El Rey León llena de emoción el Kursaal con un musical familiar que conecta con todo el público

La Barbarie Teatro Musical trae a Melilla una versión cercana, divertida y emotiva que combina música, humor, guiños locales e interacción con el público

El Teatro Kursaal Fernando Arrabal acoge este 27 y 28 de diciembre una propuesta escénica que promete conquistar al público de todas las edades: El Rey León. Tributo Musical, una adaptación de la compañía andaluza La Barbarie Teatro Musical, que ha conseguido posicionarse como una de las más activas y queridas del circuito familiar gracias a su manera de entender el teatro musical como un espacio accesible, cuidado y pensado tanto para los más pequeños como para los adultos.

Con funciones dobles a las 12:00 y a las 18:00 horas y entradas a un precio popular de 5 euros, el espectáculo llegó este sábado a Melilla con todas las expectativas puestas en un lleno absoluto, como ya ha sucedido en anteriores ocasiones. Y no es la primera vez que La Barbarie pisa suelo melillense. La compañía ha visitado la ciudad en dos ocasiones previas con los montajes de Coco y Encanto, que también cosecharon una gran acogida. En esta ocasión lo hace con uno de los títulos más potentes del imaginario Disney, pero sin venderlo como lo que no es. Porque si algo deja claro Jesús Trinidad, actor y director escénico del montaje, es que este es un homenaje, un tributo con identidad propia, no el musical original.

“Nosotros no decimos que somos el espectáculo oficial. Lo que hacemos es un tributo humilde, con todo el cariño, con mucho respeto, pero desde nuestro lenguaje”, explica Trinidad en conversación con El Faro de Melilla. La diferencia, en su opinión, está en cómo se comunica al público, en no caer en el error de hacer pasar algo por lo que no es. “Hay producciones que, incluso cambiando canciones o adaptando elementos, se siguen llamando El Rey León, como si fueran el original. Nosotros siempre dejamos claro que es nuestro tributo, hecho con nuestros medios y con mucho trabajo detrás”, añade.

El trabajo al que se refiere comienza desde el proceso de adaptación. Jesús Trinidad es el responsable directo de la dramaturgia de las obras, de transformar la historia de una película o un libro en una pieza teatral que funcione sobre el escenario. Es un proceso que, según explica, implica estudiar bien las fuentes, ver las películas, leer libros si los hay, empaparse del material original y después tomar decisiones: qué se puede llevar al escenario, qué no, cómo se puede transformar una escena, un personaje o una situación para que funcione dentro del lenguaje teatral. “No todo lo que aparece en una película se puede poner sobre un escenario. Hay que adaptarlo. Un tigre volador, como en Coco, es imposible en un montaje nuestro. Hay que buscar alternativas creativas que mantengan el sentido sin comprometer la puesta en escena”, comenta.

Una vez cerrado el guión, comienza la segunda etapa: ensayos, montaje, coreografías, diseño escénico, música, interpretación. Jesús Trinidad sostiene al respecto que el trabajo en equipo es fundamental. Él guía la estructura narrativa, pero cada actor aporta desde su interpretación y propuestas, en un proceso colaborativo que define el sello de la compañía. “El actor propone y el director dispone. Así es como lo trabajamos. Hay una base, claro, un guión, unas intenciones, pero cada actor tiene su esencia”, explica.

La Barbarie Teatro Musical se ha hecho un nombre en el circuito familiar con espectáculos como Encanto, Wish, Coco, La Cenicienta, El fantasma de la ópera o La granja de Zenón, entre otros. Su capacidad de producción les ha llevado a tener hasta cuatro montajes distintos girando simultáneamente por España este fin de semana, con equipos técnicos y artísticos diferenciados. Mientras el equipo de El Rey León se encuentra esta semana en Melilla, otro actúa en Marchena con La Cenicienta, otro en Bailén con Las Guerreras K-Pop, y un cuarto en Madrid, en la Gran Vía, también con las Guerreras. Todo eso ha sido posible, según Trinidad, gracias a una estructura sólida, una planificación intensa y una enorme vocación. “Hemos conseguido convertir nuestro sueño en una profesión. Poder vivir de esto, llegar a tantos lugares, trabajar en lo que nos gusta… es algo muy grande. Y además, llevarlo a todos los rincones, que el teatro musical no sea algo exclusivo de las grandes ciudades”, señala.

Esa vocación de cercanía se nota también en los precios. Lejos de los 80, 100 o incluso 200 euros que puede costar una entrada en teatros de gran formato, La Barbarie mantiene precios populares, accesibles para cualquier familia. “Ofrecemos un producto de calidad a un precio justo y la gente lo valora”, sostiene. Pero calidad no significa ostentación. Para Trinidad, lo importante no es parecer espectacular, sino ser eficaz. Que el espectáculo funcione, que llegue al espectador, que emocione. “A veces hacemos cosas que parecen muy complejas, pero están hechas desde la sencillez. Lo difícil es que parezca fácil. Y eso es lo que buscamos: que el público entre en la historia”, apunta.

