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Imbroda anuncia que Melilla contará con una segunda desaladora

El Gobierno va a realizar la acción sustitutoria para acometer las deficiencias con un proyecto inicial de 2,3 millones de euros: “O lo pagan ahora, o lo pagan después y lo hacemos nosotros”

El presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, ha anunciado que el Gobierno construirá una segunda planta desaladora para hacer frente a la grave situación del abastecimiento de agua. En una intervención cargada de reproches, Imbroda ha acusado al Gobierno socialista de “incumplir los compromisos firmados” y ha confirmado que se iniciará una acción sustitutoria para ejecutar las mejoras necesarias con fondos propios de la ciudad.

La decisión se toma tras más de un año de reclamaciones formales, incumplimientos reiterados y un sistema de desalación que, según ha denunciado, no alcanza ni de lejos los niveles prometidos por el Ministerio para la Transición Ecológica. "Nosotros firmamos un acta de entrega de la desaladora el 6 de marzo de 2024", ha explicado Imbroda, “y en el anexo se detallaba claramente que la planta debía estar en pleno funcionamiento con todas las condiciones técnicas garantizadas. Si no era así, el ministerio debía acometer las obras de mejora necesarias. No lo han hecho”.

De 32.000 metros cúbicos prometidos a 22.000 reales

En septiembre de 2023, según la documentación facilitada por la Ciudad Autónoma, el Gobierno central aseguró que para el 24 de octubre de ese mismo año, Melilla recibiría 29.000 metros cúbicos diarios de agua de calidad y en noviembre se alcanzaría una capacidad de 32.000. Sin embargo, a fecha de junio de 2025, la planta apenas alcanza los 22.000 metros cúbicos. “Nos engañaron completamente”, ha afirmado Imbroda, mostrando las actas y los escritos enviados al ministerio, incluido uno fechado el 11 de marzo de 2025, en el que se reclamaba de nuevo una intervención urgente.

A 20 de junio no ha habido respuesta, lo que ha llevado al Gobierno autonómico a actuar por su cuenta. “Vamos a acometer todas las obras que no han sido realizadas por ellos. Ya hemos empezado con un proyecto de 2,3 millones de euros”, ha señalado el presidente. De esa cifra, 1,8 millones se ejecutarán este año y el resto en 2026. Pero el coste total de la adecuación de la planta actual podría ascender a entre 13 o 14 millones de euros. “Nosotros tiramos para adelante. No podemos caer en una comedia de enredos para que al final el ciudadano no se entere y no sepa de qué va. El Gobierno socialista no ha cumplido y nosotros tendremos que hacer un esfuerzo extraordinario”, ha sentenciado.

 

Acción sustitutoria y vías judiciales

Imbroda ha dejado claro que esta inversión no exime al Gobierno central de su responsabilidad. “Si no lo pagan ahora, lo pagarán después. Nosotros hacemos la obra y luego reclamaremos judicialmente cada euro invertido”.

Una de las actuaciones clave que acometerá la Ciudad Autónoma es la instalación de la línea eléctrica que alimenta la planta desaladora. Según ha denunciado, esta infraestructura, valorada en 1,8 millones de euros, debería haberse completado hace tiempo. La ausencia de esa línea ha sido la causa, según los técnicos, de la última avería sufrida por la instalación. Si en dos o tres meses no hay avances por parte del Gobierno central, Melilla asumirá también su ejecución.

 

Una segunda desaladora

Pero la gran noticia que ha marcado el anuncio ha sido la confirmación de que Melilla contará con una segunda planta desaladora. Se trata, según Imbroda, de una decisión estratégica para garantizar el suministro de agua en los próximos 20 años. “Melilla es una ciudad aislada, de apenas 13 kilómetros cuadrados, donde el agua es un recurso vital. Los pozos están agotados y dependemos de sacar agua del mar. Por eso, hemos iniciado los estudios para construir una nueva desaladora con una capacidad adicional de entre 18.000 y 19.000 metros cúbicos al día”, ha explicado.

Esta segunda planta se diseñará para complementar a la actual y permitir redundancia en el sistema, de forma que una eventual avería no deje a la ciudad sin agua. “No queremos que se repita la situación de las últimas semanas. Con dos desaladoras y mejor infraestructura eléctrica, podremos garantizar un suministro de calidad y estable”, ha asegurado Imbroda.

El emplazamiento aún está por decidir, aunque se están barajando ya un par de localizaciones estratégicas que minimizarían los costes logísticos y de conexión. La intención del Gobierno autonómico es tener el proyecto plenamente encauzado antes del final de la legislatura.

La construcción de esta nueva desaladora se acometerá con o sin colaboración del Gobierno central. “Ahora mismo, no tenemos ninguna ayuda. Pero no vamos a esperar. Esto es responsabilidad, esto es gestión, no comedia. Ya llegará el momento de hablar con un Gobierno central distinto cuando Feijó sea presidente”, ha recalcado Imbroda, en referencia a una posible victoria del Partido Popular a nivel nacional.

Imbroda ha remarcado que mientras otros territorios, como Ceuta, cuentan con dos plantas desaladoras y un embalse operativo, Melilla debe enfrentarse al reto del abastecimiento con una sola planta y sin apoyo externo. “Nosotros tenemos una y un pantano que no funciona”, ha resumido.

Manuel Ángel Quevedo, presidente de la Autoridad Portuaria de Melilla, también ha intervenido en la rueda de prensa para subrayar la gravedad de la situación. “A nosotros no nos hace ninguna gracia que la gente tenga que comprar agua en el supermercado para ducharse. Algunos se ríen, pero esto es muy serio”, ha expresado haciendo referencia a declaraciones de la delegada del Gobierno.

Quevedo ha recordado que la infraestructura para reutilizar hasta 4.000 metros cúbicos de agua depurada está lista desde hace años, pero no se ha recibido autorización para su uso. Esta agua permitiría liberar el agua potable de la desaladora para el consumo humano, evitando su uso en el baldeo de calles o riego de jardines.

Calidad del agua

En cuanto a las quejas sobre la calidad del agua, especialmente sobre la red de impulsión de los pozos, Imbroda ha sido claro. “El agua que llega al grifo no es la de los pozos directamente. Esa agua, que tiene una alta conductividad, se mezcla con la de la desaladora y luego se trata. No hay riesgo sanitario”.

Ha admitido que los pozos de Melilla están “calientes”, es decir, con exceso de sales minerales, pero ha aclarado que el objetivo es reducir su uso drásticamente una vez se alcance la capacidad prometida de 32.000 metros cúbicos diarios de agua desalada, siendo el 90% agua de la desaladora.

Decisión firme y sin vuelta atrás

La conclusión del presidente ha sido contundente. “No estamos para entrar ya en más dimes y diretes. Esto es gestión, no un juego de trileros. Vamos a solucionar el problema del agua con nuestros propios recursos y luego exigiremos las responsabilidades que correspondan. No hay tiempo que perder”.

Con esta decisión, Melilla entra en una nueva etapa en su política hídrica. El objetivo: no solo resolver los problemas actuales, sino garantizar un suministro seguro, autónomo y de calidad para los próximos 20 años. La segunda desaladora no es solo una inversión: es una declaración de independencia en materia de agua.

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