En una era cada vez más digitalizada, la Ciudad Autónoma de Melilla no escapa a los peligros que acechan tras la pantalla.
Estafas online, ciberataques institucionales y la presencia creciente de haters y trolls en redes sociales forman parte de una realidad preocupante que afecta tanto a ciudadanos como a instituciones. Para comprender mejor esta problemática, El Faro de Melilla ha conversado con Gabriel Gonzálvez, presidente de Clúster, quien ha ofrecido una visión clara y directa sobre estos fenómenos.
"Estafas hay muchas, muchas", comienza afirmando Gonzálvez, dejando claro que el abanico de engaños virtuales no deja de ampliarse.
Una de las más comunes en la actualidad, señala, es la suplantación de identidad, una modalidad que adopta formas cada vez más sofisticadas y difíciles de detectar.
"Ahora mismo está la estafa de Airbnb, la típica que te mandan un mensaje al móvil y te dicen 'soy tu hijo'... hay bastantes", enumera.
Estas modalidades delictivas suelen encontrar terreno fértil en la desinformación y el desconocimiento tecnológico de parte de la población.
"Sobre todo el desconocimiento de lo que pasa en la actualidad y el no estar demasiado acostumbrado a la tecnología", señala el presidente de Clúster al ser preguntado por los factores que hacen más vulnerables a los melillenses.
Aunque muchos culpan a la tecnología de estos males, Gonzálvez opina con claridad: "La tecnología no tiene la culpa, la culpa la tiene la gente. Pero, bueno, si no hubiera tecnología, no estarían así. Aunque, vaya, de toda la vida ha estado el tipo de la estampita. Así que es lo mismo, pero con otro medio".
Ante la pregunta de qué medidas pueden adoptar los ciudadanos para protegerse de estas amenazas, Gonzálvez es tajante: el sentido común sigue siendo el mejor escudo: "Nadie pide contraseñas, ningún banco pide información. Está prohibido que te pidan nada. Si alguien nos llama, volver a llamar", recomienda. En otras palabras, desconfiar, verificar y actuar con cautela.
Uno de los casos que más preocupa es la estafa del supuesto hijo, una práctica que está evolucionando cada vez más gracias a la Inteligencia Artificial. "Cada vez va a ir a más", advierte, y propone soluciones tan prácticas como establecer palabras clave entre familiares para verificar identidades en caso de duda.
La conciencia digital varía significativamente entre generaciones. "Entre los jóvenes, un poquito más", concede Gonzálvez, reconociendo que tienen una mayor familiaridad con los entornos digitales. Sin embargo, entre las personas mayores "es complicado". Este desajuste generacional genera un contexto en el que ciertos sectores de la población quedan más expuestos, sobre todo en una ciudad que acaba de vivir un episodio especialmente delicado.
En junio, la Ciudad Autónoma de Melilla fue víctima de un ciberataque de gran escala que afectó al funcionamiento de varias dependencias administrativas.
Sobre este asunto, Gonzálvez se muestra cauto pero claro: "Es un tema que pasa en todas las ciudades, que todos estamos expuestos a que nos pase esto". Aunque evite señalar responsables directos, insiste en la necesidad de estar preparados.
"Depende de nosotros cómo se restauran las cosas, cómo lo hemos preparado... Al final nadie está exento de que le ataquen".
El ataque ha puesto sobre la mesa la importancia de fortalecer la ciberseguridad institucional y de contar con protocolos robustos ante este tipo de emergencias. También ha contribuido a generar una mayor inquietud ciudadana respecto al uso y protección de datos personales.
Además del fraude digital, Gonzálvez hace hincapié en otro fenómeno que gana terreno en la esfera virtual: la toxicidad en redes sociales, de la mano de haters y trolls. Al ser preguntado sobre dónde detecta mayor presencia de estos usuarios tóxicos, no duda en señalar el epicentro local: "Aunque normalmente todo deriva hacia Twitter, en Melilla es muy de Facebook. Todo el mundo sabe el grupo en el que te despedazan por la cara".
El presidente de Clúster comparte su experiencia personal: "A mi me han despedazado sin tener mucha actuación", comenta con cierta ironía.
Según su análisis, Facebook en Melilla "es un nido curioso", que bien podría ser objeto de estudio sociológico.
Gonzálvez también traza la diferencia entre dos tipos de usuarios tóxicos: el hater y el troll. "El hater es una persona que se queja por todo y no tiene por qué esconderse. Yo soy bastante hater", reconoce, aclarando que todo depende del tono y la educación con la que se exprese. El troll, en cambio, "normalmente está detrás de un pseudónimo y suele ser bastante más hiriente y desagradable".
Sobre cuál de estas dos figuras predomina en la ciudad, lo tiene claro: "En Melilla no creo que haya demasiados trolls... pero sí que hay muchos haters". Y concluye con un tono analítico y humorístico: "Basta con meterse en el perfil del Facebook este y es una maravilla. Al que le guste internet y le guste echar un rato riéndose, es un tema de estudios sociológicos".
En definitiva, las palabras de Gonzálvez dibujan un paisaje donde la tecnología se presenta como una herramienta ambivalente: útil y peligrosa al mismo tiempo, según cómo se use y quién la utilice. Las estafas online, los ataques a instituciones públicas y la creciente crispación en redes sociales son síntomas de una sociedad en transición digital, donde el sentido común, la educación digital y la prevención se vuelven pilares fundamentales para convivir en la red de forma segura.
En un mundo donde lo virtual afecta cada vez más a lo real, Melilla no es una excepción. Y si algo queda claro tras esta conversación es que la ciberseguridad ya no es solo cosa de expertos: es responsabilidad de todos.
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