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España y Marruecos se felicitan por una aduana comercial que sigue sin funcionar

Anunciada como reabierta y "normalizada", permanece inoperativa, sin actividad real ni cooperación efectiva por parte de Rabat

Durante la reciente reunión bilateral celebrada en Madrid, representantes de ambos países expresaron públicamente su satisfacción por los avances en materia de relaciones comerciales y cooperación fronteriza. Entre los principales temas tratados volvió a figurar la situación de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla, cuya reapertura había sido uno de los compromisos adquiridos en la Reunión de Alto Nivel (RAN) celebrada en Rabat en febrero de 2023.

Sin embargo, casi dos años después, lo anunciado no se ha traducido en hechos concretos. Según ha informado El Español, tanto en Ceuta como especialmente en Melilla las aduanas no están operativas. En el caso melillense, no solo no existe tránsito comercial regular, sino que tampoco se ha establecido un marco estable de colaboración técnica entre ambas partes. La denominada “aduana experimental”, inaugurada el 27 de enero de este año, no ha funcionado ni con regularidad ni con garantías.

Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores español se mantiene un discurso positivo. El departamento que dirige José Manuel Albares insiste en que se han producido "gestos históricos" por parte de Marruecos. Pero más allá de los gestos, no hay ni calendario, ni infraestructura, ni logística habilitada para asegurar una operativa real. El tránsito de mercancías sigue sin consolidarse y en la práctica, la actividad aduanera está paralizada.

En Melilla, la frustración crece. Como recoge El Faro de Melilla, sectores comerciales, empresariales y políticos locales denuncian que las declaraciones oficiales no se corresponden con la realidad del paso fronterizo. La falta de avances tangibles está afectando a una economía que depende en gran medida de la actividad transfronteriza, especialmente desde que Marruecos decidiera cerrar unilateralmente la aduana en 2018, sin previo aviso ni coordinación con España.

Desde entonces, la reapertura de la aduana ha sido prometida en varias ocasiones. Primero, como parte del giro diplomático de España respecto al Sáhara Occidental en marzo de 2022. Luego, en la cumbre bilateral de 2023, donde se volvió a prometer una “normalización” del tránsito comercial. Pero esa normalización no ha llegado. Apenas se han producido unos pocos cruces puntuales de mercancías, sin periodicidad ni volumen que permitan hablar de una verdadera reapertura.

El artículo de El Español subraya que Rabat no está cooperando activamente para poner en marcha un sistema aduanero en condiciones. Ni hay agentes designados, ni sistemas de control homologados, ni tampoco acuerdos técnicos que permitan consolidar una infraestructura estable. Esta inacción choca con los comunicados institucionales que insisten en calificar como “reabierta” una aduana que, de hecho, no funciona.

El caso de Ceuta, aunque distinto en su origen ya que nunca tuvo aduana comercial oficial, también arrastra demoras y falta de implementación. En ambos lados del Estrecho, la dependencia de las decisiones políticas entre Madrid y Rabat está frenando la reactivación económica local. Lo que en la teoría es un éxito diplomático, en la práctica se traduce en bloqueo comercial, incertidumbre y pérdida de oportunidades.

Mientras tanto, desde ambas ciudades se insiste en la necesidad de pasar de los anuncios a los hechos. En Melilla, la reapertura efectiva de la aduana se considera clave para la recuperación económica y para establecer una relación comercial formal con Marruecos, algo que el país vecino sigue sin aceptar de forma plena, al evitar un reconocimiento explícito de la frontera con la ciudad autónoma.

La ciudadanía melillense observa con escepticismo los constantes comunicados que celebran avances inexistentes. Para muchos, la “normalización” de la aduana anunciada por ambos gobiernos no es más que una ficción diplomática que maquilla la falta de avances reales. La política de gestos ha sustituido a la acción concreta, y los efectos se sienten cada día en el comercio, el empleo y la confianza institucional en la frontera sur de Europa.

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