Ha pasado un siglo, pero los héroes del Desembarco de Alhucemas siguen contando con el respeto y reconocimiento de los melillenses.
El cementerio de La Purísima ha acogido en la mañana de este domingo 23 de noviembre una ruta histórica en la que unas 60 personas de todas las edades han recorrido el camposanto local para homenajear a los jóvenes caídos en esta hazaña bélica, una de las más relevantes de toda la historia militar.
Las historiadoras melillenses Elena Fernández e Isabel Migallón han vuelto a organizar esta iniciativa, como una manera de guardar el recuerdo de aquellos jóvenes, quienes pese a contar con toda una vida por delante, vieron sus sueños frustrados en combate.
Una visita sosegada para reivindicar y honrar a los caídos en el desembarco, como manifestó a El Faro Elena Fernández, quien tras destacar un nuevo éxito de asistencia y pese a subrayar como no tendría problema alguno en acoger a más personas en la ruta; contó como se ha optado por un cupo de en torno a 60 asistentes para garantizar el buen funcionamiento y el disfrute de todos los presentes.
Ante el éxito de la primera ruta y una demanda cada vez más creciente, estas historiadoras decidieron volver a organizar esta actividad.
Este medio fue testigo de como los melillenses se iban acumulando en las puertas del cementerio. Además, muchos ciudadanos que se habían desplazado al camposanto para visitar a sus fallecidos, aprovechaban para conocer más sobre el Desembarco de Alhucemas y la historia que guarda el camposanto local.
Respecto a una posible tercera ruta, las historiadoras no se cierran a volver a repetir esta actividad, aunque recalcan que ello dependerá de la demanda de público. Por lo pronto, Elena Fernández anunció que juntas harán más actividades relativas a este episodio histórico.
No en vano, Fernández recordó que fueron ellas dos las que iniciaron los homenajes por los caídos en nuestra ciudad. Si bien destacó como la UNED impartió una serie de conferencias sobre el desembarco, la historiadora manifestó que esta iniciativa no incidió en honrar a los caídos y, en concreto, en los más de 70 fallecidos en esta batalla que descansan en el cementerio de La Purísima.
Esta segunda ruta ha seguido el mismo recorrido que la primera, aunque ha contado con algunas explicaciones nuevas.
Este homenaje forma parte de una investigación iniciada hace más de 20 años por Isabel Migallón y el fallecido Eduardo Sar Quintas. La historiadora ha acumulado un extenso archivo sobre los soldados caídos en las campañas del norte de África, a partir de registros civiles, archivos del cementerio y miles de correos enviados a instituciones nacionales y extranjeras.
La propuesta, que despertó un notable interés entre los melillenses, se estructuró como una visita guiada por diversas zonas del camposanto en las que descansan los restos —identificados o no— de soldados fallecidos entre el 8 de septiembre y comienzos de octubre de 1925, fechas claves de aquella operación militar. A lo largo del recorrido, las organizadoras compartieron con los asistentes datos históricos, perfiles biográficos y emotivas anécdotas que conectaron el presente con una parte significativa del pasado de la ciudad.
El recorrido comenzó en la parcela 14 del cementerio, donde se encuentra la tumba del sargento Eduardo Noguera, uno de los pocos enterramientos señalizados de la zona. A su alrededor, reposan sin señal alguna numerosos soldados del Tercio Extranjero. Gracias a una exhaustiva investigación en los libros de registro, se ha podido identificar a algunas de las personas allí enterradas, aunque sus nombres no figuran en lápidas visibles.
La siguiente parada fue en la galería exterior izquierda del Panteón de Héroes. Allí reposan entre 20 y 21 oficiales, cuyas identidades sí están reflejadas en los nichos. Este espacio contrasta con otras zonas del cementerio, donde los restos descansan sin ningún tipo de señalización. También se visitaron el osario general y el osario del propio Panteón de Héroes, donde yacen soldados cuyos nombres no aparecen en lápidas, aunque están recogidos en los libros de enterramiento.
Posteriormente, en el Panteón de Aviación, la ruta se detuvo para recordar a otros oficiales, entre ellos Alfonso Gaona Pastor, piloto fallecido en un accidente durante unas maniobras el 18 de septiembre. Gaona había sido propuesto para realizar un curso de piloto en Estados Unidos, lo que da cuenta de su pericia. Sin embargo, decidió acudir a Melilla al conocer la situación bélica y perdió la vida durante un vuelo de instrucción.
La penúltima parada fue en la parcela 13, donde se encuentra una tumba con dos nombres: Emilio Vilches Rojas y Federico Godino Gil. Se trata en realidad de la misma persona. Godino fue oficial de artillería y, tras abandonar el ejército, se alistó en el Tercio bajo un nuevo nombre, falleciendo en combate el 24 de septiembre.
