El libro en las manos y en la vida: así celebra Melilla el Día del Libro desde lo cotidiano

En la ciudad, más allá de los actos institucionales, la lectura se vive a pie de calle, en las casas, en los colegios y en los pequeños gestos diarios

Desde 1995, el 23 abril se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Libro, una fecha promovida por la UNESCO para fomentar la lectura, rendir tributo a los grandes autores de la literatura universal - como Cervantes, Shakespeare o Garcilaso de la Vega, todos fallecidos un 23 de abril - y recordar el valor de los libros como herramienta de diálogo, conocimiento y libertad.

En Melilla, esta fecha cobra un carácter especial. No solo por su tradición cultural, sino por su gente: lectores y lectoras que, sin buscar grandes escenarios, viven el acto de leer como algo cotidiano, esencial y profundamente suyo. Y es precisamente ahí donde se encuentra el verdadero corazón del Día del Libro.

Lectura entre mercados y libros prestados

Manolo, melillense de los de toda la vida, tiene su propio ritual de lectura. Nada de librerías sofisticadas ni bibliotecas silenciosas. "Me estoy yendo al mercado donde ponen un puesto para libros, cojo uno y me lo llevo para casa", cuenta con una sonrisa. Luego, como quien devuelve una buena conversación, regresa ese libro al mismo lugar. "Leo algo y lo devuelvo otra vez, pero lo leo".

Este hábito sencillo, casi entrañable, demuestra que la lectura no necesita lujos. Solo tiempo, curiosidad y voluntad. Manolo suele leer "uno o dos libros al mes", dependiendo del grosor y de cómo le pille la rutina. Y aunque le regalaron un libro electrónico, no terminó de encajar. "Lo dejé, digo yo: esto no es lo mío".

La lectura, para él, sigue siendo papel. Y aunque sus nietos son aún pequeños, tiene claro que le gustaría inculcarles este amor por los libros. "Sí, por supuesto", dice sin dudar.

El papel como necesidad

Para Puri Eisman, leer no es una opción. Es una necesidad. "El libro para mí es fundamental", declara con convicción. Siempre tiene uno entre manos, aunque el ritmo depende del tiempo libre y el estado de ánimo. Sus géneros favoritos son el thriller, el suspense y sobre todo, la novela clásica. "Ha sido lo que más me ha orientado en el mundo de la lectura".

Puri Eisman también se resiste al formato digital. "Lo intenté leer en el otro formato, pero parece que no estás leyendo un libro. Me gusta cogerlo, me gusta pasar las páginas, me gusta olerlo. Cuando es nuevo, el libro es otra cosa", explica, con esa nostalgia que comparten muchos lectores que crecieron entre estanterías físicas.

En su hogar, la lectura es una herencia. "Mis hijos, por supuesto, desde muy pequeños. En casa, porque mi marido también es autor, yo también escribo. Para mí es fundamental. Sobre todo, la educación es fundamental".

La lectura como herramienta educativa

Raquel, maestra de un colegio que no ha querido identificar, habla con la misma pasión pero desde otra trinchera: la del aula.

"Me gusta mucho leer. En invierno un poquito menos, pero suelo leer uno cada veinte días", cuenta. La novela histórica es su favorita, aunque cuando necesita desconectar se decanta por la policíaca.

Para ella, como para muchos docentes, la lectura es más que un gusto personal: es una misión. "En todos los colegios existe un plan lector, tenemos bibliotecas de aula y es algo que se lleva día a día", explica con orgullo.

Asegura que los niños responden muy bien cuando se les acerca el libro de forma divertida y adaptada. "Les divierte, les gusta. Tenemos libros muy bonitos para cada edad. Suelen llevarse libros a casa, les hacemos préstamos para que se acostumbren a utilizarlos".

Y aunque no sabe si continuarán leyendo cuando sean adultos, se queda con la alegría del momento presente. Con esos ojos que se iluminan al abrir una nueva historia.

Mientras en otros lugares se organizan ferias, presentaciones y lecturas públicas, en Melilla el Día del Libro se celebra también en los gestos pequeños: en los mercados donde se comparten novelas, en las casas donde el papel todavía manda, en las escuelas donde los libros circulan de mano en mano.

Es un día para reivindicar que leer no es solo un placer individual, sino un acto colectivo que nos conecta, nos forma y nos transforma. Es el día de Manolo, de Puri y de Raquel y de otros tantos que - sin pretensiones - hacen de la lectura una parte más de su día a día.

Porque leer sigue siendo eso: abrir un libro y empezar a vivir otra vida. Y en Melilla, como en tantos rincones del mundo, el Día del Libro sigue siendo una celebración viva, auténtica y necesaria.

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