La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de Melilla ha vivido uno de los momentos más emotivos e inolvidables de su historia con su participación en el Jubileo de las Cofradías celebrado en Roma. Este encuentro internacional de hermandades ha supuesto no solo una oportunidad de ganar el jubileo en las cuatro basílicas mayores de la capital italiana, sino también un profundo ejercicio de fe, confraternización y vivencia espiritual para todos los asistentes.
Francisco Javier Calderón, hermano mayor de la cofradía, ha sido testigo directo de esta experiencia única, encabezando una expedición melillense compuesta por 20 personas. A este grupo se sumaron otros cofrades de Melilla que viajaron por separado, así como representantes de otras hermandades locales, como la del Flagelado y la del Nazareno. “Aunque oficialmente fuimos 20 desde Melilla, allí coincidimos con otros melillenses que también vivieron con nosotros esta experiencia inolvidable. Además, llevábamos a hermanos de otras cofradías en nuestra expedición, lo que enriqueció aún más el sentido de unidad y fraternidad del viaje”, ha explicado Calderón.
La agenda del grupo en Roma comenzó con su participación en el acto de bienvenida a todas las cofradías en la Basílica de San Juan de Letrán, una de las cuatro basílicas mayores de la ciudad y punto de inicio del recorrido jubilar. “Fue el primer contacto con el ambiente cofrade internacional. Allí cruzamos la primera puerta santa del jubileo y sentimos ya desde ese momento que estábamos viviendo algo grande”, ha recordado el hermano mayor.
Al día siguiente, el sábado, el grupo de La Soledad se dirigió a la Basílica de San Pedro, centro espiritual del catolicismo, donde continuaron con el recorrido jubilar y pudieron visitar la Capilla Sixtina. En paralelo, los preparativos para la gran misa del domingo ya comenzaban a generar expectación. “Ver cómo se organizaba todo para acoger a miles de cofrades de todo el mundo fue impresionante. Es difícil describir con palabras la emoción que se siente al cruzar la puerta santa de San Pedro”, ha confesado Calderón.
El sábado por la tarde fue uno de los momentos más especiales del viaje: las procesiones cofrades por las calles de Roma. Allí, los cofrades melillenses pudieron admirar la riqueza de las tradiciones religiosas de diferentes regiones del mundo. Destacó especialmente la participación de hermandades españolas, entre ellas la de León, que sorprendió por la solemnidad de su Cristo y la calidad de su banda de música. Pero también tuvo un lugar destacado la representación andaluza, con figuras tan emblemáticas como el Cachorro de Sevilla y la Esperanza de Málaga.
“Ver al Cachorro en ese entorno y compartir momentos con la Esperanza, fue algo mágico. Estamos muy vinculados a Andalucía y poder vivir eso tan lejos de casa fue emocionante. Tuvimos la oportunidad de acompañar a la Esperanza de Málaga durante un buen rato y entregarle una banda conmemorativa por el 75 aniversario de nuestra cofradía”, ha relatado el hermano mayor.
Durante los días del jubileo, los cofrades de La Soledad tuvieron también la ocasión de encontrarse con figuras relevantes del mundo cofrade y político. Entre ellos, el presidente de la Junta de Andalucía y el periodista Carlos Herrera, a quienes pudieron saludar personalmente. Además, compartieron experiencias con Paloma Saborido, profesora de la Universidad de Málaga y principal organizadora de este jubileo de las cofradías, a quien han invitado formalmente a asistir a la procesión extraordinaria que se celebrará en Melilla el próximo octubre con motivo del aniversario de la hermandad.
También fue especialmente significativa la confraternización con la Hermandad de la Esperanza de Málaga, con quienes se ha establecido una relación cercana y prometedora. “Hemos hecho una simbiosis de confraternización total. Nos sentimos como hermanos. Los portadores, el mayordomo y el capataz de trono de la Esperanza se han comprometido a hacer lo posible por estar con nosotros en octubre. Este tipo de lazos son los que dan sentido al trabajo que hacemos desde las cofradías”, ha destacado Calderón.
El domingo, los cofrades melillenses asistieron a la misa que iba a estar presidida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, en una celebración multitudinaria que sin embargo coincidió con el inicio del pontificado del nuevo Papa León XIV. Fue, sin duda, uno de los momentos más esperados y emocionantes de todo el viaje.
“A pesar de la gran cantidad de gente —más de 600.000 personas—, la organización fue excelente. Pudimos acceder sin agobios y estar presentes en esa misa tan especial. Ver al Papa pasar en el Papamóvil antes de la eucaristía fue impresionante. Sentimos que formábamos parte de un momento histórico”, ha descrito Calderón.
El lunes, aprovechando el último día en Roma, el grupo visitó las otras basílicas mayores restantes para completar su recorrido jubilar. Cruzaron las puertas santas, oraron juntos y reflexionaron sobre todo lo vivido durante esos días intensos. “Fue un cierre perfecto para un viaje lleno de emociones, donde todo salió bien: los traslados, que en Melilla muchas veces no es así, el tiempo, la convivencia. Parecía que todo estaba pensado para que esta experiencia fuera perfecta”, ha afirmado.
No todo fue alegría durante el jubileo. La noticia del fallecimiento de un cofrade sevillano por un atropello generó una onda de tristeza entre los participantes. “Nos enteramos allí mismo. Fue un momento muy triste y muy duro”, ha expresado el hermano mayor.
Tras varios días de intensa actividad espiritual y de convivencia fraterna, los cofrades de La Soledad regresaron a Melilla con el corazón lleno y el espíritu renovado. Lo vivido en Roma será difícil de olvidar: la majestuosidad de las basílicas, el calor humano de otras hermandades, el respeto por las tradiciones compartidas y la emoción de vivir la fe en comunidad.
Para la Hermandad de La Soledad, este viaje ha sido un hito que marca profundamente su historia y su espiritualidad. “Nosotros tenemos ya 75 años, somos una cofradía que todavía estamos en esa situación de aprender de todos. Somos autodidactas en muchísimas cosas, pero indudablemente al estar junto con otros se aprende”.
La participación en el Jubileo de Roma ha sido, sin duda, una experiencia inolvidable para los cofrades de La Soledad, que regresan a Melilla con el firme deseo de seguir creciendo como hermandad.
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