El recogimiento de la Piedad

  • La procesión de la Cofradía del Humillado se encargó de inaugurar el Viernes Santo

  • La música de la capilla Orpheus acompañó a la imagen en su recorrido

La Cofradía del Humillado fue la encargada de inaugurar el Viernes Santo. Lo hizo con salida procesional de María Santísima de la Piedad, que abandonó la Parroquia Castrense puntual, sobre las 20:45 horas, precediendo al Cristo de la Buena Muerte. Cientos de melillenses se congregaron a las puertas del templo para esperar a la Virgen, expectantes por ver el resultado de su remodelación. La restauración fue todo un éxito y corrió a cuenta del melillense Francisco Javier Atencia Molina. Con su restauración y retallado de la cabeza ha logrado acentuar la expresión de misterio que representa la Piedad, además de darle unas nuevas manos debido al deterioro que sufrían.

La salida de la Virgen requería de un gran esfuerzo físico por parte de los hombres de trono, aunque estos aceptaron el desafío con fervor y gran devoción. Debido a las dimensiones de la imagen, los portadores tuvieron que sacarla flexionando las rodillas y poniéndose casi de cuclillas. Todo para que Nuestra Señora de la Piedad pudiera comenzar a recorrer las calles de su Melilla.

Su marcha volvió a conseguir el recogimiento pretendido. Los melillenses casi contenían la respiración al paso del trono debido a la emotividad de la escena que representaba: el dolor de la Virgen, una madre que recoge a su hijo inerte después de morir en la cruz y lo cobija entre sus brazos.

Música de capilla

El paso de la Piedad por nuestra ciudad fue acompañado de una melodía fúnebre, de honda religiosidad, con los sones solemnes del trío de capilla ‘Orpheus’. Dos oboes y un clarinete interpretaron piezas como ‘Saetas del Silencio’, ‘Sagrada Mortaja’, ‘Pasión’ o ‘Adagio en sol menor’ de Albinoni. Es la única cofradía en Melilla que lleva este tipo de acompañamiento.

El trono de Nuestra Señora de la Piedad, imagen tallada por José María Guerrero y Diego Fernández Rodríguez en 1999, es de pequeñas dimensiones y presentaba un exorno floral compuesto por rosas y orquídeas blancas.

El Santísimo Cristo de la Buena Muerte es una talla de madera policromada que data de mediados del siglo XX. Estuvo en la Capilla del Regimiento de Regulares 52 en el Acuartelamiento de Santiago, hasta que este se trasladó a la Base Teniente Flomesta.

Entonces, la imagen se reubicó en el coro de la Parroquia Castrense de la Inmaculada Concepción y forma parte del cortejo procesional desde 2014, cuando tuvo lugar el 25 aniversario de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Humillado y María Santísima de la Piedad. Desde aquel año precede a la Virgen y es llevada a hombros de miembros veteranos de las Fuerzas Armadas o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

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