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¿Es caro vivir en Melilla?

Aunque Melilla ha sido históricamente considerada una de las ciudades más asequibles de España, la percepción de su coste de vida comienza a cambiar | Especialmente entre jóvenes, estudiantes y nuevos residentes, la presión del alquiler, el aumento en la cesta de la compra y la dificultad para encontrar pisos accesibles están marcando un nuevo panorama

Melilla es una ciudad pequeña, de poco más de 12 kilómetros cuadrados, con casi 87.000 habitantes y un ritmo vital tranquilo. Sin embargo, no escapa a los problemas de acceso a la vivienda ni al encarecimiento general que afecta a muchas ciudades españolas. La subida del coste de vida se nota de forma desigual: mientras que los turistas y visitantes suelen percibir precios competitivos, quienes viven aquí todo el año —sobre todo si no tienen vivienda en propiedad— notan una presión cada vez mayor.

Uno de los colectivos más afectados es el estudiantil. Jóvenes de diferentes puntos de España llegan cada año a Melilla atraídos por su oferta educativa, pero se enfrentan a alquileres elevados para su capacidad económica.

“Para los estudiantes que vivimos de alquiler, sí es bastante caro”, cuenta Nieves, una malagueña que lleva tres años en la ciudad. “Aquí los precios no bajan de 350 euros por habitación. Siempre puedes encontrar algo más barato, pero es muy difícil. Casi todos mis compañeros pagan eso, y a veces además hay que sumar agua, luz...”.

Meriem, estudiante de Sevilla, confirma esa realidad: “Los precios parecen pensados para funcionarios, no para estudiantes. Un piso que esté bien, mínimamente decente, ya se va a cifras muy altas. Y desde que llegué hace tres años, el precio apenas ha bajado”.

Vivienda: El gasto que más aprieta

Uno de los grandes retos económicos para vivir en Melilla es el acceso a la vivienda, especialmente en régimen de alquiler. El precio medio del metro cuadrado en alquiler ronda los 10 euros, lo que significa que una vivienda media de unos 85 metros cuadrados puede costar entre 380 y 590 euros mensuales, dependiendo de la zona, del estado del inmueble y de si incluye gastos de comunidad o suministros.

Aunque aún se pueden encontrar alquileres a partir de los 400 euros, la disponibilidad es baja y la competencia alta. Muchos pisos están dirigidos a funcionarios, lo que complica el acceso para estudiantes o personas con ingresos variables. De hecho, varios inquilinos han señalado que los requisitos para alquilar son cada vez más estrictos, incluyendo meses de fianza, avales e incluso demostrar estabilidad laboral.

En cuanto a la compraventa, los precios se mantienen elevados para una ciudad de su tamaño. El metro cuadrado supera los 1.900 euros de media, aunque en algunas zonas más demandadas puede alcanzar los 2.200 euros o más. A esto se suma una tendencia generalizada al alza tanto en el alquiler como en la venta, que ha sido constante en los últimos años, salvo por pequeñas correcciones estacionales.

La cesta de la compra: una subida silenciosa

Otro de los indicadores clave del coste de vida es el gasto en alimentación. Si bien Melilla conserva precios relativamente bajos en productos básicos y locales, muchos residentes perciben un incremento general en la cesta de la compra, especialmente en los últimos dos años.

“Nosotros vamos siempre a lo más barato, comprando por oferta, pero al final se te van 150 o 170 euros al mes, incluso más”, explica Nieves. Otra estudiante afincada en la ciudad autónoma, María Victoria, también de Málaga, coincide: “Antes gastaba menos, ahora noto que me cuesta más. La cesta de la compra se ha encarecido bastante”.

Meriem afirma gastar unos 100 euros cada una o dos semanas, y Juan, desde Sevilla, calcula que cualquier compra semanal “en Mercadona no baja de los 60 euros”.

¿Y el ocio? Sorpresa positiva para los visitantes

Frente a la vivienda y la alimentación, el ocio y la restauración siguen siendo una de las áreas donde Melilla destaca positivamente. Comer en un restaurante sigue siendo una experiencia asequible. Se puede disfrutar de un menú completo por menos de 20 euros, y desayunar por precios muy competitivos.

Remedios, visitante de La Rioja, lo confirma tras pasar varios días en la ciudad: “Hemos comido fuera casi todos los días. Pagamos 16 o 17 euros por comidas abundantes. Tomamos chocolate con churros por 14 euros entre cuatro. ¡Nos pareció baratísimo!”.

