"De Redford me interesa su faceta política"

Entrevista a José Antonio Jiménez de las Heras, profesor de la Universidad Complutense de Madrid

En el cine hay rostros que se vuelven eternos y el de Robert Redford (1936- 2025) es uno de ellos. Nos ha dejado un mito cinematográfico: Robert Redford, figura potente. Ha sido un titán de la actuación (más de cincuenta películas) a pesar de que nunca ganó el premio Oscar al mejor actor (sería nominado en una ocasión con El golpe). Fue premio Oscar al mejor director en 1981 con Gente corriente y, a su carrera en 2002.

Entrevista a José Antonio Jiménez de las Heras, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, quien destaca la crítica que Robert Redford realizó a la sociedad norteamericana a lo largo de toda su carrera.

-Usted que ama el cine y es profesor de comunicación audiovisual, ¿Qué sintió cuando supo que Redford había fallecido?

-Para mí Robert Redford es una presencia de toda la vida y, cuando me enteré de su muerte, me quedé en estado de shock, pues es el típico personaje que piensas que es eterno. Era una estrella, pero era accesible.

-Con Redford no muere un actor sino un mito. Conquistó la pantalla con su carisma. ¿Qué piensa usted al respecto?

-Sí, algo que ya no se encuentra tanto en el cine. Robert Redford lleva con nosotros desde mi infancia y, si bien se había retirado hacía ocho años su memoria y sus películas seguían acompañándonos. Nunca ha sido uno de mis actores favoritos, pero, si es cierto que ha sido uno de los actores que siempre ha estado ahí.

-De la película que Redford guardaba mejor recuerdo era de El golpe: “Con todo lo que adoro Dos hombres y un destino, El golpe me parece de los mejores filmes de la historia del cine". ¿Qué opina de El golpe ?

-El Golpe es una gran película, la perfecta muestra de cine comercial adulto que antes hacía Hollywood que, hoy por hoy, se echa menos. Pero me gustaría destacar una tercera colaboración olvidada de Redford con Roy Hill que está al mismo nivel, El carnaval de las águilas, con William Goldman como guionista de altísimo nivel. En este largometraje se cuenta la historia de una persona que queda al margen, una película muy dura. Goldman es también guionista de Dos hombres y un destino.

-¿El gran papel de Redford sería...?

-Yo creo que donde Robert Redford define su imagen cinematográfica es la piel de Denys, el cazador en Memorias de África. Redford nos ofrece en ese personaje la imagen de una nueva masculinidad: es viril pero sensible, romántico y vulnerable. Un personaje con aureola mítica, un tipo de héroe diferente a los precedentes.

-Dice Meryl Streep que en la tercera toma ya estaba enamoradísima de él... Si bien hemos hablado anteriormente de Redford y Hill, no menos importante fue su colaboración con Pollack...

-Otro director con un concepto del cine como entretenimiento enfocado a los adultos: un cine comercial pero no convencional que llegaba a grandes públicos. Una mirada adulta hacia el mundo que es de agradecer. En cualquier película de Pollack, aunque aborde diferentes cuestiones, la historia de amor es básica. Así lo reconocía el mismo Pollack al decir que sus películas fueran del género que fueran, siempre eran historias de amor, entendiendo esto como una forma de relación esencial entre adultos. Su héroe ideal era pues Redford. Los tres días del condor (1975), por ejemplo, es un thriller de espionaje pero dentro hay una historia poco convencional, que es la relación sentimental que establece el personaje de Redford con Faye Dunaway. En esa historia, lo que empieza como un secuestro, acaba con historia de amor.

Redford encaja perfectamente en el heroe romántico y trágico.

Efectivamente. En Jeremias Johnson, lo mismo, así como en Tal como éramos, con Barbara Streisand, dos personajes que se reconocen estar hechos el uno para el otro, pero son tan distintos que no son capaces de convivir. Ella judía radical de izquierdas, y él un chico de buena familia que no tiene especiales convicciones. A pesar de estar enamorados, no pueden seguir juntos, buscándo parejas más acordes a sus mundos mentales pero por las que no sienten la misma pasión que hay entre ellos.

-No quiso ser un sex simbol y no quería ser recordado por solamente por su belleza. ¿Qué me dice al respecto?

-Redford luchó toda su vida contra su evidente belleza, contra su aspecto de chico sano californiano. Es una estrella clásica, un icono cinematográfico del siglo XX. Un actor con una especie de aura, que por una parte era un icono de la pantalla pero por otra parte alguien que parecía accesible y cercano al espectador. nadie puede negar la extraordinaria belleza de Redford, pero eso no le impide ser un actor mucho más sólido de lo que aparentaba; al inicio esa belleza pudo dificultar el que se vieran sus otras facetas, pero pronto lo superó.

-Seductor de varias generaciones, título que compartió con Paul Newman, con quien rodó películas de gran éxito como El Golpe. Fue entonces cuando Redford conoció a Paul Newman, una amistad que duraría toda la vida. Dos actores muy guapos ambos con una mirada azul.

-Paul Newman tenía una belleza más dura con esos ojos azules inquietantes, Redford era más guapo, en el sentido convencional, más apolíneo, con un aspecto de la imagen ideal del wasp. Un actor que ha funcionado igualmente en comedia que en drama.

-Con la muerte de Robert Redford no se ha ido uno, sino todos los Redford que han existido en diferentes campos en Estados Unidos. ¿Podría profundizar esta idea?

