Con la llegada del verano, alquilar una vivienda en Melilla se ha vuelto cada vez más complicado y caro. Los precios no paran de subir y, en muchos casos, los inquilinos tienen que destinar entre el 45% y el 55% de su salario mensual solo para pagar el alquiler. Esto está generando mucha preocupación entre las familias melillenses y los trabajadores que vienen a la ciudad autónoma, que cada vez tienen más dificultades para encontrar una vivienda que puedan permitirse.
Según datos recientes del Observatorio de la Fundación Alquiler Seguro, el precio medio del alquiler en Melilla fue de unos 745 euros al mes en 2024. Y para 2025, la tendencia sigue siendo al alza. Algunos portales inmobiliarios como Idealista estiman que se pagan ya unos 10 euros por metro cuadrado. Aunque pueda parecer una cifra menor que en otras ciudades de España, hay que tener en cuenta que la mayoría de sueldos en Melilla (excepto los de los funcionarios) son más bajos, por lo que el impacto es mayor.
Para hacer una comparativa el precio medio de España en 2025 según un estudio de Fotocasa es de 13,89 euros por metro cuadrado, siendo la provincia más cara para alquilar Madrid, con 21,10 euros por metro cuadrado y la más barata Jaén, con 6,24€/m² al mes.
Por ejemplo, alquilar un piso de tamaño medio en Melilla cuesta entre 700 y 900 euros mensuales. Si una persona gana unos 1.500 euros al mes, que es el sueldo medio en la ciudad, eso significa que tiene que dedicar la mitad o más de su sueldo solo para pagar el alquiler. Eso deja muy poco margen para otros gastos básicos como comida, transporte u ocio.
Además, la oferta de pisos en alquiler es muy escasa. Se calcula que por cada vivienda que sale al mercado, hay unas 10 personas interesadas en alquilarla en menos de dos semanas. Esto hace que los precios suban aún más y que encontrar piso sea una auténtica carrera contrarreloj.
La construcción de viviendas protegidas tampoco ha ayudado mucho. Entre 2011 y 2020, solo el 5,3% de las viviendas construidas eran de protección oficial. Desde 2019 no se ha construido ninguna nueva en esta categoría, lo que ha empeorado aún más la situación, aunque ahora el Gobierno tiene previstas 68 viviendas cuya primera piedra se pondrá en 2025. Y para colmo, muchas viviendas que antes estaban en alquiler han sido retiradas del mercado. En 2024, por ejemplo, unas 45 viviendas dejaron de alquilarse, lo que reduce aún más la disponibilidad.
Para intentar mejorar las cosas, la Ciudad Autónoma ha puesto en marcha algunas ayudas. Por ejemplo, se ha aprobado un sistema de aval público para jóvenes menores de 35 años y familias con menos recursos. Este aval garantiza a los propietarios que cobrarán el alquiler, aunque el inquilino no pueda pagar. Así se busca dar más seguridad a ambas partes. Sin embargo, muchos expertos creen que estas medidas no son suficientes y que hace falta construir más vivienda pública y regular mejor el mercado.
Mientras tanto, otro fenómeno ha ido ganando fuerza en Melilla: el alquiler vacacional. Cada vez son más los propietarios que optan por alquilar sus pisos a turistas a través de plataformas como Airbnb. Actualmente hay más de 70 alojamientos turísticos activos en la ciudad, según los últimos datos disponibles.
Estos alojamientos tienen precios muy variados. Se pueden encontrar desde 17 euros por noche, aunque lo más habitual es que ronden los 67 euros diarios. En verano, especialmente en agosto, estos precios pueden subir hasta los 85 euros por noche, aprovechando la alta demanda. Muchos propietarios logran ingresos anuales de entre 9.000 y 13.000 euros con este tipo de alquiler, aunque también deben asumir gastos de limpieza, mantenimiento y gestión.
El mes de agosto es, sin duda, el más rentable para los alquileres vacacionales en Melilla. Coincide con el pico turístico que se produce por la Operación Paso del Estrecho, cuando miles de personas cruzan desde Europa hacia Marruecos. En 2024, por ejemplo, se alcanzaron cifras récord: más de 15.000 pernoctaciones solo en agosto y un aumento del 40% en el número de turistas respecto al año anterior. Muchos hoteles estuvieron llenos y los visitantes recurrieron a apartamentos turísticos para alojarse.
Aunque el número de viviendas destinadas al turismo sigue siendo pequeño en comparación con otras ciudades costeras, su impacto ya se deja notar. Algunos propietarios prefieren retirar sus viviendas del alquiler de larga duración para ofrecerlas como alquiler vacacional, al menos durante los meses de verano. Esto reduce todavía más la oferta de pisos para quien busca residencia de larga estancia en Melilla.
Esta situación está generando tensiones entre quienes viven en Melilla y quienes ven en el turismo una oportunidad para ganar dinero. Las familias que buscan piso temen que la subida de precios y la falta de oferta empeoren, mientras que los propietarios defienden su derecho a rentabilizar sus propiedades como prefieran.
Las autoridades locales son conscientes del problema y han tratado de tomar medidas. Por ejemplo, se han impulsado ayudas al alquiler para jóvenes y se han limitado las subidas anuales de los precios al 2,19%, en línea con la Ley de Vivienda estatal. Sin embargo, Melilla no ha sido declarada "zona tensionada", lo que significa que no se pueden aplicar medidas más estrictas como el control de precios o la limitación del número de viviendas turísticas.
Desde el sector turístico se argumenta que el alquiler vacacional no solo beneficia a los propietarios, sino que también impulsa la economía local. Según un informe de Airbnb junto con Oxford Economics, este tipo de alojamiento genera el 2% del PIB en España y da empleo a más de 400.000 personas. Además, la mayoría de las viviendas que se alquilan en Melilla a través de estas plataformas se usan solo de forma ocasional y no estarían disponibles para alquiler permanente de todas formas.
De cara al verano de 2025, el escenario no parece que vaya a cambiar mucho. El turismo seguirá creciendo, y con él, el interés por el alquiler vacacional. Mientras tanto, los residentes seguirán enfrentando precios altos, poca oferta y muchas dificultades para acceder a una vivienda digna.
Expertos y colectivos sociales coinciden en que es urgente encontrar un equilibrio. Es necesario impulsar la construcción de más vivienda asequible, regular el alquiler turístico para que no se masifique como en otras ciudades españolas y proteger a los inquilinos más vulnerables. Solo así se podrá garantizar que Melilla siga siendo una ciudad viva, acogedora y accesible para quienes viven en ella todo el año.
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