Y en ese objetivo, el enfoque interpretativo es clave. En obras pensadas para el público infantil y familiar, el reto es doble: convencer a los niños, pero también a los adultos. “Con los niños, muchas veces se dice que con luces y música ya tienes su atención. Pero llega un momento en el que eso no basta. Cada vez entienden más, y hay que ofrecerles algo con sentido”, explica. Y al mismo tiempo, cuidar al público adulto, que es quien acompaña, quien paga la entrada y quien también espera pasar un buen rato. “Nos encanta cuando nos dicen: ‘Mis hijos se lo pasaron en grande, pero yo más todavía’. Esa es la mejor crítica que nos pueden hacer”, reconoce.

Por eso el trabajo actoral tiene tanto peso. Jesús insiste en que cada línea que se dice en escena tiene que tener una intención. Que no se puede hablar por hablar, sino entender el por qué y para qué de cada gesto, palabra o acción. “Yo siempre digo: no digas esto porque toca decirlo; Dilo porque tu personaje lo siente, porque quiere conseguir algo con ello. Aunque estés interpretando a un león, tiene que haber verdad en lo que haces”, reflexiona.

Además del guión y la interpretación, el vestuario, la música, las coreografías, la iluminación, los efectos de humo, las imágenes de fondo y la escenografía forman parte del engranaje que da vida al espectáculo. Todo está pensado para reforzar la narrativa y facilitar la conexión con el público. No hay recursos espectaculares por puro artificio, sino elementos que suman a la historia, que refuerzan la atmósfera y que ayudan a contar mejor lo que se quiere relatar. En este montaje en concreto, presentado ahora en Melilla, hay además un guiño especial a la ciudad. Los actores interactúan con el público, integrando a pequeños en la experiencia teatral, logrando crear un ambiente más cercano, simpático y participativo.

Los personajes de Timón y Pumba asumen un papel fundamental en esta versión: son los encargados de hilar las escenas, guiar al espectador y servir de puente entre los distintos momentos de la historia. Con su desparpajo y sentido del humor, aportan ritmo, continuidad y complicidad con el público, convirtiéndose en narradores que permiten que la obra fluya con naturalidad manteniendo la temporalidad de la película. La historia se desarrolla entre escenas cargadas de emoción, humor y dinamismo, con versiones musicales originales de la película, adaptaciones creadas por la compañía y diálogos que combinan líneas reconocibles con otras de sello propio. El resultado es un pequeño universo escénico que respeta la esencia de El Rey León al mismo tiempo que propone una experiencia única, capaz de emocionar, conectar con el imaginario y despertar la memoria de grandes y pequeños.

Jesús Trinidad recuerda con especial cariño sus visitas anteriores a Melilla. En una de ellas interpretó al personaje de Héctor en Coco, y tuvo la oportunidad de conocer la ciudad y su patrimonio. “Fue una experiencia preciosa. Trabajar en un teatro como el Kursaal, con un público que te recibe tan bien, y además poder conocer una ciudad que no conocía, caminar por ese casco antiguo junto al mar, comer bien, disfrutar… Fue redondo”, recuerda con aprecio. Ahora, aunque no se ha desplazado personalmente con el equipo que representa El Rey León en esta ocasión, está convencido de que el público melillense volverá a responder con entusiasmo.

Y es que para Jesús Trinidad, el teatro musical no es solo entretenimiento. “Es cultura, es aprendizaje, es terapia, es curativo. El teatro musical mezcla arte: es canto, interpretación y danza en lo mismo y, además, con historias tan conocidas por todos que nos hacen emocionarnos, que nos hacen reírnos”, afirma con pasión. Su mensaje es claro: el arte no es un lujo, sino una necesidad compartida. “Que la gente vaya al teatro, que disfrute y que sea un producto artístico que se venda y tenga éxito, es una muy buena noticia para la sociedad”, asegura convencido. Y es que, en ocasiones, no valoramos todo lo que nos aporta el teatro. No es solo pasar una forma de entretenimiento. Es una experiencia, una conexión, un momento compartido que se queda contigo.

Con ese espíritu llega El Rey León. Tributo Musical a Melilla, en plena recta final del año, para llenar el Kursaal de música, color y emoción. Una invitación a disfrutar en familia, a dejarse llevar por una historia que todos conocemos pero que, bajo la mirada de La Barbarie, se redescubre con frescura, humanidad y mucho corazón.

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