El pasado jueves a las 18:30 horas, el salón de actos de la Consejería de Cultura de Melilla fue escenario de un viaje cultural, musical y emocional al corazón del mundo sefardí. Con una mezcla de pedagogía, arte y sensibilidad, Liliana y Marcelo Benveniste ofrecieron un taller titulado 'Música y lengua sefardí', que permitió a los asistentes conocer más sobre una tradición milenaria que sigue viva en melodías, palabras y recuerdos.
La actividad fue organizada por la asociación sociocultural Mem Guímel en colaboración con la Consejería de Cultura de Melilla, como parte de su compromiso con la preservación y difusión del legado judío-sefardí en la ciudad.
Además del taller, el evento incluyó la venta de papeletas para un sorteo benéfico cuyo premio era una menorá de metal, una pieza simbólica de gran valor cultural y espiritual para la comunidad judía. Esta iniciativa buscó, además de recaudar fondos para futuras actividades culturales, seguir fortaleciendo los lazos con las raíces y la identidad sefardí.
“El objetivo principal del taller es evacuar dudas sobre la lengua sefardí, sus nombres, su desarrollo y su evolución, y al mismo tiempo ofrecer una muestra del repertorio musical sefardí en sus diferentes categorías”, explicó Liliana Benveniste en entrevista con El Faro de Melilla.
La lengua judeoespañola, también conocida como ladino, es el eje central de esta propuesta. No solo como herramienta de comunicación, sino como vehículo de identidad. “Es lo que nos une, es el principal motivo de todo. Hablamos de cómo se conservó, cómo se desarrolló y cómo se fue separando del español que se habla en España”, explicó.
A lo largo del taller, los participantes aprendieron sobre las distintas formas que ha adoptado el ladino según las regiones donde se asentaron las comunidades sefardíes tras la expulsión de 1492: los Balcanes, el norte de África, Turquía, Grecia o el Imperio Otomano, entre otros. Esta diáspora dio lugar a una lengua rica en matices, que se mantuvo viva durante siglos a través de canciones, oraciones y la tradición oral.
En cuanto al aspecto musical, la riqueza del repertorio sefardí quedó evidenciada en las múltiples formas de interpretación que se mostraron. “La música sefardí se caracteriza, sobre todo, por su variedad. Al haber comunidades establecidas en lugares tan diferentes, se fueron incorporando ritmos locales, distintos instrumentos y formas de cantar”, señaló Benveniste
Durante la sesión, se ofrecieron ejemplos de canto a capela, piezas interpretadas con instrumentos de cuerda, y también fragmentos de grabaciones discográficas contemporáneas. Todo ello con el objetivo de demostrar que la música sefardí no es solo un vestigio del pasado, sino una tradición viva que sigue creciendo y reinventándose.
“No solo trabajamos con canciones tradicionales. Desde mediados del siglo XX hasta hoy hay muchas composiciones nuevas en ladino. Canciones hermosas que siguen explorando esta identidad desde la música actual”, comentó la cantante y docente.
Uno de los puntos fuertes del taller fue su carácter interactivo. Lejos de ser un evento unidireccional, los participantes fueron invitados a cantar, leer textos en ladino, y aprender algunas palabras o frases típicas. “Sí, los asistentes van a cantar conmigo”, dijo Liliana Benveniste en la entrevista antes del evento.
Este enfoque participativo permitió que el público no solo aprendiera desde lo intelectual, sino que viviera la experiencia del ladino y la música sefardí desde dentro, reconectando con sus emociones, recuerdos y raíces.
La actividad fue especialmente emotiva para quienes tenían alguna relación familiar o cultural con el mundo sefardí. “Mucha gente tiene recuerdos vagos de palabras que decía su abuela, o de canciones que se cantaban en casa. Este tipo de talleres ayudan a revivir esas memorias y a darles un nuevo significado”, explicó la artista.
Liliana Beneviste no llegó a este campo por casualidad. Su vínculo con la cultura sefardí viene desde la infancia. “Vengo de una familia sefardí, así que en mi casa la tradición estaba presente. Más adelante, al dedicarme a la música, sentí la necesidad de retomar mis raíces, de investigar sobre la lengua, de incorporar canciones que en mi familia no se cantaban y de compartirlas con otros”, relató.
Ese interés inicial la llevó a convertirse en una reconocida especialista, ofreciendo clases, traducciones, conciertos y talleres en diferentes partes del mundo. En España, ya ha realizado actividades similares en Jaén, en el Centro Sefardí de Madrid y, ahora, en Melilla.
Como parte del evento, la asociación Mem Guímel organizó la venta de papeletas para el sorteo de una menorá de metal, una pieza decorativa y simbólica de gran valor. La menorá, tradicional candelabro judío de siete brazos, representa la luz espiritual, el conocimiento y la continuidad cultural.
La iniciativa tuvo una excelente acogida entre los asistentes, quienes no solo colaboraron con la compra de papeletas, sino que valoraron el gesto como una forma de participar activamente en el fortalecimiento de las actividades culturales de la ciudad.
Al finalizar la entrevista, Liliana compartió su deseo principal para esta experiencia: “Quiero que quienes no conocían esta tradición se lleven una chispita de curiosidad, algo que les anime a investigar más, a escuchar más. Y que quienes ya sabían algo, pasen un rato agradable, canten conmigo y recuerden a sus antepasados, sus raíces”.
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