“Felipe VI tiene mejor imagen pública que la mayoría de la clase política”

Entrevista a Carlos Barrera, profesor, periodista, analista político e historiador, autor de Se hace camino al andar

El Faro de Melilla ha entrevistado esta semana a Carlos Barrera,  profesor, periodista, analista político e historiador, autor de Se hace democracia al andar (Medio siglo de vida política en España (1975-2025). Un libro en el que el autor no pretende analizar todo lo que ha ocurrido sino las claves para comprender por qué y cómo se han ido haciendo las cosas en el terreno político.  Una obra que podría interesar  desde frikis de la historia reciente y de la política a aquellos que quieren empezar a comprender casi desde cero cómo se ha ido gestando y desarrollando nuestro actual sistema democrático. Al incidir primordialmente en las claves de comprensión de las distintas etapas antes mencionadas, no se requiere un especial conocimiento inicial de la historia reciente de España. Quien lo tenga podrá ahondar más en los porqués de lo sucedido, brindándoles elementos para la reflexión. Quienes carezcan de él –un público joven– es un libro que les puede ofrecer esa introducción, ágil y no erudita, que no resulta tan fácil de encontrar en el mercado.

 -El título “Se hace democracia al andar” es muy sugerente. ¿Qué quiere expresar con el título?

-Fue lo último que decidí. Primero escribí el libro y el título lo dejé para el final. Me vino rápido a la cabeza. Soy de quienes creen en la inspiración y estas cosas te vienen a la cabeza y las captas al vuelo. Viene muy a cuento del tono del libro, que muestra cómo nació la actual democracia en España y cómo se ha ido desarrollando a la manera de un ser vivo. Y aun hoy día sigue haciéndose (los más críticos o apocalípticos dirían que deshaciéndose, aunque no participo personalmente de esa idea). De hecho, el subtítulo que lo describe dice: "(Medio siglo de vida política en España (1975-2025)”. Subrayo lo de “vida”: no digo “historia” porque no pretendo analizar todo lo que ha ocurrido sino las claves para comprender por qué y cómo se han ido haciendo las cosas en el terreno político.

-¿Qué se soñaba en la transición?

-Hubo un sueño, un objetivo mayoritariamente compartido, que fue el de crear un sistema político donde todos tuvieran cabida. Y así fue, pues no en vano concurrieron en las urnas desde Fuerza Nueva hasta Herri Batasuna. Ese terreno compartido pasaba además por la reconciliación de las dos Españas rotas por la guerra civil y la posterior dictadura franquista. Se quiso pasar página sin señalar culpables, y de ahí la amnistía general de octubre de 1977, que afectó tanto a antifranquistas como a las autoridades políticas del franquismo. Muy pocos se autoexcluyeron de participar en el nuevo juego político.

-¿Cuál era el consenso que se estableció en la transición? ¿Cree usted que se ha respetado?

-Consenso fue la palabra mágica que expresó el modo como debía avanzarse en el proceso, nunca fácil, de entendimiento entre posiciones políticas muy distintas y diversas. Significaba dialogar mucho y sobre muchas cosas porque la Transición no fue un proceso rectilíneo y experimentó bastantes sobresaltos, no hay que olvidarlo. Y llegar a acuerdos entre diferentes suponía cesiones, flexibilidad, no imponer líneas rojas. Se estableció un marco, a través de la máxima expresión del consenso que fue la Constitución de 1978; imperfecta, como toda obra humana, pero que fue abrumadoramente asumida y refrendada. Su longevidad es la mayor muestra de su acierto. Las críticas que recibe no suelen tener en cuenta los factores que la hicieron posible y, además, necesaria.

Dicho lo cual, los consensos de la Transición lo fueron, aunque parezca una perogrullada, de la Transición y no de ninguna otra época. Luego vino la normalización democrática, la lógica lucha partidista, las evoluciones de unos y de otros actores políticos, cuyos objetivos fueron variando porque sus contextos de actuación eran simplemente distintos. El consenso de la Transición es, en este sentido, irrepetible. Pueden crearse otros, pero lo serán de otros tiempos y habrá que llamarlos de otro modo.

