Melilla se encuentra ante una disyuntiva que va más allá del uso concreto de un edificio. El debate sobre el futuro del antiguo Hospital Comarcal refleja una cuestión de fondo: si la ciudad está dispuesta a apostar de forma decidida por un modelo urbano vivo, habitado y orientado al conocimiento, o si acepta que infraestructuras estratégicas permanezcan cerradas, sin función y sin horizonte claro.
Durante años, este recinto hospitalario formó parte activa del día a día de la ciudad y de uno de sus barrios más consolidados. Hoy, sin embargo, permanece inactivo, convertido en un espacio vacío que no aporta valor social ni académico. Frente a esta realidad, la propuesta de destinarlo a un uso universitario y residencial aparece como una oportunidad coherente con la aspiración de construir una Melilla más dinámica, joven y con capacidad de retener talento.
La vida universitaria no se limita a las aulas. Supone presencia constante, convivencia, intercambio cultural y un pulso diario que transforma los barrios. Residencias, estudiantes y servicios asociados generan una ciudad que se habita también por las tardes, los fines de semana y durante todo el año. Renunciar a esa posibilidad implica prolongar un modelo urbano fragmentado, con espacios cerrados y zonas que pierden vitalidad.
El bloqueo o la falta de avances claros en torno a este tipo de proyectos transmite un mensaje preocupante: el de una ciudad que acumula recursos sin activarlos. Un edificio sin uso no es neutro; es una oportunidad perdida para reforzar la apuesta por la universidad, para diversificar la función urbana y para ofrecer alternativas reales a quienes desean formarse y vivir en Melilla.
Melilla necesita vida, convivencia y espacios habitados que generen futuro. Necesita decisiones que conviertan infraestructuras existentes en motores de actividad académica y residencial, capaces de revitalizar barrios enteros y de consolidar un proyecto de ciudad a largo plazo.
El antiguo Hospital Comarcal puede seguir siendo un símbolo de parálisis o transformarse en un referente de regeneración urbana y universitaria. La diferencia reside en la voluntad de actuar y en la capacidad de entender que el desarrollo de Melilla pasa, necesariamente, por abrir sus edificios a la vida y por apostar de manera firme por un modelo de ciudad que mire al futuro sin dejar sus espacios en silencio.
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