Este fin de semana, el Centro de Educación Ambiental de Melilla ha puesto en marcha su primer curso de iniciación a la cetrería, una propuesta educativa y novedosa en la ciudad autónoma. La formación se ha llevado a cabo en el Centro de Formación Mar Chica, hoy y mañana de 10:30 a 13:30 horas, y ha contado con la participación de once alumnos, quienes han tenido la oportunidad de aprender sobre el manejo de aves rapaces, así como sobre su comportamiento, alimentación y entrenamiento.
El taller ha incluido una parte teórica y otra práctica, dirigida por los técnicos Francisco Pérez, experto en etología y anillador científico, y Marina Blasco, cetrera profesional. Durante las actividades, los alumnos han interactuado con seis aves rapaces, entre águilas, halcones y búhos, que se han convertido en protagonistas de la experiencia educativa.
El curso forma parte de las primeras iniciativas del Centro de Educación Ambiental de Melilla, que nació este verano con el objetivo de desarrollar la educación ambiental en la ciudad de maneras innovadoras y participativas.
Así lo ha contado Francisco Pérez, técnico del centro. “Este curso es una de las primeras iniciativas del Centro de Educación Ambiental de Melilla, una empresa que hemos montado este verano aquí en la ciudad. La idea en general del centro es trabajar la educación ambiental de diferentes maneras, y la más vistosa quizás sea trabajando con nuestra rapaces y la cetrería. Este curso, al final, es un poco una forma también de presentación, de permitir a la gente participar precisamente en el tema de la cetrería, en el manejo de rapaces.”
El centro apuesta por un enfoque directo y manipulativo, en el que los participantes no solo reciben información teórica, sino que interactúan físicamente con los animales, fomentando un vínculo más cercano con la naturaleza y despertando la curiosidad por la fauna urbana y cercana.
“Muchas veces la educación ambiental en la ciudad pasa por enseñar fotos, llevar a la gente siempre a los mismos sitios de naturaleza o dar directamente una charla, un monólogo a los niños o a los adultos. Nosotros en este aspecto intentamos que sea mucho más manipulativa. Primero tenemos las rapaces, que pueden verlas por medio de exhibiciones, exposiciones y charlas. Además de que muchas, como por ejemplo Tintín, nuestro autillo, son manipulativas, es decir, los niños y las personas que van a participar les pueden alimentar, la pueden tocar, la pueden coger. Intentamos que se genere un vínculo un poquito más estrecho, un poquito más fuerte entre la persona y la naturaleza”, explica Pérez.
Además, el centro tiene planes para programas educativos en colegios, talleres sensoriales en residencias de ancianos, y otras actividades en colaboración con instituciones, usando las aves para fomentar habilidades relacionadas con la motricidad y la cognición.
Actualmente, el centro cuenta con seis aves rapaces, entre águilas, halcones y búhos. Tres águilas, un halcón peregrino llamado Hera, un cernícalo americano y un autillo cariblanco llamado Tintín.
“Ahora mismo tenemos seis aves pero esperamos traer más. Cada una nos permite trabajar de diferente manera”, comenta Pérez.
La mayoría de las aves son jóvenes, con aproximadamente tres meses de edad, excepto Hera, que tiene dos años. A pesar de su juventud, muchas ya son parte activa de los programas educativos.
“La mayoría de los que tenemos son aves jóvenes, a excepción de Hera. Los demás tienen en torno a tres meses. Están en pleno adiestramiento todavía, pero como son adiestramientos variables para diferentes cuestiones, aves como Tintín ya tienen un uso completo, al final es manipulable. Los demás, cada uno tiene una función. Por suerte, este verano hemos podido empezar a trabajar con diferentes campamentos y talleres, como el campamento de High Quality o el campamento de Meraki, y el éxito ha sido rotundo”, explica Pérez.
Los alumnos pudieron observar y manipular a las aves, alimentarlas y participar en vuelos controlados, una experiencia poco común en la ciudad y que genera un fuerte impacto tanto en niños como en adultos.
