Hay despedidas que se hacen con la maleta preparada. Y otras que se hacen con el corazón dividido. Eduardo Resa deja Melilla después de ocho años como vicario episcopal y lo hace con esa sensación. “Tengo el corazón partido. Completamente”, reconoce. Este domingo, emprenderá el camino de vuelta a Málaga después de que José Luis Pastor haya tomado posesión este sábado como nuevo vicario episcopal de la ciudad.
Resa llegó a Melilla en 2018. El 13 de octubre de aquel año tomó posesión como vicario territorial en la iglesia del Sagrado Corazón. Desde entonces, su vida ha quedado ligada a la ciudad y también a esta parroquia, donde ha ejercido como sacerdote. Durante estos años ha estado además muy vinculado a las cofradías y a la vida religiosa de Melilla. Fue director espiritual de la Cofradía de la Soledad y ha acompañado de cerca a distintas comunidades y celebraciones.
Pero la decisión de marcharse no la tomó él. La conoció el 27 de mayo, cuando el obispo le comunicó su traslado. “Me cayó como un jarro de agua fría porque yo no contaba con ello para nada”, cuenta. Y después, como ha repetido en otras ocasiones, tocaba obedecer. “Soy hijo de obediencia”.
Ahora que el momento ha llegado, no esconde que cuesta. Mucho. Porque ocho años dan para conocer una ciudad, sus calles, sus parroquias y, sobre todo, a sus personas. “Para mí Melilla es parte de mi corazón”, asegura. Y lo explica de una forma muy suya. “Aquí se queda mi corazón y, entonces, al quedarse mi corazón, se queda un trozo de mi vida, indiscutiblemente. Y yo me llevo otro trozo de vida muy grande”.
En esos ocho años también hubo momentos difíciles. Resa recuerda especialmente tres años que fueron “muy complicados, muy difíciles”. Pero destaca el apoyo recibido. “Yo he sido de toda Melilla, pero especialmente de la comunidad cristiana y también de todas las comunidades”. Para él, ese acompañamiento ha sido una de las partes más importantes de su paso por la ciudad.
Su trabajo no se ha limitado a las celebraciones religiosas. Resa ha estado presente en distintos ámbitos de la vida melillense y ha defendido en numerosas ocasiones el carácter de convivencia de la ciudad. En febrero, la Diócesis de Málaga destacaba precisamente su papel a la hora de explicar al nuevo obispo, José Antonio Satué, la realidad social y religiosa de Melilla.
Y esa idea sigue intacta en su despedida. ¿Es Melilla un ejemplo de convivencia religiosa? Resa no duda. “Por supuesto que sí, eso lo mantengo y lo sostengo donde haga falta”. Eso sí, admite que en los últimos tiempos ha visto “más rupturas de intransigencia”, aunque cree que todavía hay margen para corregirlas. “Yo creo que eso se puede ir, todavía estamos a tiempo de enmarcarlo y yo diría que incluso de eliminarlo”.
Se marcha, además, con alguna espina clavada. Le habría gustado ver terminadas varias obras de templos que están en proceso de rehabilitación. “A mí me hubiera gustado dejar las iglesias abiertas al culto”, explica. Se refiere a la Iglesia de la Purísima y a la de la Medalla Milagrosa. Las obras, señala, están muy avanzadas. En la Iglesia del Pueblo, la Purísima Concepción, incluso ha estado recientemente comprobando cómo avanzan los trabajos de los retablos.
Pero sabe que no todo depende de él. Y toca marcharse.
Su última etapa en Melilla ha estado marcada también por la despedida de la Virgen de la Victoria. El 8 de septiembre vivió su última función religiosa dedicada a la patrona de la ciudad. La jornada tuvo un significado especial y el propio presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, reconoció públicamente su labor.
Ahora ya hay relevo. José Luis Pastor asumió este sábado la responsabilidad de ser el nuevo vicario episcopal de Melilla en una celebración en el Sagrado Corazón. Resa estuvo allí. Una imagen que resume bien el cambio de etapa.
¿Y qué le dice al sacerdote que toma ahora el testigo? No quiere dar demasiados consejos. “Yo no he sido de consejos. Creo que es un cura experimentado y que sabrá lo que tiene que hacer”. Solo uno. El más sencillo y quizá el más difícil. “Que quiera muchísimo a la gente”.
Y antes de cerrar la puerta de Melilla, Resa deja un último mensaje. Gracias. Muchas veces. “Si alguna vez he metido la pata, que también me he equivocado”, reconoce. Después, mira hacia delante. “Siempre adelante, porque es una ciudad que merece la pena”.
Su nuevo destino estará en Málaga, en la parroquia del Corpus Christi, en Pedregalejo. Pero Melilla no desaparece de su historia. Ni mucho menos.
“Pues volver, si Dios quiere”. Y deja una última frase que resume mejor que ninguna otra lo que supone decir adiós después de ocho años: “Siempre que vuelva, volveré con el corazón ensanchado”.
El Ministerio del Interior, dirigido por Fernando Grande-Marlaska, ha solicitado a la Real Federación Española…
El Consejo de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Extremadura (Coexfar) condecorará a los Colegios Oficiales…
El Rey Felipe VI ha asegurado al director general de Seguridad Ciudadana de Melilla, Antonio…
La Asociación Andaluza de la Empresa Familiar (AAEF) celebró este jueves su XXV Aniversario con…
Después de recorrer el mundo simbólico de la Vieja Europa, llegamos ahora a uno de…
El Gobierno de Melilla confía en que a la cuarta sea la vencida y que,…