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El Banco de Alimentos de Melilla impulsa charlas de nutrición desde un enfoque divulgativo

La entidad estrenará el 10 de febrero un nuevo ciclo formativo con la sesión 'Bases de la nutrición: alimentación consciente', impartida por el doctor en Biología Juan Antonio González

El Banco de Alimentos de Melilla pondrá en marcha un nuevo proyecto de charlas centradas en nutrición, una iniciativa dirigida principalmente a personas beneficiarias y que también se abre a quienes forman parte del día a día de la entidad, desde trabajadores hasta personas vinculadas a la atención y el reparto de alimentos. El ciclo arrancará con la primera sesión titulada “Bases de la nutrición: alimentación consciente”, prevista para el 10 de febrero de 2026, a las 11:00 horas, en la nave del Banco de Alimentos, según la convocatoria difundida por la organización.

La ponencia estará a cargo de Juan Antonio González, doctor en Biología por la Universidad de Granada (UGR) y recientemente jubilado, que conducirá esta charla como una introducción clara y accesible a conceptos esenciales relacionados con la alimentación. El enfoque es divulgativo: la intención es que los asistentes entiendan mejor de qué se habla cuando aparecen términos nutricionales en conversaciones cotidianas, en mensajes públicos o en información que circula por distintos canales, sin necesidad de entrar en un lenguaje técnico.

Con este proyecto, el Banco de Alimentos amplía una línea educativa que ya venía desarrollando, centrada en buena medida en la concienciación sobre el desperdicio alimentario. En los últimos años, la entidad ha impulsado charlas y acciones de sensibilización en centros educativos y espacios sociales para trasladar hábitos responsables y promover un uso más consciente de los recursos. En ese contexto, el Banco recuerda que el año pasado participaron más de 3.000 personas en este tipo de actividades formativas, un dato que, según la organización, refleja el interés social por iniciativas que combinan información práctica y utilidad comunitaria.

La novedad ahora es el giro temático hacia la nutrición, sin abandonar el espíritu pedagógico. La entidad plantea que, además de hablar de cómo evitar que se desperdicien alimentos, también resulta necesario ofrecer herramientas para comprender la alimentación desde un punto de vista más completo. Por eso, la charla se presenta como un espacio para asentar nociones fundamentales que ayuden a ordenar ideas y despejar confusiones frecuentes en un ámbito donde abundan mensajes simplificados y recomendaciones que, a veces, se transmiten como verdades universales.

En esa línea, el enfoque de la sesión parte de una explicación biológica general, con referencias a aspectos bioquímicos y fisiológicos en términos comprensibles. La idea es trasladar que comer no es solo cuestión de hábitos o preferencias, sino un proceso que se relaciona con cómo funciona el cuerpo: cómo se obtiene energía, cómo se gestionan los nutrientes y cómo influyen varios factores en la respuesta individual. Desde la preparación de estas charlas se subraya, precisamente, que la nutrición no se comporta igual en todas las personas y que no todo vale para todo el mundo de la misma manera.

González vincula esa variabilidad a la genética, lo que le lleva a una conclusión práctica en la que conviene desconfiar de afirmaciones tajantes sobre lo que “funciona” siempre. En lugar de un recetario cerrado, la charla se plantea como una formación de base para hablar con más propiedad sobre nutrición, comprender significados y reducir el riesgo de confundir conceptos. El objetivo, en definitiva, es dotar de un marco mínimo que permita interpretar mejor lo que se lee o se escucha y distinguir explicaciones razonables de mensajes excesivamente simplificados.

Para hacer esa mirada más cercana, el ponente incorpora además un hilo evolutivo que conecta hábitos actuales con la biología del organismo. González lo explica con una comparación: como especie, lo que más ha cambiado a lo largo de la evolución es el cerebro, mientras que el resto del cuerpo —órganos y estructuras— mantiene un funcionamiento más antiguo, evolucionando a un ritmo similar al de otros mamíferos. Ese contraste, sostiene, ayuda a entender por qué el entorno y la forma de comer han cambiado a gran velocidad, mientras el organismo continúa respondiendo con mecanismos biológicos.

Desde ese contexto, señala que la relación humana con ciertos alimentos se comprende mejor mirando atrás. Habla de un origen frugívoro y de la presencia prolongada de los frutos en la historia alimentaria, una idea que, en su razonamiento, refuerza el papel de los vegetales como base de la dieta. A su vez, introduce el matiz de la proteína animal en la historia humana, pues, en determinados momentos, esa disponibilidad habría influido en el desarrollo del cerebro. Por eso, al hablar de proporciones, menciona referencias generales “que marca la ciencia” como guía: proteínas alrededor del 20% y grasas alrededor del 20%, siempre como una orientación inicial que después debe ajustarse a cada persona.

Dentro de ese marco divulgativo, la sesión también pone el foco en los hábitos y en el papel de las proporciones, insistiendo en que el contexto importa y que lo cotidiano puede tener efectos distintos según la persona y su situación. De ahí que el concepto de “alimentación consciente” se conecte con prestar atención a lo que se come, cómo se come y por qué se come, alejándose de automatismos y de decisiones impulsadas por el ruido informativo.

Otro de los aspectos que se prevé abordar es la relación con los productos procesados y el hábito de revisar etiquetas. La charla busca reforzar la importancia de entender qué se está comprando y consumiendo, y de devolver protagonismo a productos frescos y elecciones más claras, desde un enfoque de aprendizaje básico. La idea no es imponer prohibiciones, sino aportar criterios sencillos para decidir con más información y reducir la confusión que generan mensajes contradictorios o recomendaciones poco cuidadas.

El Banco de Alimentos enmarca esta formación en una visión amplia de concienciación social. En su línea de trabajo, la entidad viene señalando el problema del desperdicio alimentario y el papel que juegan los hogares, recordando que una parte relevante de lo que se tira procede del ámbito doméstico. El objetivo de fondo es que el conocimiento se traduzca en prácticas cotidianas más responsables: aprovechar mejor los alimentos, planificar compras, organizar la despensa y adoptar hábitos sostenibles. En esa lógica, hablar de nutrición suma una dimensión complementaria: comprender mejor la alimentación para relacionarse con ella de forma más consciente y menos confusa.

La iniciativa nace, además, con vocación de continuidad. La intención es dar periodicidad a estas charlas y adaptarlas a la demanda, atendiendo a las inquietudes que vayan surgiendo. Con esta primera convocatoria, el Banco de Alimentos abre un nuevo espacio de aprendizaje accesible y práctico, en el que la biología y la evolución se usan como herramientas para entender mejor qué comemos y cómo lo hacemos.

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