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"En el Sahel se están fraguando los males del mundo"

El autor melillense Gerardo Muñoz cree que hay que dirigirse a los jefes de tribu y no a los gobernantes, normalmente corruptos

Nacido en Melilla (1955), Gerardo Muñoz vive en Alicante desde 1981. Ha publicado más de 800 artículos y 34 libros desde 1987. Antes de su ‘Manual del audodidacta’, último escrito, Muñoz escribió ‘El Sahel: el nuevo escenario de la geopolítica mundial’, que ya ha sido presentado en Tenerife y Valencia y próximamente lo será en Las Palmas y en la Feria del Libro en Madrid.

En una entrevista con El Faro, el melillense asegura que “en el Sahel -el territorio entre el sur del desierto del Sáhara y el norte de la sabana sudanesa y el golfo de Guninea- se están fraguando los males del mundo”, con un panorama de “inestabilidad política tremenda, hambruna y guerras”, lo cual tiene como consecuencia “un flujo migratorio que va a ir a más si no se toman medidas, lo que no parece que se vaya a hacer”.

Antes al contrario, Muñoz cree que la situación se va a tornar más grave si se tiene en cuenta que una de las primeras medidas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a su vuelta al poder ha sido suprimir las ayudas al desarrollo y al tercer mundo, cuantificadas en 72.000 millones de euros anuales, de los cuales 18.000 millones iban destinados a ayuda humanitaria a África y, principalmente, a los países del Sahel.

En su opinión, que los Estados Unidos se desentiendan aún más de lo que históricamente lo han hecho de lo que allí ocurra va a traer “consecuencias nefastas” a la zona, sobre todo en un momento en que Francia -que lo ha hecho “bastante regular” como garante de la seguridad defensiva, tarea que le fue encomendada por ser la antigua metrópoli- está perdiendo influencia en ese lugar -ha salido de Chad y Senegal está pidiendo su marcha- y a cambio está siendo sustituida por mercenarios rusos con la ayuda económica china. En Mali, Níger y Burkina Fasso están gobernando juntas militares pro rusas.

La intervención de los dos países asiáticos para acabar con el ‘yihadismo’ en ese lugar -algo que no pudieron hacer los franceses ni los occidentales en general- está provocando precisamente, cuenta Muñoz, que este se extienda más, pues, a diferencia de los occidentales, que habitualmente respetaban los derechos humanos- aquéllos “pretenden acabar con el ‘yihadismo’ como hicieron en Siria: no respetando nada y masacrando a la población civil sospechosa de apoyar a cualquier grupo de esos”.

Actualmente, tanto el Daesh como Al Qaeda, tras su expulsión de Iraq y Siria, se encuentran muy presentes en países como Benín, Nigeria y Chad y, aunque entre ellos suele haber disputas por la unidad territorial, cuando les conviene, se alían para hacer frente a los ejércitos extranjeros.

Tanto Nigeria como Níger tienen petróleo. Una empresa china posee un oleoducto que va de Níger a Benín, en el golfo de Guinea. También hay uranio y diamantes. El problema, cuenta Muñoz, es que estos países no saben explotar toda esa riqueza de recursos naturales y tuvieron que hacerlo, primero, los franceses y luego los chicos. Y todo ello sin que la población vea beneficios de esa explotación por culpa de la corrupción de sus gobernantes.

Mientras tanto, Benín y Níger están enemistados, con problemas en la frontera y por la llegada a Benín de terroristas debido a la falta de control en Níger y en Mali.

Para Muñoz, el futuro de la zona es “muy, muy negro”, ya que a todo lo anteriormente mencionado se suman la retirada de los Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) -que proporciona vacunas- y el cambio climático, que está provocando el paulatino avance hacia el sur del desierto del Sáhara y, con ello, "la pérdida de cultivos y de ganado, más miseria y desplazamientos y más enfrentamientos entre ganaderos y agricultores y entre etnias y religiones”.

Un panorama “negro”

Preguntado sobre cuál es la solución a los problemas de la zona, el autor del libro no es optimista y avisa sobre un panorama “negro”. Recuerda Muñoz que el mundo occidental ha tenido errores de cálculo.

El primero, dejar que fuera Francia la que se encargara de la seguridad y de democratizar la zona e inculcar los valores occidentales de los derechos humanos, ya que, durante la descolonización, concedió a estos países la independencia política, pero no la económica.

El segundo fallo de los países occidentales, a su parecer, ha sido querer implementar allí la democracia y el respeto a los derechos humanos “en un tiempo récord, de unos pocos años”, cuando ha sido algo que ha llevado siglos conseguir en Europa.

En este sentido, Muñoz asegura que, si se tiene en cuenta que allí hay otra mentalidad, otro nivel de cultura, otra tradición y otras religiones, “no se llega al pueblo llano a base de comprar voluntades de los gobernantes”. En cualquier tribu de estos países, sus integrantes tienen más confianza en su jefe de tribu que en su gobernador, con lo que, por mucho que éste diga que hay que respetar los derechos de las mujeres, si aquél insta a desoír las instrucciones, seguirán existiendo problemas como la ablación y el tráfico de mujeres y la falta de democracia real.

“Hay que ir a la base, a los que de verdad mandan tradicionalmente, que son los jefes de tribu y los que están al pie del cañón con los problemas, y no sólo a los gobernantes, que sólo tienen buenas palabras, buscan embolsarse parte del dinero que llega y, de vez en cuando, hacer unas pseudoelecciones, pero sin conseguir nada para el pueblo y dejando que todos los bienes naturales sean explotados por los extranjeros”, razona el autor melillense.

Eso es lo único que se puede hacer para cambiar las tornas, insiste, si además sumamos “la campaña de desinformación que llevan años ejecutando en toda África y en el Sahel Rusia y China”, país este que domina entre el 80 y el 90% de la banda ancha de África y el 90% de los puertos más importantes de todo el continente. Una campaña de desinformación con la que han propiciado esos golpes de Estado que han acabado con las democracias en esos tres países de la Alianza de Estados del Sahel (AES) -Mali, Níger y Burkina Fasso- y que Muñoz prevé que se van a extender probablemente a más estados, con Rusia observando con tranquilidad lo que allí sucede en busca de su meta, que no es otra que llegar al océano Atlántico.

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