La artista melillense Cristina Hernández, profesora en el Instituto Miguel Sánchez López, ha incorporado su experiencia personal con violencia de género como material pedagógico en sus clases durante el presente curso académico. La docente utiliza los collages digitales que ha creado sobre esta temática como herramienta educativa para la prevención del maltrato.
Hernández, que lleva desde marzo desarrollando una serie de 77 collages digitales, ha destinado parte de su tiempo lectivo a "contar mi experiencia y evitar que ellos se conviertan en maltratadores y ellas en víctimas", según declaró en una entrevista reciente. La iniciativa busca prevenir tanto el desarrollo de conductas abusivas como la normalización de relaciones tóxicas entre el alumnado.
La artista ha identificado "rasgos de trastorno narcisista" en estudiantes jóvenes, una observación que, según indica, comparte su psicólogo, quien también ha detectado estas características en su consulta. Este diagnóstico ha reforzado la decisión de Hernández de utilizar el aula como espacio de prevención.
Obra artística como material educativo
Los collages de la serie "La noche oscura" surgen de pesadillas que la artista experimentó durante su período de maltrato. Estas obras, que describe como procedentes de "sueños muy vividos, casi lúcidos", se han convertido en material visual para explicar dinámicas de abuso psicológico y físico.
La metodología incluye el análisis de arquetipos femeninos presentes en su obra, la identificación de patrones de comportamiento tóxico y el reconocimiento de señales de alarma en relaciones interpersonales. Hernández utiliza referencias mitológicas y religiosas presentes en sus collages para contextualizar históricamente la violencia contra las mujeres.
Integración curricular
La iniciativa se enmarca dentro del plan de igualdad que Hernández coordina en su centro educativo, donde ya había desarrollado materiales didácticos sobre mujeres en el arte. La incorporación de su experiencia personal representa una evolución de este trabajo previo hacia un enfoque más directo de prevención.
La docente señala que su objetivo es "evitar que tanto ellos como ellas sean personas tóxicas y narcisistas o psicópatas", aunque reconoce las limitaciones de la intervención educativa individual: "no puedo hacerlo todo yo, es una labor de varias personas".
Exposición pública
Paralelamente a su uso educativo, los 77 collages se exponen al público en la Casa Mutante de Melilla a partir del 22 de noviembre, con posterior exhibición en una librería local. La muestra, que incluye obras sobre temática espiritual y mitológica además de las relacionadas con violencia de género, permite extender el alcance pedagógico de la propuesta más allá del ámbito escolar.
La iniciativa de Hernández plantea interrogantes sobre los límites entre la experiencia personal del docente y su función educativa, así como sobre la eficacia de utilizar testimonios directos como herramienta de prevención en centros educativos.
El caso documenta una aproximación específica al uso del arte como vehículo de concienciación social, particularmente en el ámbito de la prevención de violencia de género en población juvenil.
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