El auge del teletrabajo ha consolidado a los nómadas digitales como un fenómeno social en crecimiento con nuevas exigencias a la hora de elegir su lugar de residencia temporal. Más allá del buen tiempo o la belleza de los paisajes, estos profesionales priorizan factores que impactan directamente en la calidad de vida de las ciudades.
“Los nómadas digitales son profesionales que han convertido la tecnología en su aliada para trabajar desde cualquier rincón del mundo. Sin estar atados a una oficina ni a una ubicación fija, combinan movilidad y flexibilidad en un estilo de vida que ha ido ganando fuerza tras la pandemia. Este fenómeno social no sólo representa una forma alternativa de trabajar, sino también un proyecto de vida personal. De este modo, los nómadas digitales redefinen el concepto de hogar y comunidad allí donde se ubican, que muchas veces se trata de España, aunque aún no se disponga de cifras oficiales. En el caso del primer país receptor, que sigue siendo Estados Unidos, sí sabemos que en 2024 más de 18,1 millones de personas dijeron sentirse identificadas con este modelo, lo que supone un aumento del 147% respecto a 2019, según la consultora MBO Partners”, explica Fátima Gómez, profesora de Sociología e investigadora social de la Universidad Europea de Valencia.
Las ciudades que, como Málaga, Barcelona o Valencia; están atrayendo todo este talento nacional e internacional, adaptan sus marcos legales, servicios de coworking, alojamientos y espacios de emprendimiento, a las necesidades del nómada digital. Uno de los objetivos que también se ha marcado en esta legislatura el Gobierno de la Ciudad Autónoma, con el fin de desarrollar la innovación tecnológica en Melilla y fomentar el empleo y la economía mediante este sector.
“El perfil predominante corresponde a jóvenes millennials y a la llamada Generación Z, aunque se viene detectando una presencia creciente de personas entre 50 y 59 años que trabajan en consultoría u ocupan cargos de alta dirección, lo que les permite una mayor movilidad”, dice la profesora Gómez.
“En cuanto al género, predomina el masculino; casi el 90% posee estudios superiores y las profesiones más habituales son las que se enmarcan en tecnologías de la información, servicios creativos, marketing digital, educación online o finanzas”.
Preguntada por las dificultades que puede acarrear este estilo de vida, la experta apunta a “la burocracia, problemas de salud mental, precariedad laboral y dificultad para establecer lazos duraderos. Por eso, la creación de comunidades digitales y la interacción con las infraestructuras locales son claves para integrar a estos nuevos nómadas”. Luego, el reto surge cuando se plantean volver a sus lugares de origen, con los que han perdido la “conexión” no ya digital, sino emocional e identitaria”, concluye.
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