La labor de las asociaciones profesionales, a menudo subestimadas, ha sido crucial para llevar las demandas del personal militar al debate público y lograr avances concretos. Sin ellas, seguramente el escaso incremento retributivo se hubiera dedicado a otros gastos o se hubiera repartido de otra forma, perjudicando a aquellos que menos cobran.
Resulta sorprendente observar cómo participantes en foros militares minusvaloran el papel crucial de las asociaciones profesionales en la reciente mejora salarial de las Fuerzas Armadas, a pesar de que esta es claramente insuficiente, tal como ATME ha reiterado insistentemente.
Estas opiniones oscilan entre aquellos militares que, por convicciones ideológicas, consideran cualquier propuesta de mejora dentro de las Fuerzas Armadas que parte de las asociaciones como un acto antipatriótico y antimilitar, y aquellos que, movidos por intereses personales, ven con recelo cualquier avance en las condiciones laborales y profesionales del personal subordinado, al percibirlo como una amenaza a sus propias prerrogativas.
Es evidente que la decisión del gobierno actual de incrementar las retribuciones militares no ha surgido por considerar este que los miembros de las Fuerzas Armadas están mal pagados y tienen un modelo de carrera desfasado, ya que no han mostrado interés alguno en mejorarlo durante todo su mandato. Más bien, esta medida es una respuesta a la creciente presión europea y de la OTAN para aumentar el porcentaje del PIB destinado a Defensa, desencadenada repentinamente por factores como la llegada de Trump al poder en Estados Unidos y las negociaciones de este con Rusia.
Ante este escenario, surgen interrogantes pertinentes sobre la implicación de las asociaciones en esta medida: ¿Por qué destinar una parte, aunque mínima, a las retribuciones en lugar de continuar invirtiendo en armamento y material? ¿Por qué no se optó por un aumento proporcional por empleo en el Complemento General del Componente Específico (CGCE)? ¿Por qué incrementar el CGCE, que beneficia a todos los militares, incluyendo a aquellos sin destino y en reserva, en lugar del Complemento de Dedicación Especial (CDE), por ejemplo?
La respuesta es clara: gracias al incansable trabajo de las asociaciones profesionales, con ATME en un papel destacado, estas cuestiones han sido llevadas al debate público, alcanzando a los grupos políticos, los medios de comunicación y la sociedad en general. En otras palabras, se ha logrado visibilizar las malas condiciones laborales y de vida de los militares.
En el pasado, la opinión de la Escala de Oficiales, que prefería y prefiere un aumento porcentual que habría perjudicado principalmente a la tropa y marinería, habría sido determinante para la decisión del Ministerio de Defensa. Sin embargo, los tiempos han cambiado.
Si en los inicios del Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas (COPERFAS) era todo un logro que un militar de tropa y marinería pudiera dirigirse directamente al ministro de Defensa, al Subsecretario de Defensa o a los Jefes de los Mandos de Personal, ahora esos mismos soldados dialogan abiertamente con los líderes de los partidos políticos, los principales medios de comunicación y participan activamente en las redes sociales, defendiendo sus reivindicaciones y propuestas.
Por lo tanto, es crucial reconocer el valor de las asociaciones profesionales, ya que son las únicas capaces de lograr mejoras significativas para el personal que representan.
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