En Melilla, las temperaturas elevadas no son exclusivas de julio y agosto. La ciudad, bañada por el Mediterráneo y bendecida con muchos días al sol en el resto de estaciones, convierte el helado en mucho más que un capricho estival: es un hábito, una tradición y, para muchos, una necesidad para sobrellevar el calor.
Las calles del centro, el paseo marítimo y los barrios residenciales comparten una imagen común: vecinos y visitantes disfrutando de un helado mientras conversan, pasean o simplemente contemplan el mar. El abanico es amplio: desde cucuruchos artesanales con sabores clásicos hasta propuestas saludables o 'fit' para quienes cuidan su dieta.
Aunque la relación entre helado y calor parece evidente, en Melilla no todos esperan al verano para disfrutarlo. Muchos vecinos lo consumen durante todo el año, sin importar si el termómetro marca 15 o 35 grados.
“La gente cree que el helado es solo para verano, pero yo lo tomo en cualquier estación. Es un placer que no tiene fecha”, afirma María.
“En invierno incluso lo disfruto más, porque no se derrite tan rápido”, añade entre risas.
Este verano, España ha experimentado olas de calor más largas y frecuentes. En Melilla, el efecto es claro: las heladerías ven aumentar sus ventas y los supermercados refuerzan sus estanterías refrigeradas.
"Con este calor y esta humedad que siempre hace en Melilla no apetece comer. Lo suyo es hidratarse bien a base de agua y frutas y como es en mi caso, comerme un helado de pistacho, que tanto me gusta", afirma una joven que se encontraba sentada en una de las heladerías de la ciudad.
Por otro lado, un vecino del centro de la ciudad asegura que cada vez que hace la compra, lleva helados para toda su familia. "Tomo helados con mucha frecuencia ya que te mantiene fresquito y es una buena fuente de energía. Además, cada vez que voy a hacer la compra a cualquier supermercado, suelo comprar una cajita para llevársela a mi familia y nos lo comemos después de cenar mientras vemos cualquier serie. Es el mejor plan del verano, eso y el aire acondicionado puesto".
En los últimos años, la tendencia hacia una alimentación más saludable ha transformado el mercado. Los 'helados fit' —bajos en azúcares, con proteínas añadidas o elaborados con leches vegetales— están ganando terreno.
En las heladerías de la ciudad podemos encontrar helados artesanales sin azúcar añadido y otros, que para que sean "más naturales" prefieren hacerlo en casa y así lo comenta Lucía, una joven murciana que ha venido a Melilla a pasar unos días con su pareja y se encontraban haciendo deporte en el paseo marítimo: “Voy al gimnasio casi todos los días, así que intento no abusar de azúcares. El helado fit me permite refrescarme y darme un gusto sin sentirme culpable.”
No todos en Melilla combaten el calor con helado. Los granizados, con su textura de hielo picado y sabor intenso, siguen siendo la opción preferida de muchos.
Para Paco, es la mejor opción: “A mí el helado me gusta, pero el granizado de limón me sienta mejor cuando hace mucho calor. Te quita la sed y es más ligero.”
Las heladerías lo saben, y por eso ofrecen granizados de múltiples sabores: limón, fresa, café, sandía e incluso combinaciones exóticas como mango con hierbabuena.
El consumo de helado en Melilla no es únicamente una respuesta directa al calor que caracteriza los meses estivales, sino que se ha convertido en un auténtico ritual social que marca el pulso de la vida diaria en esta ciudad. Más allá de su función refrescante, el acto de salir a por un helado funciona como un pretexto para encontrarse con amigos, pasar tiempo en familia y disfrutar de un paseo por las calles y paseos marítimos. Es una costumbre que, con el paso de los años, ha consolidado su lugar en la rutina de los melillenses durante las tardes y noches de verano.
La ciudad ofrece una amplia variedad de heladerías, desde las más tradicionales, con décadas de historia y recetas artesanales, hasta establecimientos modernos que experimentan con sabores exóticos, texturas y presentaciones. La elección del helado se convierte en sí misma en una pequeña aventura: decidir entre un clásico chocolate, un refrescante limón o una mezcla innovadora que incluya frutas tropicales, frutos secos o incluso notas saladas.
Durante las noches cálidas, especialmente en julio y agosto, las calles del centro y la zona del paseo marítimo se llenan de vida. Es habitual ver grupos de amigos charlando animadamente mientras caminan con sus cucuruchos, familias enteras que hacen una parada para saborear una tarrina y, en algunos casos, personas que disfrutan de su helado mientras observan el ir y venir de la gente desde un banco o una terraza. Este ambiente crea una sensación de comunidad, en la que el simple gesto de compartir un dulce helado se entrelaza con conversaciones, risas y momentos de desconexión.
El entorno melillense añade un valor especial a esta costumbre. La brisa marina, que suaviza la temperatura en las noches de verano, invita a prolongar la velada, haciendo que un paseo para comprar un helado se convierta en una experiencia que abarca desde el atardecer hasta bien entrada la noche. La combinación de luces cálidas de los comercios, el sonido de las olas rompiendo en la costa y el aroma de las heladerías crea un escenario perfecto para este tipo de salidas.
Aunque el helado refresca y aporta energía rápida, los expertos recuerdan que no debe sustituir al agua como principal forma de hidratación. El contenido de azúcares y grasas, especialmente en las versiones más tradicionales, hace necesario un consumo moderado.
Y así lo confirmó en El Faro de Melilla hace unas semanas la dietista-nutricionista Marina García Pérez: “El helado se considera un alimento superfluo. No es necesario en ninguna dieta equilibrada. Sin embargo, eso no significa que no se pueda consumir. Como todo, se trata de moderar y de saber elegir. Su valor emocional o social no debe estar reñido con la salud”.
En este sentido, los helados fit y los granizados sin azúcar se presentan como alternativas más ligeras y adecuadas para un consumo frecuente.
Además, García apuntó que los helados se pueden elaborar en casa a partir de ingredientes naturales: “Los helados caseros con base de fruta congelada, yogur natural, kéfir, leche vegetal sin azúcar o incluso dátiles como edulcorante, son una alternativa muy recomendable. Se pueden hacer en batidora o con moldes de polos, y permiten disfrutar del sabor sin comprometer la salud".
Todo apunta a que la relación entre los melillenses y el helado seguirá creciendo. Las innovaciones en sabores, la incorporación de ingredientes saludables y el auge del consumo durante todo el año consolidan esta costumbre.
Además, las nuevas generaciones están más abiertas a experimentar, lo que garantiza que, junto al clásico chocolate o vainilla, seguirán apareciendo combinaciones sorprendentes como aguacate con lima o higo con miel.
Y es que en Melilla el helado no se limita a ser un producto estacional. Es parte de un estilo de vida estival, un motivo para salir de casa, para conectar con los demás y para disfrutar de la ciudad en su faceta más amable y relajada. Una tradición que combina sabor, compañía y el encanto particular de las noches mediterráneas.
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