El tío de la mujer que falleció el miércoles por COVID-19 denunció el domingo por la mañana que no hayan hecho las pruebas del virus a los familiares que estuvieron en contacto con ella antes de caer enferma. Subrayó que a la situación de perder a una sobrina, una mujer joven de 42 años muy querida, había que sumar la incertidumbre de saber si otros diez miembros más de la familia tienen el virus. “Fue su destino fallecer, pero este sufrimiento es inmoral”, aseveró insistiendo en que no se habían hecho los test hasta que por la tarde, a raiz de publicar esta información en web de El Faro y contactar con las autoridades, les hicieron esas pruebas a todos.
Este representante de la familia solo pedía que les hicieran las pruebas a todos para descartar que esté le virus ahí o si lo tienen, que les pongan tratamiento lo antes posible. Aseguró que, de momento, no tienen síntomas, pero están encerrados cada uno de ellos en sus cuartos y son diez las personas que tuvieron un contacto estrecho con ella.
“Solo queremos que les hagan las pruebas para que puedan hacer una vida normal las dos familias”, subrayó. Y con ‘vida normal’ se refiere a que el marido de la fallecida pueda abrazar a sus hijos y estar todos juntos en el salón consolándose y dándose respaldo. Ahora no se atreven por si alguno de ellos tiene el virus.
También usa el término ‘vida normal’ para lo que estamos haciendo todos en nuestras casas, que es hacer la comida juntos, estar todos en el salón almorzando o viendo la tele. Ése es el deseo de esta familia y, para ello, necesitan estar seguros de que no tienen el coronavirus y precisan que les quiten esta angustia haciéndoles las pruebas.
“Mi hermana está destrozada y no la podemos ir a ver”, aseguró el tío de la fallecida. “Ni entre ellos pueden estar juntos y llorar y consolarse”, aseveró insistiendo en que han tomado la medida de estar en sus habitaciones de forma separada para evitar que el virus afecte a uno de ellos.
Aunque se entendería que en estos momentos no hubieran tomado esta decisión de aislarse, sino de estar todos juntos para llevar lo mejor posible este fallecimiento. Pero no ha sido así. El miedo al virus puede con ese deseo de abrazarse. “No da miedo de que vuelva a pasar”, añadió el representante de la familia.
Esta persona insistió en que solo quieren estar tranquilos. Que les hicieran la prueba y si alguno de ellos está infectado que siga en aislamiento y, si no es así, que puedan reunirse todos en el salón, unos en la casa de la fallecida y otros en la de la hermana, pero juntos para poder seguir adelante y superar esta pérdida.
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