José Aserraf, logopeda del Gabinete Fönia.
Cada 6 de marzo se celebra el Día Europeo de la Logopedia, una jornada destinada a visibilizar la importancia del lenguaje, la voz, la comunicación y la deglución en la salud y en la vida cotidiana. Este año, el debate se centra en un tema que está ganando relevancia en todos los ámbitos profesionales: la inteligencia artificial.
Para conocer cómo esta revolución tecnológica afecta a la logopedia, hablamos con José Aserraf, logopeda del gabinete Fönia, con cerca de veinte años de experiencia clínica y reconocido por su trabajo combinando práctica clínica, tecnología y sistemas de inteligencia artificial.
Aserraf lleva tiempo experimentando con prototipos y herramientas que integran análisis de voz, generación automática de materiales terapéuticos y sistemas digitales de apoyo a la evaluación del lenguaje. Su objetivo, explica, no es transformar la logopedia en algo tecnológico, sino mejorar la manera en que los profesionales pueden atender a sus pacientes.
“Durante muchos años la logopedia se ha basado en herramientas muy artesanales: observación clínica, grabaciones de voz, fichas, ejercicios diseñados por el propio terapeuta. Todo eso sigue siendo válido. Pero ahora estamos entrando en una etapa en la que podemos añadir nuevas capas de análisis y de apoyo gracias a la inteligencia artificial”, comenta.
Según explica Aserraf, la inteligencia artificial permite trabajar con algo que antes era difícil de manejar: grandes volúmenes de datos de voz y lenguaje.
“Un logopeda puede analizar una voz, una lectura o una articulación con su experiencia clínica. Pero un sistema de inteligencia artificial puede comparar esa señal con miles de registros similares, detectar patrones, medir variaciones acústicas o analizar cambios en el tiempo. Eso no sustituye al profesional, pero le da información que antes no tenía.”
El resultado, sostiene, puede traducirse en evaluaciones más precisas y seguimientos más objetivos. “Muchas veces el logopeda sabe que algo está mejorando o empeorando, pero es difícil cuantificarlo. Con herramientas digitales podemos medir evolución, comparar sesiones o analizar parámetros que antes quedaban fuera de nuestro alcance.”
La expansión de la inteligencia artificial ha generado cierto temor en muchas profesiones sanitarias. Aserraf asegura que ese miedo se basa en un malentendido.
“Existe una narrativa muy simplista que dice que la IA va a sustituir a los profesionales. En logopedia eso no tiene sentido. Nuestro trabajo implica interacción humana, comprensión del contexto familiar, adaptación terapéutica, motivación del paciente… todo eso no lo puede hacer una máquina.”
Lo que sí puede hacer la tecnología, añade, es automatizar tareas repetitivas o facilitar procesos complejos. “Preparar materiales terapéuticos, generar variaciones de ejercicios, organizar información clínica o analizar registros de voz. Son tareas que consumen mucho tiempo y que la tecnología puede acelerar. Eso permite al profesional dedicar más energía a lo importante: la intervención.”
Aserraf insiste en que la clave está en cómo se utiliza la tecnología. “La inteligencia artificial no es una solución mágica. Es una herramienta. Si la usa alguien sin criterio clínico, no sirve de mucho. Pero si la utiliza un profesional que sabe lo que está buscando, se convierte en un multiplicador de capacidades.”
En los últimos años, Aserraf ha desarrollado diversos prototipos experimentales que exploran cómo la inteligencia artificial puede integrarse en la práctica logopédica. Entre ellos se incluyen herramientas de generación automática de materiales para terapia, juegos educativos para trabajar aspectos del lenguaje y sistemas de apoyo a la evaluación clínica.
“La idea es sencilla: si podemos generar materiales terapéuticos personalizados en segundos, el logopeda puede adaptar la intervención a cada paciente con mucha más facilidad”, explica.
También trabaja en proyectos que buscan mejorar la estructuración de las evaluaciones logopédicas. “Muchas veces la información clínica queda dispersa: notas, grabaciones, observaciones… La inteligencia artificial permite organizar esos datos, estructurarlos y facilitar el análisis.”
Según señala, el objetivo no es crear productos cerrados, sino explorar nuevas posibilidades. “Estamos en una fase de experimentación. Lo interesante no es tanto la herramienta concreta, sino descubrir qué puede aportar la inteligencia artificial a la práctica clínica real.”