-Es que hay "muchos Reford". Es importante su carrera como actor, pero también como director y su compromiso político (como director, actor y como ciudadano).

-Para Redford no había frase más evocadora que el "érase una vez" con el que empiezan todas las historias. Redford en su faceta de director. ¿Qué opinión le merece?

-Pues como director es interesante. Gente corriente (1980) es excelente y hubo polémica pues competía ese año en los Oscars con Toro Salvaje. Y fue Redford quien ganó los Oscars a Mejor director y a mejor película (competiendo, nada menos, que con Tess de Polanski, El hombre elefante de Lynch y la propia Toro Salvaje) Redford demuestra que es un magnífico director de actores, que logra cosas que uno mediocre no podría. Su experiencia actoral la aprovecha bien para dirigir a actores. Es una historia trágica basada en personajes: un magnífico Donald Sutherland, que cambia en esta película la imagen cinematográfica, Tyler Moore, que hace un papel de madre fría y distante, que también cambia la imagen que se tenía de ella del show televisivo. Timotthy Hutton que hace de hijo logró el Oscar al mejor actor no protagonista. Redford demuestra que sabe dirigir bien a los actores y hacerles cambiar de registro.

-¿Qué nos dice sobre Redford como un icono político?

A mí personalmente me interesa mucho esta faceta. Muchas de sus películas pueden ser clasificadas como políticas y con un contenido claramente crítico bien hacia la sociedad americana bien hacia las políticas de los sectores más retrógrados de la sociedad norteamericana. Muy preocupado también por las expresiones que no eran mayoritarias y hacerlas llegar a un público amplio. Por ello monta el festival de Sundance (bautizado así por su personaje de Dos hombres y un destino).

-Robert Redford es el padre de lo que se llamó el cine independiente de los años noventa. ¿Podría profundizar esa idea de "refugio para voces independientes"?

-Efectivamente, con la creación de Sundance da la posibilidad de abrir voces alternativas en el cine norteamericano y mundial que no están apoyadas por las grandes productoras. Sundance empieza a ser un festival muy pequeño, marginal, que se ha ido consolidando con los años. Sundance es esencial en eso que se ha llamado el cine independiente norteamericano, que quiere buscar otros cauces, otros temas, explorar otras cuestiones, con contenido ideológico importante y se quiere salir de Hollywood. Utilizó su festival, Sundance, como altavoz y escaparate para nuevos creadores que tenían cosas que decir, a menudo a costa de la merma de su propia cartera.

-Quentin Tarantino en 1992 presentó en Sundance su Reservoir Dogs y esa fue su ventana de exhibición que le abrió las puertas al público masivo.

En esa década de los setenta se convirtió en figura fundamental para un cine de calidad, especialmente si era político: El valle del fugitivo, Las aventuras de Jeremiah Johnson, El candidato, Tal como éramos, El golpe, El gran Gatsby. El carnaval de las águilas, Los tres días del Cóndor, Todos los hombres del presidente, El jinete eléctrico y Brubaker... ¿Un actor comprometido?

-Sí, mucho. De las películas políticas que tiene destacaría Leones por corderos es una de las más abiertas u combativas de los últimos tiempos. Como también lo es también La condena sobre el asesinato de Lincon y la inculpación de la madre y uno de los supuestos implicados en el complot. Por una parte, está hablando de un hecho histórico y, por otra, también se plantea la idea de que en nombre de la seguridad se sacrifican valores constitucionales básicos. Es decir, que se basa en un hecho histórico concreto pero está hablando también del tiempo actual: Guantánamo o de la reacción después del 11-S. Redford es una persona comprometida con la realidad de su tiempo y es un actor y director con compromiso fuerte y explícito y eso es para mí una de las partes más interesantes de su trabajo.

-Como actor Redford también participó en películas políticas...

Todos los hombres del presidente, o El Candidato donde se aborda la carrera de un ciudadano que llega a la política de forma marginal y poco a poco va escalando y corrompiéndose al mismo tiempo.

-¿Su última película y su último papel?

Su última película como director es del 2012, Pacto de Silencio, dirigida y protagonizada por él, es muy interesante y de la cual se habla poco. No es una obra maestra pero está bien contada y es sólida. Redford en ella hace el retrato de su propia generación, de personas que fueron activistas de izquierdas que, con el paso del tiempo unos se adaptaron, otros se traicionaron y otros quisieron mantenerse en la lucha quedando marginados y sin objetivos. Una reflexión sobre su generación, con una mirada casi inédita en el cine americano (sería interesante analizarla junto a Running on Empty (Un lugar en ninguna parte) de Lumet, un gran director político que aborda un tema similar con otro enfoque. En 2018 El viejo y la pistola, fue su último papel donde interpreta a un viejo atracador. Una película pensada como homenaje a la imagen cinematográfica de Redford como actor.

-Explique mejor cómo era la imagen cinematográfica que Redford proyectaba...

-Redford siendo tan guapo, simpático, caía igual de bien a hombres a mujeres. Transmitía una simpatía que le hacía cercano. Redford cimentó su imagen mítica en El hombre que susurraba a los caballos, con un personaje parecido al Denys de Memorias de África, un ser solitario, decepecionado del muno y sus gentes, renuente al amor y defensor a ultranza de su independencia, que se refugia en su trabajo, dentro de un mundo que se ha construido, hasta que se enamora, pero este amor no será posible.

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