El curso se dividió en dos bloques: teórico y práctico. Durante la sesión teórica, los alumnos aprenden sobre legislación, historia de la cetrería, morfología de las aves y fundamentos del adiestramiento. Pérez ha destacado la importancia de comprender la historia y el valor cultural de la cetrería.
“Hemos estado dando las primeras tres horas de teoría, hablando un poquito más sobre legislación, sobre la historia de la cetrería, un arte milenario, patrimonio de la humanidad, y sobre morfología de los animales. Mi compañera Marina, que es cetrera, va a hablar un poquito más sobre el arte de la cetrería, sobre el manejo de aves rapaces, sobre el adiestramiento, los diferentes materiales que se utilizan y diferentes tipos de vuelos. Vamos a abarcar un poquito desde la historia y la morfología de las aves hasta la cetrería íntegramente.”
La práctica se realizará mañana domingo, durante tres horas, con interacción directa con las aves, incluyendo alimentación, vuelos y demostraciones de adiestramiento.
“Mañana vamos a hacer práctica, donde vamos a trabajar directamente con nuestras seis aves rapaces. Al final es una iniciativa, la primera de tantas del Centro de Educación Ambiental, y esperamos, sobre todo a través de octubre, tener diferentes eventos y actividades en la calle. Invitamos a todos los melillenses a participar de ellas porque es una forma nueva de trabajar la educación ambiental aquí en la ciudad”, señala Pérez.
La acogida del curso ha sido positiva, con once inscritos, superando el límite inicial de diez alumnos previsto para garantizar la manipulación segura de las aves. Entre los participantes, José Carralero ha compartido su experiencia.
“Lo que más me ha gustado es el contacto con los animales. Fran es un gran profesional, explica muy bien todo. Me voy de aquí con muy buenas sensaciones. Ya de por sí a mi novia y a mí nos interesa mucho el tema de los animales, pero que te lo pueda explicar de primera mano un profesional es mejor. También Marina que es cetrera, y la oportunidad de tener unos animales que solo puedes ver por televisión, los coges con tu mano y te explican las labores que hacen. Es muy constructivo.”
Carralero también comentó su impresión al manipular a las aves. “No me dio miedo cogerlo con la mano porque estoy acostumbrado a tratar con animales desde chiquitito. No me dan miedo, de hecho me gustan mucho. Es verdad que impresionan cuando aprietan las garras, pero nada más”.
Sobre lo que considera más especial de la experiencia. “Creo que lo mejor llega mañana, porque vamos a tener un contacto directo con los animales, más físico. Vamos a pasarlos de un guante a otro con comida, y entonces eso sí va a ser una experiencia brutal. Yo creo que es lo que más nos llena a todos, porque al final la teoría sí está muy bien saberla, pero volar un pájaro tú mismo, creo que eso es lo que va a marcar la diferencia.”
Además, ha aprendido aspectos que desconocía sobre las aves muy interesantes. “No sabía nada de estos animales, nada de nada, y es curioso cómo se alimentan, cómo se entrenan, el hecho de volar a los pájaros y jugar con lo que comen, los pesos que tienen… O sea, depende si es un águila o un cernícalo, tienen comportamientos totalmente diferentes. Y está guay, estoy aprendiendo un montón, la verdad. Lo recomiendo sin duda”.
El Centro de Educación Ambiental de Melilla tiene planes de organizar más cursos y actividades en los próximos meses.
“Tenemos intención de separar los cursos en el tiempo para prepararlos bien. Pero probablemente en cosa de un par de meses haya otro. Queremos una vez al trimestre como mínimo traer un curso. Tenemos la suerte de tener varias especializaciones, yo soy anillador científico y probablemente el próximo será sobre anillamiento científico de aves, lo mismo con una parte teórica y una parte práctica.”
Con este primer curso, Melilla abre una nueva etapa en educación ambiental. La experiencia ha sido positiva tanto para los alumnos como para los instructores, y marca el inicio de un proyecto que pretende crecer y consolidarse en la ciudad autónoma.
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