Con la popularización del fitness y el culto al cuerpo, el deporte ha dejado de ser un territorio exclusivo de los atletas de alto nivel, para convertirse en una aspiración global.
A este cambio le ha seguido la expansión de la industria de los suplementos deportivos. Sin embargo, esta democratización de los complementos nutricionales trae consigo nuevos desafíos y algunas advertencias.
El nutricionista y catedrático en Ciencias del Deporte de la Universidad Europea de Madrid, Vicente Javier Clemente, sostiene que la suplementación no debe sustituir nunca una dieta equilibrada.
“Lo fundamental es entender que el suplemento no sustituye al entrenamiento, la alimentación o el descanso. En muchos casos, una alimentación bien planificada cubre los requerimientos sin necesidad de suplementos”, recalca el experto.
En muchas ocasiones, surge la cuestión sobre si las proteínas del huevo o de los carbohidratos son suficientes, la primera pregunta antes de recurrir a suplementos dietéticos que recomienda el profesor a todo deportista, ya sea profesional o amateur, es: “¿Son adecuados para mí?”. Clemente señala que estos productos están indicados en tres contextos muy concretos:
1. Cuando la dieta habitual no cubre ciertas demandas fisiológicas concretas.
2. Cuando el nivel de exigencia o frecuencia del entrenamiento requiere un rendimiento o recuperación más precisos.
3. Cuando el atleta ha alcanzado un estado físico y de entrenamiento avanzado.
“El problema no es el suplemento en sí, sino cómo se toma y por qué. Un mal uso puede acarrear molestias digestivas, provocar interacciones con medicamentos o enfermedades previas, e incluso llevar a sobredosis, sobre todo con los suplementos para antes de entrenar mal regulados”.
En este sentido, el catedrático alerta del creciente consumo impulsivo, recalcando que el consumidor debe desconfiar de efectos milagrosos y revisar siempre composición, dosis y clasificaciones oficiales. Para ello recomienda acudir a la lista de suplementos clasificada por el Australian Institute of Sport (AIS), referente en investigación deportiva. Esta institución desarrolló, a comienzos de los 2000, un sistema reconocido por su rigor científico y actualización constante, que evalúa cada suplemento en cuatro niveles ABCD, según su eficacia, seguridad y legalidad.
Entre los suplementos con mayor respaldo científico —Grupo A— figuran la creatina monohidrato, la beta-alanina, el bicarbonato sódico, los nitratos (como la remolacha) o la cafeína, ya sea líquida o en cápsulas. También se incluyen los suplementos de proteínas y los carbohidratos presentes en bebidas isotónicas.
Sin embargo, Clemente insiste en que la educación nutricional, guiada en un primer momento por un profesional, es esencial.
“La clave está en personalizar, es decir, no todo suplemento sirve para cualquiera, omitir la evaluación profesional puede suponer un riesgo, sobre todo en personas con enfermedades cardiovasculares, renales, hepáticas o psiquiátricas, así como, por supuesto, en menores”, concluye el nutricionista.
Los suplementos deportivos son productos diseñados para apoyar el rendimiento físico, la recuperación muscular y el desarrollo corporal en personas que practican ejercicio físico de forma regular o intensa. Aunque no son imprescindibles para todos los deportistas, pueden ser un complemento útil si se utilizan correctamente y bajo asesoramiento profesional.
En la actualidad, los suplementos deportivos se han convertido en un recurso habitual entre quienes practican ejercicio de forma regular, ya sea a nivel aficionado o profesional. Estos productos, diseñados para complementar la alimentación, buscan mejorar el rendimiento físico, acelerar la recuperación muscular y optimizar los resultados del entrenamiento.
Entre los suplementos más conocidos se encuentran las proteínas en polvo, como el suero de leche (whey), que ayudan a reparar y construir masa muscular tras el esfuerzo físico. También destacan la creatina, muy popular en deportes de fuerza por su capacidad para aumentar la potencia y la resistencia, y los BCAA, aminoácidos esenciales que favorecen la recuperación y reducen la fatiga muscular.
Por otro lado, los carbohidratos de rápida absorción, las bebidas isotónicas y los geles energéticos son especialmente útiles en deportes de resistencia, ya que ayudan a reponer la energía y los electrolitos perdidos durante el ejercicio. La cafeína, utilizada con moderación, puede mejorar la concentración y el rendimiento, actuando como un estimulante natural.
Sin embargo, es importante subrayar que los suplementos no deben sustituir una dieta equilibrada ni el descanso adecuado. Además, su consumo debe ser responsable y adaptado a las necesidades de cada persona. Antes de iniciar su uso, es recomendable consultar a un profesional de la nutrición o del deporte, ya que no todos los organismos reaccionan igual ni todos los productos son adecuados para cualquier tipo de entrenamiento.
Además, es fundamental elegir suplementos de marcas confiables y leer cuidadosamente sus etiquetas, especialmente si se compite a nivel profesional, donde algunas sustancias pueden estar prohibidas.
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