El título de este Editorial resume la idea sobre la que gravitó el discurso de ayer del presidente Imbroda en el Senado y, posiblemente, sobre la que gravite también su conferencia hoy en Madrid a instancias del Foro Nueva Economía. Es clara: Melilla necesita una política que la fortalezca interiormente, que asegure la validez de su régimen económico, que genere riquezas y contribuya a luchar contra el altísimo índice de paro que padecemos.
Del mismo modo, también requiere de una política de defensa de sus intereses en el exterior clara y sin complejos, realmente convencida. Y no sólo ante Marruecos, sino también ante la UE. No se puede decir, como hizo ayer la senadora Ruth Porta, que nuestra ciudad no reúne condiciones para favorecerse del régimen especial de ayudas que la UE prevé para las regiones con circunstancias que dificultan su desarrollo. No se puede decir porque la realidad es clara y es claro que nuestra lejanía geográfica, la falta de espacio por las limitaciones de nuestro territorio, nuestros niveles de densidad poblacional y las características singulares de nuestra población se encuadran justamente en las condiciones que observa la UE para conceder ese régimen especial. Luego falta convencimiento por parte del PSOE y esto es grave, muy grave.
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