. Se busca la solución: Un depósito de emergencia. Se ejecuta la solución: Se llena el pantano. Se informa de la solución: Rueda de prensa transparente.
Así de simple. Así de eficaz.
Mientras otros se enredan en procedimientos, Imbroda garantiza que los melillenses tengan agua. Mientras otros esperan autorizaciones, él autoriza que su gente no pase sed.
¿Que llegue después la bronca administrativa? Que llegue. ¿Que hay que pagar multas? Se pagan. ¿Que toca dar explicaciones en el Congreso? Se dan.
Pero los melillenses tienen agua guardada. Y eso, créanme, no tiene precio.
A veces, gobernar es tan sencillo como elegir entre el ciudadano y el expediente. Imbroda ha elegido al ciudadano. Y por eso, hoy Melilla es un poco más segura.
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