En pleno corazón de Melilla, en Juan Carlos I, una de las avenidas más comerciales de la ciudad, se alza una tienda que lleva casi cuatro décadas siendo punto de partida para miles de viajes. Maletas, bolsos, mochilas, neceseres… Todo lo necesario para cruzar el Estrecho, para emprender vacaciones, comenzar estudios o visitar a la familia está al alcance del cliente en Expo-Arte, un establecimiento que es mucho más que un comercio: es historia viva del pequeño negocio melillense.
Al frente de este lugar se encuentra Mercedes Cohen, una empresaria curtida en mil batallas, que con una sonrisa franca y una energía infatigable recuerda que “el secreto está en salir a trabajar y a luchar todos los días y a intentar que si ayer fue malo, hoy vaya a ser mejor”.
“Nosotros venimos de una familia de empresarios”, explica Mercedes, con la naturalidad de quien ha vivido siempre rodeada de trabajo y mostradores. “Teníamos otro local comercial frente a Correos, pero esto fue una evolución. Una apuesta por crecer.”
La decisión de trasladarse a una zona más visible no fue casual. “Donde estábamos antes era una esquina, bien ubicada, pero nos faltaba espacio. Ahora tenemos un pedazo de tiendón”, dice con orgullo, mirando alrededor del local repleto de maletas de todos los estilos y tamaños.
Fundada hace ya 39 años, Expo-Arte ha sido testigo de cómo cambian los hábitos de viaje, las modas, los materiales y hasta las aerolíneas. Lo que no ha cambiado es el compromiso de Cohen con su clientela. Ofrecer productos de calidad, trato personalizado y, sobre todo, adaptarse a lo que el cliente busca en cada momento del año.
Si hay un momento clave para el negocio de las maletas en Melilla, ese es el verano. La ciudad, por su ubicación y cultura, vive el viaje como algo cotidiano y necesario. “Aquí la gente viaja mucho. Ya sea para vacaciones, para ver a la familia, o porque el niño o la niña se va a estudiar fuera”, comenta Mercedes.
El repunte de ventas comienza a notarse en junio y se prolonga durante todo el verano. A diferencia de otras épocas, como diciembre, en las que la venta se concentra en pocos días, el verano tiene un ritmo más pausado, pero constante. “En Navidad parece que se te viene el mundo encima, pero dura muy poco. En verano hay como tres etapas: principio, mitad y final, según van saliendo los colegios, los turnos de vacaciones, los viajes familiares... Me gusta más así. Es más llevadero.”
“Muchísimo equipaje de mano”, responde sin dudar. La tendencia a evitar facturar en aerolíneas ha impulsado la venta de maletas tipo cabina, aunque Mercedes aclara que en Melilla también sigue triunfando la maleta grande. “Aquí se facturan los 20 kilos, y la gente prefiere llevarse algo cómodo. La mediana muchas veces se queda corta.”
Además del tamaño, influye la etapa vital del cliente. “Ahora es época de juegos de maletas completos. Para los universitarios, para el típico regalo de padres a hijos que se van fuera... Vienen con la lista: ‘una grande, una mediana, una de cabina, el neceser...’, todo nuevo”, relata.
A pesar de eso, la mayoría de ventas sigue siendo individual. “Una señora se llevó una para ella hace unos días, le fue genial, y hoy ha venido a comprarle una igual al marido, que cumple años mañana. Ese tipo de cosas pasan mucho”, comenta Mercedes. “También vienen los que compraron una en Navidad y ahora vuelven a por el otro tamaño.”
Expo-Arte no vende maletas desechables. “Nosotros no trabajamos con la maleta de 20 euros”, afirma rotunda. “Queremos que el cliente encuentre en Melilla lo mismo que ve fuera. Si no lo tenemos, lo traemos. Así trabajamos.”
Esa filosofía ha fidelizado a una clientela que busca algo más que precio: busca durabilidad, garantía y estilo. Desde maletas de cabina funcionales por 50 euros hasta maletas de aluminio por 700 euros, la tienda ofrece un abanico de posibilidades amplio y adaptado a todos los perfiles.
“Hay jóvenes que compran, claro, pero suelen ser ya personas con cierto nivel adquisitivo o que valoran lo bueno. También son comunes los regalos familiares, o los matrimonios que compran para ambos. Aquí atendemos a todos”, asegura.
La historia de Expo-Arte es también una historia de resistencia y adaptación. La pandemia, el cierre de fronteras con Marruecos, la inflación y la competencia de grandes plataformas online han puesto a prueba al comercio local. Pero Mercedes no se ha rendido.
“¿Qué hago? ¿Me quedo en casa llorando porque el pulmón de Marruecos se cerró? No. Salgo a trabajar, como siempre. Me adapto. Y si un día es malo, el siguiente puede ser mejor. Esa es la actitud”, afirma.
La clave, dice, es no dejarse arrastrar por la negatividad. “Como entres en esa vorágine, no levantas cabeza. Hay que torear con lo que venga, cada día. Mirar con positividad y buscar soluciones.”
Detrás de cada maleta vendida hay una historia. Un viaje de vacaciones, una mudanza, un Erasmus, una escapada. Mercedes lo sabe bien. “Aquí no se vende solo un producto. Se participa en un momento de la vida de alguien.”
Quizá por eso, después de casi 40 años, sigue atendiendo con la misma dedicación. Expo-Arte no es solo una tienda. Es un punto de partida, una tradición familiar, un ejemplo de cómo el comercio de barrio puede seguir siendo esencial en tiempos de cambios.
Y mientras los escaparates se llenan de nuevos modelos, colores y marcas, Mercedes sigue al frente, luchando con la misma pasión de siempre. Porque para ella, como para muchos melillenses, viajar es parte de la identidad. Y toda buena aventura comienza con una buena maleta.
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