El paso de 2025 en Juan Manuel Fernández, un año lleno de contrastes entre tragedias y triunfos

Del incendio de su casa al éxito literario con 'Llueve sobre Intxaurrondo', pasando por 'El silencio es cómplice', su nuevo libro que saldrá en febrero y con otros relatos en mente

El año 2025 ha sido, para Juan Manuel Fernández, un ejercicio de contrastes. Psicólogo de emergencias, miembro del GIPEC y escritor de novela histórica, ha vivido doce meses que comenzaron desde la fragilidad más absoluta —un incendio que lo obligó a experimentar la emergencia desde el otro lado— y terminó con el reconocimiento literario más inesperado: el éxito de su libro y un premio que nadie veía venir. Entre medias, silencio, memoria, literatura, proyectos audiovisuales y una firme convicción: contar historias para que no se pierda la dimensión humana de lo vivido.

Con la serenidad de quien observa los hechos con distancia, pero también con la implicación emocional de quien escribe desde dentro, Fernández repasa su 2025, adelanta los detalles de su nueva novela, habla de la futura serie y explica cómo se plantea un 2026 que apunta a ser, de nuevo, intenso.

—Si le pido un balance profesional de 2025, ¿qué fotografía le viene a la cabeza?

—Desde la psicología de emergencias, ha sido un año tranquilo en Melilla. Veníamos de un 2024 muy duro, con muchísimas intervenciones, incluida la DANA, en la que yo estuve desplazado. Aquello fue un año de auténtico escándalo en cuanto a activaciones. Sin embargo, en 2025, por suerte, aquí nos han activado pocas veces. Tampoco hemos tenido que salir fuera porque no ha sido necesario.

Ese descenso de intervenciones no ha supuesto, sin embargo, un año en blanco. Al contrario. Fernández destaca avances internos que, aunque menos visibles, resultan esenciales para el funcionamiento del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes. 

—Este año hemos incorporado nuevos psicólogos al GIPEC. Incluso estudiantes de último curso que conocimos en una formación sobre desescalada verbal. Se interesaron, hicieron las pruebas y ahora están con nosotros. Eso es importante, porque el gran problema del GIPEC es que todos trabajamos y no siempre estamos disponibles. Tener más profesionales amplía la capacidad de respuesta y supone una descarga de trabajo.

También se han dado conversaciones informales con otros servicios de emergencia para integrar la figura del psicólogo de forma más natural en los desplazamientos.

—Hablando con bomberos, comentábamos la posibilidad de que, cuando ellos salgan fuera, puedan llevar en el equipo a un psicólogo del GIPES. No les supone ningún gasto. En mi caso, por ejemplo, yo no cobro nada. Pero hay que ir de forma oficial, con equipo, porque si tienes que dormir en un polideportivo o en una colchoneta, no te dejan ir si no estás integrado. Vamos dando pasitos.

Si en lo profesional el año ha sido sereno, en lo personal ha sido cualquier cosa menos eso.

—Ha sido un año de vaivenes. En enero se nos quemó la casa. Y eso te coloca automáticamente en el otro lado de la emergencia. Pasas de intervenir a ser intervenido. Y esa experiencia te marca.

Ese inicio abrupto contrasta con el giro que dio el año meses después, cuando su libro comenzó a recibir un reconocimiento inesperado.

—De repente, el libro empieza a funcionar muy bien. Primero conseguimos el premio en la categoría de novela histórica, y luego, además, fue elegido mejor libro del año. Eso fue una sorpresa tremenda. No te lo esperas.

—¿Cómo se vive algo así?

—Como un empujón enorme. Te hace pensar que, al menos, no lo estás haciendo tan mal. Y además empuja al propio libro. Tanto, que seguramente en febrero salga el siguiente.

Un nuevo libro

Ese segundo libro ya está escrito. Fernández lo firma en solitario y vuelve a situarlo en el contexto del terrorismo de ETA, aunque con un enfoque distinto.

—También es novela histórica, pero esta vez no me centro en una operación de la Guardia Civil, sino en un asesinato. En cómo ese asesinato rompe muchas vidas, no solo la de los jóvenes a los que matan, sino la de sus familias, algunas de las cuales siguen vivas y con un duelo inacabado.

La historia parte de un caso real ocurrido en una noche de Reyes de 1979. 

—Una pareja joven, prometida esa misma noche, de dos pueblos de Cádiz, sale de una discoteca y ametrallan su coche. Los matan. El claxon del coche se queda sonando durante 27 minutos sin que nadie vaya a ayudarles. Hasta que unos amigos salen y se encuentran la escena.

Ese dato —los 27 minutos— se convierte en símbolo, en metáfora y en eje narrativo.

—Cuando empiezas a investigar, te das cuenta de que lo verdaderamente importante no es solo el momento del asesinato, sino todo lo que vino después. Cómo afectó a los padres, a las hermanas, cómo todavía hoy sigue repercutiendo. Ahí vi que era una historia mucho más profunda y más humana.

El libro se titula El silencio es cómplice, una frase que Fernández subraya que no es suya.

—Es una frase de Dolores González Catarain más conocida como Yoyes, una exmiembro de ETA a la que sus propios compañeros asesinan cuando intenta salir de la organización. Ella escribe una carta que se publica en un periódico francés y en la que dice que, si le pasa algo, no será por el Estado español, sino por ETA. Esa frase refleja muy bien cómo se vivían aquellos momentos en la sociedad vasca.

