Se cumplen cinco años desde la irrupción de la pandemia del covid-19 en 2020, un evento que alteró drásticamente la forma de vivir. Desde la organización del trabajo hasta los hábitos de movilidad y consumo, muchos de estos cambios se han afianzado con el paso del tiempo. En 2025, la digitalización, la flexibilidad laboral y la preferencia por alternativas sostenibles continúan marcando el rumbo de nuestra sociedad.
El 2020 será recordado como el año que cambió todo. El confinamiento, el cierre de negocios, la suspensión de clases y la incertidumbre dejaron huella en cada rincón de Melilla. Ahora cuando se cumplen cinco años de la llegada de la pandemia, muchos melillenses echan la vista atrás y recuerdan cómo todo se transformó de la noche a la mañana.
Pero más allá de los momentos difíciles, ¿qué queda de aquella época y cómo ha cambiado a las personas? Este reportaje recoge los testimonios de cómo los melillenses vivieron el confinamiento, las consecuencias que aún arrastran y cómo la vida en Melilla ha dado un giro en todos los aspectos: desde la forma de trabajar, hasta la manera en la que se mueve la gente por la ciudad.
Era marzo de 2020 cuando el confinamiento sorprendió a todos. La ciudad se vació en cuestión de días, las tiendas cerraron y la sensación de no saber qué pasaría mañana invadió a los ciudadanos.
Para muchos, el cambio fue brutal. Los bares y restaurantes vacíos, las calles desiertas y la vida en pausa. Y, sin embargo, hubo quien vio en esta parálisis una oportunidad para reinventarse.
Ana González, una madre melillense, recuerda aquellos días como un torbellino: “Al principio pensé que todo esto no iba a durar mucho. Pero cuando vi que pasaban las semanas, el encierro se hacía más difícil. Los niños en casa, el trabajo por videollamada… estaba agotada. Pero bueno, poco a poco una se va acostumbrando a lo que hay, desde luego que nunca pensé que iba a trabajar desde casa tanto tiempo.”
De hecho, el teletrabajo llegó para quedarse. Y aunque al principio solo era una solución temporal, se ha consolidado como una forma más de trabajar en Melilla. Según un estudio reciente, el número de melillenses que teletrabajan ha aumentado considerablemente desde 2020 y muchas empresas han optado por dar más flexibilidad a sus empleados.
Carlos López, un joven de la ciudad autónoma lo confirma: “Yo nunca me imaginé que me gustaría trabajar desde casa y no ir todos los días a la oficina. Al principio no lo entendía, pero ahora, con el tiempo, lo agradezco. El teletrabajar me ha permitido disfrutar más de la familia y aprovechar para hacer alguna escapada de fin de semana.”
La pandemia también cambió la forma en que nos movemos. Durante el confinamiento, las restricciones obligaron a los ciudadanos a quedarse en casa, pero luego, con la vuelta a la normalidad, las prioridades cambiaron.
“Yo antes usaba el coche todos los días para ir al trabajo. Ahora, desde que empecé a teletrabajar, apenas lo toco porque en Melilla puedes ir andando prácticamente a cualquier parte” contó Laura Martínez.
El confinamiento y los meses posteriores obligaron a empresas y trabajadores a reinventarse, promoviendo el teletrabajo como una alternativa viable. Lo que en un principio se planteó como una solución temporal, hoy es una modalidad estable. Según un estudio de InfoJobs, más de 3,1 millones de españoles teletrabajan de manera ocasional o habitual, generando mayor flexibilidad y afectando directamente los hábitos de movilidad y ocio.
El cambio no solo se ve en las personas que teletrabajan, sino también en los hábitos de movilidad. Con el auge del alquiler de coches entre particulares y el interés por alternativas más sostenibles, la demanda de vehículos compartidos ha aumentado y cada vez son más los melillenses que recurren a este modelo. De hecho, Amovens, una de las plataformas más conocidas en España, ha experimentado un aumento significativo (300%) desde la llegada de la pandemia.
Las vacunas llegaron en 2021 para poner fin a la mayor parte de los contagios pero hoy en día todavía siguen saliendo nuevos casos.
Aunque el impacto de Covid-19 ha disminuido, en febrero de 2025 se ha detectado un ligero repunte en la demanda de test de diagnóstico, según informan las farmacias de Melilla. Durante este mes, las ventas de test rápidos han sido hasta cuatro veces superiores a las registradas en los meses de octubre, noviembre y diciembre de 2024, alcanzando alrededor de 50 unidades al mes.
En cuanto al uso de mascarillas, se ha observado un incremento en la demanda, especialmente de las FFP2, que han duplicado sus ventas respecto a los últimos meses de 2024. La conciencia sobre la protección al estar enfermo ha resurgido, aunque el gel hidroalcohólico no ha experimentado el mismo repunte en ventas.
Además, la preocupación por la gripe también ha aumentado, ya que esta temporada ha sido especialmente agresiva. Muchos ciudadanos adquieren test para diferenciar entre Covid-19 y gripe, buscando tranquilidad ante síntomas similares.
“El mes pasado vendimos el doble de tests que en los últimos meses de 2024. La gente quiere estar tranquila, sobre todo ahora que está circulando la gripe,” explicó otro farmacéutico de la ciudad.
Cinco años después, muchos melillenses coinciden en que la pandemia les ha enseñado a valorar más lo que tienen cerca y a adaptarse rápidamente a las circunstancias.
“A veces pienso en cómo vivíamos antes, todo era tan rápido, tan frenético. Hoy en día, aprecio mucho más poder estar en casa, tener tiempo para mí misma. También aprendí a valorar la familia y los amigos, porque cuando todo se paró, fue lo único que realmente importaba”, reflexionó Marta Marín.
Sin embargo, no todo ha sido negativo. La pandemia también hizo que los melillenses comenzaran a replantearse sus hábitos. Desde la forma en que consumen, hasta cómo interactúan con los demás, la vida en Melilla ha cambiado. Y si algo ha quedado claro, es que la resiliencia y la capacidad de adaptación han sido claves en este proceso.
Aunque muchos de los hábitos adquiridos durante la pandemia siguen presentes en la vida cotidiana de Melilla, la ciudad poco a poco va recuperando su ritmo. Las restricciones han quedado atrás, pero el aprendizaje sigue vigente.
Al final, Melilla ha demostrado que, aunque la pandemia cambió el curso de muchas cosas, también hizo crecer la solidaridad, la adaptación y el respeto por la salud pública.
Como dijo María Castillo: “Lo que vivimos nos cambió y aunque ahora todo parece más normal, es inevitable que algo de esa época quede. Pero, al final, lo importante es que estamos aquí, seguimos adelante y hemos aprendido mucho de todo eso.”
Cinco años después, la ciudad sigue avanzando, con la mirada puesta en el futuro, aprendiendo de los retos del pasado y con una comunidad más unida y preparada para lo inesperado.
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