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Detectan por primera vez en Melilla al reyezuelo sencillo, un ave forestal del norte de Europa

Melilla despide el año con una excelente noticia para la biodiversidad local: la observación por primera vez en la ciudad del reyezuelo sencillo (Regulus regulus), una pequeña ave forestal estrictamente insectívora, que hasta ahora no había sido citada en el territorio melillense. El hallazgo ha sido posible gracias al naturalista José Linares, que fotografió al pájaro durante una de sus salidas para observar la fauna en los Pinares de Rostrogordo, en la zona norte de la ciudad. A su vez, Francisco Gonzales ha observado dos reyezuelos durante este domingo.

El descubrimiento ha sido celebrado por miembros de Guelaya Ecologistas en Acción, quienes destacan la importancia de este tipo de observaciones realizadas por personas comprometidas con el medio ambiente. Manolo Tapia, integrante de la organización, señala que esta es la primera vez que se documenta la presencia del reyezuelo sencillo en Melilla. Lo que hace particularmente interesante esta observación es que esta especie no forma parte del área habitual de distribución ni de invernada de la ciudad. Por eso, su aparición aquí despierta interés entre los naturalistas y plantea preguntas sobre si Melilla podría empezar a considerarse parte de su zona de invernada en el futuro.

El reyezuelo sencillo es una de las aves más pequeñas de Europa. Su nombre se debe a una característica franja de plumas amarillas en la cabeza, bordeada de negro, que recuerda a una pequeña corona. Puede levantar esas plumas y hacer más visible su cresta cuando se siente alerta o durante el cortejo. De comportamiento solitario, esta ave puede desplazarse individualmente y habita en zonas boscosas, especialmente en coníferas, donde busca los insectos de los que se alimenta. Al contrario de otras especies que se desplazan en grupo o forman bandadas, el reyezuelo suele moverse sin compañía. Esto explica por qué solo se ha visto un ejemplar en esta ocasión.

La zona de Rostrogordo, donde se ha producido el avistamiento, encaja con el tipo de hábitat que frecuenta el reyezuelo, ya que las coníferas (pinos, abetos, cipreses...) son su entorno favorito para buscar alimento. En este caso concreto, su presencia tiene aún más valor, ya que el pinar melillense está afectado por una grave plaga del insecto Tomicus, que ha provocado la muerte de numerosos árboles en los últimos años. Las aves son los mejores aliados también contra una plaga forestal muy preocupante, la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), señala Tapia. En este sentido, la aparición de un ave insectívora como el reyezuelo sencillo en este contexto es una buena noticia, porque podría desempeñar un papel en el control natural de estas plagas y contribuir al equilibrio ecológico del bosque, asegura Tapia.

Tapia resalta que este tipo de registros tiene un gran valor, especialmente porque provienen de observadores que, sin ser científicos profesionales, realizan una labor constante y rigurosa. Muchos descubrimientos de especies presentes en determinados territorios no provienen de investigaciones académicas, sino del trabajo silencioso y apasionado de quienes salen al campo a observar y fotografiar la flora y la fauna como José Linares. Son ellos quienes primero detectan cambios en las especies y en sus comportamientos, y gracias a sus observaciones se alimentan los catálogos oficiales.

El hecho de que el reyezuelo sencillo se haya dejado ver en Melilla abre la puerta a nuevas hipótesis sobre su comportamiento migratorio. Aunque algunas poblaciones del norte de Europa se desplazan hacia el sur durante el invierno, no es común que lleguen tan lejos. Hasta ahora, su área de invernada se situaba en zonas del sur de España o del norte de África, en la zona argelina pero bastante alejadas de Melilla. Que aparezca aquí podría ser un indicio de que sus rutas están cambiando, posiblemente como consecuencia del cambio climático. Según explica Tapia, el estudio de la fenología de las aves —es decir, de los momentos y lugares en los que aparecen a lo largo del año— permite detectar cómo el calentamiento global está modificando sus desplazamientos. Con el aumento de las temperaturas, en los últimos años se han registrado especies que antes habitaban en latitudes más al sur y que ahora se están viendo en zonas nuevas. Es el caso, por ejemplo, del escribano sahariano (Emberiza sahari), que recientemente también ha sido observado en Melilla o el corredor sahariano (Cursorius cursor) que ha sido registrado en zonas peninsulares.

José Linares fotografió al reyezuelo sencillo, pero también ha captado la imagen de otro ave de gran valor ecológico: el chorlito patinegro (Charadrius alexandrinus). Una especie protegida y en peligro de extinción, que si bien es habitual en lugares cercanos como la Mar Chica, no suele encontrarse en las playas melillenses. Su presencia podría ser indicativa de que estas zonas están empezando a ofrecer condiciones adecuadas para su asentamiento, lo que, según Tapia, debería motivar medidas concretas de protección, como ya ocurre en otras regiones donde se habilitan zonas de exclusión para garantizar la tranquilidad de las aves durante la época de cría.

La riqueza natural de Melilla, muchas veces subestimada por la propia ciudadanía, esconde un enorme valor ecológico por su localización geográfica. Se encuentra en un punto de contacto entre dos continentes, en la costa del Mar de Alborán, que es el área más biodiversa de todo el Mediterráneo. Está rodeada de espacios naturales únicos como el Gurugú, Cabo Tres Forcas y la Mar Chica, todos ellos zonas de alto valor ecológico. Además, por su situación, alberga especies endémicas, como ciertos reptiles, que no se encuentran en ninguna otra parte del territorio nacional. Esta singularidad convierte a Melilla en un lugar clave para el estudio y conservación de la biodiversidad.

Desde Guelaya valoran la labor de los naturalistas como un pilar fundamental para conocer y proteger este patrimonio natural. Manolo Tapia recuerda que observaciones como las de José Linares deben realizarse siempre con respeto, sin alterar el comportamiento de las especies, pero insiste en su utilidad científica. En un contexto marcado por dos grandes amenazas para el medio ambiente —el cambio climático y la pérdida de biodiversidad provocada por la acción humana—, cada nueva especie registrada representa una oportunidad para conocer mejor nuestro entorno y diseñar estrategias más eficaces para su conservación.

El reyezuelo sencillo ha visitado Melilla, al menos una vez. Ahora queda por ver si este encuentro aislado se repetirá en los próximos inviernos. Si así fuera, podríamos estar ante el inicio de un nuevo patrón migratorio y la consolidación de Melilla como una pequeña, pero significativa, parada en el viaje de esta pequeña joya alada.

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