La ruptura de ayuno supone un momento de encuentro
Más de 45.000 melillenses transforman su rutina diaria cada año con la llegada del mes sagrado de Ramadán. Lo hacen para vivir uno de los periodos más importantes del calendario islámico y uno de los pilares de la fe musulmana.
Durante aproximadamente treinta días, desde el amanecer hasta la puesta de sol, los fieles guardan un riguroso ayuno. Un acto que no sólo implica abstenerse de comer y beber, sino que también invita a la reflexión, la solidaridad y el fortalecimiento espiritual.
En la ciudad autónoma el Ramadán se vive de forma muy visible, tanto en los hogares como en las calles. A medida que cae la tarde, el ambiente cambia: Los comercios comienzan a cerrar antes, las familias se preparan para reunirse y el aroma de los platos tradicionales empieza a llenar las cocinas.
El momento más esperado del día llega con la llamada al rezo del maghrib. La puesta de sol marca la ruptura del ayuno, conocida como iftar. Es entonces cuando familias y amigos se sientan a la mesa para compartir los alimentos tras muchas horas sin comer ni beber. Más que una comida, el iftar se convierte en un momento de encuentro y convivencia.
Tradicionalmente, muchos comienzan rompiendo el ayuno con dátiles y agua o leche, siguiendo una costumbre atribuida al profeta Mahoma, la paz y las bendiciones sean con Él. A partir de ahí, las mesas se llenan de platos que combinan tradición familiar y gastronomía típica del norte de África.
Uno de los platos más habituales para empezar la comida es la harera, sopa espesa y muy nutritiva elaborada con tomate, legumbres, carne y especias. Este plato caliente se ha convertido en uno de los símbolos culinarios del mes de Ramadán y está presente prácticamente en todos los hogares musulmanes de la ciudad durante estas semanas.
“Después de todo el día sin comer, lo primero que entra muy bien es la harera”, comenta Nour, vecina del barrio de La Libertad, quien añade que la harera es imprescindible. "En cada casa se hace un poco diferente, pero siempre está en la mesa durante el Ramadán”, subraya.
Junto a esta sopa, es habitual encontrar otros alimentos como dulces tradicionales, briwats o pastelas. A estos le sigue el plato fuerte.
Este mes tiene otros productos tradicionales, como la chebakía, dulces fritos bañados en miel y sésamo, son también muy populares en estas fechas. En muchas familias, la preparación del iftar se convierte en una actividad colectiva en la que participan varias generaciones.
El Ramadán no es sólo un tiempo de ayuno, sino también de solidaridad. Muchas asociaciones y mezquitas de Melilla organizan repartos de comida o rupturas de ayuno comunitarias para personas que no pueden preparar su propio iftar. De esta manera, el espíritu de ayuda y generosidad que caracteriza este mes se refleja también en la vida social de la ciudad.
Asimismo, diferentes asociaciones de vecinos y entidades locales realizan estos encuentros a la caída del sol, donde reina un ambiente muy especial entre amigos y conocidos.
Además, durante las noches del Ramadán, la actividad continúa en las mezquitas, con las oraciones del Tarawih, pero también en las calles y cafetines, con encuentros entre vecinos. Para muchos fieles, estas semanas representan una oportunidad para reforzar los valores de paciencia, humildad y cercanía con los demás.
Pese a que la ruptura del ayuno es todo un encuentro familiar, cada vez más melillenses deciden aprovechar para romper su ayuno fuera del hogar. Para ello, varios restaurantes de la ciudad cuentan con menús especiales de iftar, donde los comensales pueden degustar de los platos tradicionales, sin tener que meterse en la cocina.
Puede que para algunos esto suponga una pérdida de la tradición, pero queda demostrado que, en verdad, no hay tradición que escape a las actualizaciones del siglo XXI.
La icónica cafetería La Ideal lleva tiempo sirviendo estos menús, pero otros negocios de hostelería se han sumado a esta moda, como el caso del restaurante Magnolia, en el barrio del Real.
En la calle García Cabrelles, el restaurante Motled's ofrece un menú de iftar a precio asequible. Su propietario, Ayman, recuerda a este medio como a lo largo de este mes sagrado no se aparcan las rutinas, sino que el trabajo se modifica.
De hecho, durante este mes está abriendo el negocio desde las 17:00 hasta las 03:00 horas, recibiendo a los melillenses para una ruptura de ayuno plena, demostrando que aunque no sea en casa, este iftar ofrece un ambiente cargado de ambiente familiar.
Inscrito en 2023 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, la práctica suele transmitirse en el seno de las familias, y a menudo se confía a niños y jóvenes la preparación de los platos tradicionales. Para las comunidades, a menudo toma la forma de reuniones o comidas, fortaleciendo los lazos familiares y comunitarios y promoviendo la colaboración, la solidaridad y los intercambios sociales.
Aquellos que no practican necesariamente el ayuno durante el mes de Ramadán también pueden participar en las ceremonias y rituales relacionados con el iftar. El conocimiento y las habilidades se transmiten generalmente dentro de las familias a través de la enseñanza oral, la observación y la participación, y a menudo se les asigna a los niños y jóvenes la preparación de platos de comidas tradicionales. Durante este proceso, los padres también explican los beneficios del ayuno y los valores y funciones sociales del iftar.
Además del ayuno, el Ramadán -que en nuestra ciudad empezó el pasado 19 de febrero y terminará día 20 de este mes de marzo- contiene otros preceptos. Abstenerse de comer y beber no es el único objetivo, ya que el mes sagrado debe interpretarse como un acto de purificación, un esfuerzo voluntario para mejorar la conducta y recuperar los valores que se han perdido durante el resto del año. De esta manera, los malos pensamientos, los insultos, las mentiras, el sexo o el tabaco deben de ser desterrados en las horas diurnas durante los 29 ó 30 días que dura el mes más sagrado.
El ayuno no es no es obligatorio cuando se considera que puede ser perjudicial para el ser humano, por lo que están exentos de practicarlo niños, ancianos, enfermos y mujeres embarazadas y en época de lactancia.
Asimismo, si se pierde un ayuno por necesidad que no se puede recuperar (por un problema de salud, por ejemplo), se debe pagar fidyah. Y si se pierde un ayuno innecesariamente que no se puede recuperar, entonces se debe pagar kaffarah.
A pesar de las exigencias del ayuno, quienes lo practican coinciden en que se trata de una experiencia profundamente significativa. En una ciudad diversa como Melilla, el Ramadán forma ya parte del pulso cultural de la vida cotidiana, donde fe, tradición y gastronomía se unen cada tarde cuando el sol se pone y las familias vuelven a reunirse alrededor de la mesa.
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