La ruta finalizó frente a la capilla, con un acto de recuerdo a los militares cuyos cuerpos fueron exhumados y trasladados a cementerios de la península, aunque, en algunos casos se desconoce con exactitud el lugar. Entre ellos se encuentran el teniente Gonzalo Herrán Rodiles (La Almudena), el alférez Ángel Hernández Menor (Villena, Alicante), el teniente José Quinoza Oribe (Derio, Bilbao) y el capitán Miguel Rodríguez Vescanza, que posiblemente fue el primer español en pisar tierra en Alhucemas.
El desembarco de Alhucemas fue un desembarco militar llevado a cabo el 8 de septiembre de 1925 en Alhucemas por el Ejército y la Armada españolas y, en menor medida, un contingente aliado francés, que propició el fin de la guerra del Rif. Se considera el primer desembarco anfibio en la historia que involucra el uso de tanques y apoyo aéreo masivo por mar. El desembarco de Alhucemas se cree que es uno de los precursores de los desembarcos anfibios aliados en la Segunda Guerra Mundial, y la primera operación combinada exitosa del siglo XX.
La operación consistió en el desembarco de un contingente de 13 000 soldados españoles transportados desde Ceuta y Melilla por la armada combinada hispano-francesa. La operación tuvo como comandante en jefe al entonces Director Militar de España, general Miguel Primo de Rivera, y como jefe ejecutivo de las fuerzas de desembarco en las playas de la bahía de Alhucemas al general José Sanjurjo, a cuyas órdenes estaban las columnas de los generales jefes de las brigadas de Ceuta y Melilla, Leopoldo Saro Marín y Emilio Fernández Pérez, respectivamente. Entre los jefes participantes en la acción se encontraba el entonces coronel Francisco Franco, quien por su actuación al frente de las tropas de la Legión fue ascendido a general de brigada.
El desembarco, previsto para el 7 de septiembre, comenzó, debido al mal tiempo, el 8 de septiembre de 1925 en las playas de Ixdain y la Cebadilla, en el territorio de la cabila de Bokoia. Se emplearon para ello 24 barcazas tipo K compradas a los británicos y que estaban en Gibraltar, las mismas que estos habían empleado en su fracasado desembarco en Gallípoli.
En la costa, los rifeños disponían de catorce piezas de campaña de 70 y 75 milímetros que había sido capturadas a los españoles y se rumoreaba que probablemente eran operadas por instructores mercenarios extranjeros. También contaban con ametralladoras.
Apoyados por los cañones de las escuadras navales y el bombardeo de la aviación, la primera oleada comenzó a las 11:30 horas. Debido a la presencia de rocas, el contingente de la playa de Ixdain debió desembarcar a unos 50 metros de la costa. Entretanto, se descubre que la playa de la Cebadilla está minada con unas 40 minas enterradas en la arena. Detonadas las minas, comenzó la segunda oleada a las 13:00 horas y a continuación un rápido avance hasta ocupar las alturas que dominan la playa. En un primer momento desembarcaron 9.000 hombres y durante el resto del día se procedió a desembarcar el material necesario para continuar la operación. Al caer la tarde, la artillería rifeña reanudó el fuego con intensidad contra las tropas españolas y la escuadra, causando numerosas bajas y alcanzando a los acorazados Alfonso XIII y Jaime I, que sufrieron daños menores. La artillería fue respondida con un ataque aéreo español y, al final del día, 13 000 hombres estaban ya en tierra.
Cabe destacar que en Alhucemas se utilizaron por primera vez en la historia de la guerra carros de combate en un desembarco, concretamente 11 Renault FT-17 y 6 Schneider CA1, que fueron poco útiles pero causaron gran impresión. Además, fue la primera vez en la historia en la que las fuerzas de apoyo aéreo al desembarco, las fuerzas navales y las fuerzas de tierra actuaron bajo un mando unificado, el de Primo de Rivera.
El 23 de septiembre se dio la orden de continuar el avance y se ocupó la línea de alturas que domina la bahía de Alhucemas el día 26. El 30, tras otro nuevo periodo de mal tiempo que impedía el desembarco del apoyo logístico necesario, así como el apoyo aéreo, se inició la fase final de la penetración terrestre destinada a consolidar la base de operaciones, que finalizó el 13 de octubre. Desde Alhucemas, en la primavera de 1926, se ejecutaron las operaciones que determinaron la derrota de Abd el-Krim y la ocupación y pacificación total de la zona española del Protectorado.
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