Más allá de la tecnología, Aserraf considera que la mayor dificultad está en la formación de los profesionales. “La inteligencia artificial está avanzando a una velocidad enorme. Pero muchos profesionales sanitarios no han recibido formación específica para entender cómo funciona, cuáles son sus límites o cómo integrarla de forma responsable.”
A su juicio, Melilla puede desempeñar un papel interesante en este ámbito. “Melilla tiene una oportunidad que a veces no vemos con claridad. Estamos en un momento histórico en el que la inteligencia artificial aplicada a salud, educación y tecnología clínica va a crecer muchísimo. Y la ciudad tiene ventajas que podrían aprovecharse.”
Entre esas ventajas menciona el tamaño de la ciudad, su capacidad para impulsar proyectos piloto y las condiciones fiscales especiales del territorio. “Muchas empresas tecnológicas buscan lugares donde desarrollar proyectos con costes razonables y buena fiscalidad. Si se combina eso con formación especializada y colaboración con profesionales sanitarios, Melilla podría convertirse en un pequeño centro de innovación.”
Aserraf cree que estas iniciativas requieren visión institucional. “Si Melilla quiere posicionarse en sectores tecnológicos avanzados, la inteligencia artificial aplicada a la salud puede ser un camino muy interesante. Pero eso exige apostar por la formación.”
En su opinión, las instituciones locales podrían fomentar programas que conecten sanidad, educación y tecnología. “Formar profesionales que entiendan tanto el lenguaje clínico como el tecnológico. Crear espacios de colaboración entre sanitarios, ingenieros y desarrolladores. Y facilitar que empresas innovadoras vean Melilla como un lugar atractivo para instalar proyectos.”
El impacto, señala, podría ser significativo. “No se trata solo de atraer empresas. Se trata de generar conocimiento, empleo cualificado y proyectos que tengan impacto real en la sociedad.”
Aserraf destaca que la logopedia seguirá teniendo un papel central en esta transformación. “El lenguaje y la voz son una fuente de información increíble. A través de la voz podemos detectar problemas neurológicos, alteraciones respiratorias, trastornos del habla o cambios en la salud general.”
Estas tecnologías de análisis de voz comienzan a aplicarse en distintos campos, desde el seguimiento de enfermedades neurológicas hasta la detección temprana de problemas del habla en niños. “Es un área donde la colaboración entre clínicos y desarrolladores puede generar avances muy interesantes.”
Sin embargo, el desarrollo tecnológico debe acompañarse de prudencia. “Hay que evitar el entusiasmo exagerado. No todo lo que se presenta como inteligencia artificial funciona realmente. Por eso es importante mantener criterio clínico y espíritu crítico.”
Cuando se le pregunta cómo imagina la logopedia dentro de diez o quince años, Aserraf responde con prudencia y optimismo. “No veremos máquinas sustituyendo a los logopedas. Pero sí veremos logopedas trabajando con herramientas mucho más potentes.”
Entre esas herramientas menciona sistemas de análisis acústico avanzados, generación automática de materiales terapéuticos y plataformas que conecten investigación y práctica clínica. “Probablemente veremos evaluaciones más rápidas, terapias más personalizadas y un acceso más amplio a los recursos terapéuticos.”
A pesar del avance tecnológico, el núcleo de la logopedia seguirá siendo humano. “La logopedia trata de comunicación. De ayudar a una persona a hablar, a comprender, a leer o a recuperar su voz después de una enfermedad. La tecnología puede ayudarnos mucho, pero el centro siempre será la persona.”
Con motivo de esta jornada, Aserraf lanza un mensaje para profesionales y ciudadanos. “La comunicación es una de las capacidades más importantes del ser humano. Cuando aparece un problema de lenguaje, voz o habla, el impacto en la vida diaria puede ser enorme. Por eso es importante que la sociedad conozca el papel de la logopedia.”
Y concluye con una reflexión sobre el momento actual. “Estamos viviendo un cambio tecnológico enorme. La inteligencia artificial va a transformar muchas profesiones. La pregunta no es si ocurrirá, sino cómo queremos integrarla. La inteligencia artificial no es el futuro de la logopedia. Es simplemente una herramienta nueva. Lo importante sigue siendo lo mismo: ayudar a las personas a comunicarse mejor.”
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