-¿Qué país encontró Juan Carlos I y cuál encontró su hijo Felipe VI?

-En historia, la perspectiva del tiempo es algo fundamental. La enorme diferencia entre uno y otro monarca es su punto de partida: Juan Carlos I heredó una dictadura, mientras su hijo Felipe VI heredó una democracia. Las comparaciones, por tanto, deben tener en cuenta estos contextos tan diversos, al menos desde le punto de vista puramente político. A pesar de haber sido el piloto de la democracia, como escribió el historiador Charles Powell, y de reunir un notable caudal político de credibilidad y popularidad, Juan Carlos acabó su reinado de forma muy desafortunada. Felipe VI ha tenido que ir recobrando poco a poco, y en tiempos de crisis institucionales graves en el país, la autoridad moral que se le debe suponer a un monarca constitucional. Desde luego, es innegable que tiene mejor imagen pública que la mayoría de la clase política de hoy.

-En esos cincuenta años hay cuatro etapas, cada una, según usted,  con su "atmósfera moral". ¿Podría explicar a que se refiere?

-Por “atmósfera moral” entiendo los factores propios o elementos de contexto que las diferenciaron, y que normalmente se traducen además en estados de ánimo específicos en la ciudadanía. He procurado distinguirlas de acuerdo con palabras clave amplias pero esclarecedoras y representativas: el consenso de la Transición (1975-1982), el cambio modernizador del felipismo (1982-1996), la bonanza económica del “España va bien” (1996-2007), y finalmente las múltiples crisis a partir de 2008.

Al consenso ya antes analizado le sucedió el cambio que representaron los gobiernos socialistas de Felipe González, durante los que España experimentó una gran transformación en muchos órdenes y entró en lo que hoy es la Unión Europea. Entre 1996 y 2007 sobrevinieron años de ininterrumpido crecimiento del PIB, tanto durante los gobiernos de Aznar como en el primero de Zapatero.

El eslogan “España va bien”, que hizo fortuna, refleja bien ese telón de fondo bajo ambos mandatos. La gran recesión de 2008-2014 cambió drásticamente el panorama: a la crisis económica le siguió la social (el 15-M y los indignados), la institucional (abdicación del rey Juan Carlos, la territorial (el intento secesionista de Cataluña), y la política con el fin del bipartidismo PSOE-PP.

-Pedro Sánchez, ¿por qué cree usted que pasará a la historia?

-El libro termina en este año 2025, pero el legado de Pedro Sánchez dependerá, y eso ya no es historia sino futuro no escrito, de cómo acabe su etapa de gobierno. Solo pueden hacerse conjeturas, cada cual las suyas. Lo que sí es cierto, tras siete años saboreando las mieles del poder, es que ha radicalizado al PSOE mediante sus gobiernos de coalición con Podemos y Sumar y su dependencia parlamentaria de otros partidos de dudosa lealtad constitucional.

Los casos más llamativos, como es lógico, han sido los independentistas catalanes (Junts y Esquerra) y EH Bildu como heredero político de ETA que es. Como dijo el propio Sánchez al defender la amnistía a los sentenciados por el procés, tenía que hacer de la necesidad virtud. Más que de necesidad, habría que hablar de precariedad dadas las notables dificultades que padece para sacar adelante legislación en las Cortes.

-La Iglesia española en la transición y ahora. ¿Qué ha cambiado?

-La principal diferencia estriba en que, durante la Transición, la Iglesia española desempeñó un papel de cierta relevancia mientras en los tiempos actuales pasa casi inadvertida. Antes era eso que se da en llamar “poder fáctico”, y lo ejerció pues avaló, en lo sustancial, el proceso de reforma democrática. Incluso en el tardofranquismo ya se había producido un gradual desenganche de la jerarquía eclesiástica española respecto de la dictadura. España era entonces bastante más católica que ahora. La voz de los obispos, hoy en día, apenas se escucha en el debate público. Nunca se puede subestimar del todo su capacidad de influencia en las conciencias, pero en las últimas décadas se ha debilitado.

 

 

 

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