Contacto con la familia

—¿Ha podido hablar con la familia de las víctimas?

—Sí y no. Por casualidades de la vida aquí en Melilla viven dos gaditanas que vivían en San Roque y que una de ellas conocía a Hortensia, la chica que asesinaron. De hecho, jugaba con ella cuando eran pequeñas. A través de ella me puse en contacto con los familiares. No he hablado directamente con ellos, pero saben que el libro existe y no se han opuesto.

Fernández insiste en que su trabajo se apoya únicamente en información pública.

—No me invento nada ni cuento nada privado. Todo lo que recojo son declaraciones que ellos mismos hicieron en periódicos. Donde no hay información, relleno huecos con recursos de novela, pero siempre con muchísimo respeto. Lo que me interesa son las emociones, la parte humana, la psicológica. Claramente tiro para mi terreno en ese aspecto.

El origen de la novela no está en un archivo ni en una investigación previa, sino en una presentación de Llueve sobre Intxaurrondo.

—En una presentación del libro anterior, alguien preguntó cómo era el ambiente que se vivía en el País Vasco en aquellos años. Luis Sandoval, el prologuista del libro respondió: “27 minutos”. Y contó esta historia. Aquello me impactó muchísimo. Pensé: esto es una novela.

Durante meses la idea quedó en segundo plano, hasta que el primer libro empezó a caminar solo.

—Cuando vi que todo iba bien, empecé a recoger información y a escribir en paralelo. Y así nació.

El nuevo libro también saldrá con Círculo Rojo. Antes, Fernández lo presentó a un premio de alto nivel.

—Lo presenté al Ciudad de Málaga, un premio muy difícil, con más de 600 novelas presentadas. No salió. Y cuando vi que ya no estaba esa presión, entregué el borrador a la editorial.

—¿Siente ahora más presión que con el primero?

—No. La verdad es que no. Al contrario. La gente que ha leído los borradores me ha dicho que hay un salto cualitativo, que este libro es mejor que el anterior. Eso te anima. Vas madurando, aprendiendo lo que sí y lo que no.

Fernández habla con claridad de las luces y sombras de la autoedición.

—La parte mala es que tienes que hacer tu propio marketing. He aprendido que por muy bueno que sea tu libro, si no sales en los medios, si no eres Juan del Val, vender es muy complicado. Nosotros hemos tenido que llegar lector a lector.

Aun así, se queda con algo esencial.

—Todas las críticas que hemos recibido han sido positivas. La gente nos ha escrito diciendo que le ha enganchado el libro y han estado hasta las 3 de la mañana sin parar. Por lo menos nadie nos ha dicho “vaya mierda”. Y eso, créeme, es mucho.

El objetivo

Más allá de ventas o premios, Fernández tiene claro qué pretende con esta novela.

—Mi objetivo con esta novela es que no gane el relato blanqueado. Que no pueda salir un influencer diciendo que conoce a abertzales que son pacíficos. El terrorismo de ETA fue muy malo para muchísima gente, y eso no se puede diluir.

Asume incluso el impacto emocional que el libro puede generar.

—Un guardia civil me dijo que la novela era muy buena, pero que le hacía revivir cosas muy duras. Yo eso lo tomo como algo positivo. Quiero que la gente empatice, que se meta en la piel de quienes lo vivieron. Si no, no me vale. No escribo relatos históricos, escribo relatos humanos.

¿Y la serie?

La adaptación audiovisual sigue viva, aunque con los tiempos propios del sector.

—Teníamos un precontrato con DLO Producciones, pero el contacto dejó la empresa y nos quedamos colgados. Aun así, la noche del premio apareció otro productor interesado en hacer un documental o una miniserie. Después de Reyes retomaremos el contacto.

Además, la editorial cuenta con una agencia que mueve proyectos en ferias y plataformas.

—Esto es muy lento. Hablamos de un año y medio como mínimo. Pero hay interés, hay movimiento y las cosas van bien.

Mirando a 2026

—¿Cómo se plantea 2026?

—Con ideas y con calma. Con Paco, mi coautor, hablamos de seguir con otras novelas, aunque ahora está jubilado y viviendo en Pontevedra, así que hay que ver cómo organizarnos. Y, además, tengo otro proyecto que no tiene nada que ver con ETA.

Ese proyecto se titula Transfronteriza.

—Quiero contar la historia de las mujeres que cruzan cada día la frontera para trabajar. Mujeres invisibles que sostienen familias enteras. Se levantan de madrugada, hacen cola, trabajan todo el día, vuelven a hacer cola y llegan a casa a seguir trabajando. Estas mujeres son las que mantienen el verdadero feminismo. Es decir, los maridos se quedan sin trabajar, se quedan tomando té. Viven en un país que las tiene totalmente olvidadas y ellas, sin embargo, son unas heroínas. Es algo que conocemos la gente de Melilla, la gente de fuera no lo sabe. Sabe otra historia, otra inmigración, pero esta no. Y entonces creo que se merecen que se profundice en este tema.

—¿Con qué idea cierra 2025?

—Con la tranquilidad de haber contado una historia como debía ser contada y con la ilusión de seguir escribiendo. Todo llegará.

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