Luis, estudiante granadino, añade: “Aquí el ocio es mucho más barato que en la península. Ir a tomar algo, salir a comer, incluso los bares de tapas... todo es más accesible”.

Transporte y servicios públicos: accesibles para el día a día

El tamaño reducido de Melilla permite que los desplazamientos sean rápidos y baratos. El transporte público funciona con fluidez y los precios son asequibles para cualquier bolsillo. Muchos residentes ni siquiera necesitan coche, lo que elimina gastos de combustible, mantenimiento o aparcamiento.

Quienes utilizan vehículo propio destacan, eso sí, que el coste de mantenerlo (seguros, reparaciones, impuestos) puede resultar algo más elevado que en otras regiones similares. Asimismo, cabe destacar que los seguros de hogar y coche han subido en los últimos años.

El peso del alquiler sobre los ingresos

Uno de los datos más preocupantes para muchas familias es el porcentaje del salario que se destina al pago del alquiler. En algunos casos, este puede superar el 50 % de los ingresos mensuales, lo que deja un margen muy estrecho para cubrir el resto de gastos esenciales: alimentación, suministros, transporte, ocio o ahorro.

Esta realidad afecta especialmente a jóvenes trabajadores y estudiantes, que muchas veces comparten piso para poder hacer frente al coste, o se ven obligados a aceptar viviendas en malas condiciones por falta de alternativas.

Comparativa con otras ciudades

Una visión equilibrada del coste de vida en Melilla requiere tener en cuenta tanto las estadísticas como las percepciones personales. Visitantes como Remedios, desde La Rioja, o Luis, desde Granada, valoran la ciudad como un lugar más barato que la península. “Aquí todo es más barato: los restaurantes, los cafés, incluso el ambiente. Es una ciudad cómoda, tranquila, amable”, afirma Luis.

Pero Juan, estudiante sevillano, matiza: “En Sevilla los precios son altos, pero en Melilla se nota que el alquiler está subiendo mucho. Es más asequible, sí, pero cada vez cuesta más encontrar piso sin pagar una barbaridad”.

Melilla en cifras

El coste de vida en Melilla varía según el perfil del residente, pero puede trazarse una estimación general de los principales gastos mensuales.

El alquiler de una habitación compartida ronda entre 350 y 400 euros mensuales, mientras que un piso completo de tamaño medio (unos 85 metros cuadrados) puede situarse entre 380 y 590 euros al mes, dependiendo de la zona y el estado de la vivienda.

La cesta de la compra, por persona, oscila entre los 150 y 200 euros mensuales, aunque este importe puede reducirse si se aprovechan ofertas o se priorizan productos de marca blanca.

En cuanto al transporte público, Melilla ofrece un sistema económico y funcional, con distancias cortas que permiten incluso prescindir del coche en muchos casos. Comer fuera sigue siendo relativamente asequible: un menú del día cuesta entre 10 y 14 euros, mientras que una cena en un restaurante medio se sitúa entre los 16 y 20 euros por comensal.

Los seguros de hogar y automóvil tienen un coste medio-alto en comparación con otras ciudades similares, y los impuestos municipales, como el IBI o ciertas tasas urbanas, se mantienen en niveles medios, sin ser especialmente bajos, pero tampoco excesivamente altos.

En conjunto, Melilla ofrece un coste de vida moderado, con ciertas ventajas fiscales, aunque la vivienda sigue siendo el factor que más presiona el bolsillo de muchos residentes.

Vivir en Melilla puede ser razonablemente económico... o sorprendentemente caro, según el perfil del residente. Para quienes disponen de vivienda propia, se mueven por la ciudad sin coche y aprovechan los precios de la hostelería local, la ciudad sigue siendo muy asequible. Pero para estudiantes o jóvenes que buscan piso de alquiler, la realidad es distinta: el coste de la vivienda se ha convertido en un verdadero desafío, y la cesta de la compra también ha subido de forma sostenida.

Melilla no es aún una ciudad cara en términos absolutos, pero cada vez lo es más en términos relativos para ciertos grupos sociales. La percepción ciudadana lo deja claro: hay encanto, comodidad y calidad de vida, pero también una necesidad urgente de políticas que regulen el acceso a la vivienda y contengan la subida silenciosa de los precios básicos.

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