El niño de tres años que el pasado viernes 7 de agosto recibió una descarga eléctrica en la playa de Galápagos se encuentra ya en su casa y continúa estable. El terrible suceso ocurrió a las 20:11 horas, aparentemente, en el entorno de una de las duchas de la Ensenada. Tras el aviso, la Ciudad Autónoma y los servicios de emergencia se movilizaron para llevar a cabo una rápida actuación y trasladar al menor al Hospital Universitario de Melilla (HUME).
No se registraron más incidencias, aunque una segunda persona aseguró haber sufrido una segunda descarga al tratar de socorrer al menor. Ahora, el consejero de Seguridad Ciudadana, José Ronda, ha avanzado algunos datos sobre la posible causa del accidente. “Al parecer, según la información que tengo, que no es una información exacta, era una derivación que había en el foco, que ya ha sido subsanada y sé que se ha reparado”.
El incidente no ha tenido “mayores consecuencias”, aunque ha dejado una pequeña quemadura en el brazo del pequeño. “Parece que está todo bien”. El Gobierno local se puso a disposición de los familiares en cuanto se dio aviso del suceso. Desde el primer momento, la prioridad fue conocer su evolución y atender las posibles necesidades que pudieran surgir. La playa cerró sus puertas desde el viernes tarde hasta el sábado por la mañana, cuando se realizaron todas las comprobaciones de seguridad oportunas.
Lo primero fue desconectar la alimentación eléctrica de las luminarias y precintar la zona. La empresa encargada de su mantenimiento revisó exhaustivamente la instalación eléctrica, y en todos los casos, las mediciones registraban 0,00 voltios. Ante la ausencia de tensión y de riesgo eléctrico, la Ensenada de los Galápagos, una de las más populares entre vecinos y turistas, retomó su actividad habitual del verano.
Las medidas de control y seguimiento siguieron activas durante todo el fin de semana para prevenir nuevos accidentes. Las instrucciones por parte de la Ciudad eran claras: conocer las causas de lo sucedido lo antes posible. Mostraron su “profunda preocupación y consternación” y, en palabras de Ronda, comprenden que “la familia puede hacer o iniciar las acciones que entienda oportunas”. La prioridad será siempre garantizar la seguridad de los usuarios y que un acontecimiento similar no vuelva a repetirse.








