El absentismo laboral en Melilla: un desafío que exige reformas valientes

La elevada dependencia del empleo público y la falta estructural de personal agravan el impacto de las bajas laborales en los servicios esenciales de la ciudad

El absentismo laboral vuelve a situarse en el centro del debate público, y en Melilla el fenómeno adquiere una dimensión especialmente sensible. En una ciudad donde más del 40% del empleo depende directamente del sector público, cualquier incremento en las bajas laborales repercute de forma inmediata en la calidad de los servicios esenciales. La administración, la sanidad y la educación —los tres pilares del empleo local— funcionan con plantillas ajustadas, y cada ausencia se nota más que en territorios con un tejido empresarial más amplio.

A nivel nacional, las bajas laborales han aumentado de forma sostenida en los últimos años, especialmente tras la pandemia. En Melilla, este incremento se ha dejado sentir con fuerza en sectores críticos. El Hospital Comarcal, que ya arrastra desde hace años una falta estructural de especialistas, ha tenido que reorganizar turnos en varias ocasiones para cubrir ausencias. En educación, los centros denuncian que las sustituciones tardan en llegar y que la falta de personal genera sobrecarga en los equipos docentes.

Un problema con raíces diversas

El absentismo no puede explicarse desde una única causa. En Melilla confluyen factores sanitarios, organizativos y sociales. La presión asistencial del Ingesa, que atiende a una población con una de las tasas de natalidad más altas de España y una prevalencia significativa de enfermedades crónicas, provoca que las consultas estén saturadas y que los procesos de baja y alta médica se dilaten más de lo deseable.

A ello se suma un elemento estructural: la dificultad para atraer y retener profesionales sanitarios. La ciudad lleva años encadenando concursos de traslado desiertos en especialidades clave, lo que obliga a trabajar con plantillas reducidas y aumenta la probabilidad de bajas por estrés, sobrecarga o agotamiento.

En el ámbito administrativo, la situación no es muy distinta. La falta de personal en áreas como servicios sociales, justicia o educación genera cuellos de botella que se agravan cuando se producen ausencias prolongadas.

Mutuas y servicios públicos: una coordinación mejorable

Uno de los puntos más señalados por los expertos es la necesidad de mejorar la coordinación entre el Ingesa, las mutuas y las administraciones. En Melilla, donde los recursos sanitarios son limitados y la demanda es alta, los procesos de baja y alta médica pueden tardar más que en otras comunidades.

Otorgar a las mutuas un mayor margen de actuación en el seguimiento de las bajas por contingencias comunes —siempre con garantías médicas y sin presiones indebidas— permitiría aliviar la carga del sistema público y agilizar los trámites. No se trata de recortar derechos, sino de evitar que una baja se prolongue por pura inercia administrativa.

Productividad y bienestar: un equilibrio necesario

El absentismo no puede abordarse como un conflicto entre empresas y trabajadores. En Melilla, donde muchas organizaciones funcionan con equipos reducidos, cada ausencia tiene un impacto directo en la prestación de servicios. Pero la solución no pasa por endurecer controles, sino por mejorar las condiciones laborales y reforzar la prevención.

Las entidades que invierten en ergonomía, salud mental, conciliación y formación suelen registrar menores tasas de absentismo. En una ciudad donde el estrés laboral convive con la falta de recursos, apostar por el bienestar no es un lujo: es una estrategia de eficiencia.

Reformas urgentes para una ciudad con necesidades específicas

Melilla necesita medidas adaptadas a su realidad. Entre las prioridades figura la digitalización completa de los procesos de baja y alta médica, con el objetivo de reducir trámites burocráticos y acortar los tiempos de espera. Asimismo, resulta imprescindible reforzar la coordinación entre el Ingesa, las mutuas y las distintas administraciones mediante protocolos claros y compartidos que eviten duplicidades y retrasos.

También se considera necesario implantar planes de prevención específicos en sectores especialmente sensibles como la sanidad, la educación y la seguridad, donde la sobrecarga laboral es más evidente. A ello se suma la puesta en marcha de programas de reincorporación progresiva tras bajas prolongadas, facilitando una vuelta al trabajo escalonada que reduzca recaídas.

Otra medida clave pasa por mejorar las políticas de captación y fidelización de profesionales sanitarios, con incentivos que hagan atractiva la permanencia en la ciudad y eviten la cronificación de plantillas incompletas. Del mismo modo, reforzar los mecanismos de sustitución en educación y en la administración permitiría evitar que las ausencias generen sobrecargas prolongadas en los equipos en activo.

Estas reformas no solo reducirían el absentismo, sino que mejorarían la calidad del empleo y la prestación de servicios públicos en una ciudad donde cada recurso cuenta.

Un desafío que exige consenso

El absentismo laboral en Melilla no es un problema aislado ni atribuible a un único actor. Es un fenómeno que afecta al conjunto de la sociedad y que requiere diálogo, reformas valientes y una visión a largo plazo. La ciudad no puede permitirse un sistema lento, fragmentado y poco adaptado a sus particularidades.

Reducir el absentismo es posible, pero solo si se hace sin sacrificar la salud de los trabajadores. La clave no está en controlar más, sino en cuidar mejor. Y en Melilla, donde cada ausencia pesa más que en otros territorios, ese equilibrio es más urgente que nunca.

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