Ana González Navarro, profesora de lengua y literatura árabes en la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en literatura marroquí contemporánea. -Cedida por González-
La historia de la literatura árabe escrita por mujeres es mucho más larga y compleja de lo que a menudo se reconoce. Aunque durante siglos su presencia ha quedado en segundo plano dentro del canon literario, las escritoras han formado parte de esta tradición literaria desde sus orígenes. Así lo explica Ana González Navarro, profesora de lengua y literatura árabes en la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en literatura marroquí contemporánea, quien subraya que las mujeres han participado en la creación literaria árabe desde la etapa más temprana de su desarrollo.
Para entender ese recorrido, González recuerda que la literatura árabe nació inicialmente como una tradición oral en la que la poesía desempeñaba un papel central. Con el paso del tiempo, esas composiciones comenzaron a fijarse por escrito y a formar parte de los primeros registros literarios. En ese momento inicial ya aparecen nombres femeninos que han quedado recogidos en la historia de la literatura.
Entre las figuras más conocidas se encuentra Al-Jansá, poeta de época preislámica considerada una de las primeras mujeres cuya obra se conserva dentro de la tradición literaria árabe. Sus poemas, que forman parte de los primeros repertorios poéticos recogidos por escrito, la sitúan como una de las voces femeninas más tempranas de esta tradición. A ella se suma Layla al-Ajyaliyya, poeta de la época islámica, y Sukayna bint Husayn, conocida no solo por su producción poética sino también por sus comentarios sobre la obra de otros autores, lo que la convierte en una figura temprana de lo que podría considerarse una forma inicial de crítica literaria.
Según explica González Navarro, la presencia femenina en estos primeros momentos aparece sobre todo en el ámbito de la poesía. Esto responde, en gran medida, a la propia evolución de la literatura árabe. Durante siglos, la poesía fue el género literario dominante y el principal medio de expresión cultural. “Donde más mujeres encontramos es en el ámbito de la poesía porque era el género literario por excelencia de la tradición literaria árabe”, señala.
Muchas de las composiciones que han llegado hasta nuestros días pertenecen a géneros considerados socialmente apropiados para las mujeres, como las elegías o determinados tipos de poesía amorosa. Sin embargo, la tradición también recoge voces que se apartaron de esos marcos establecidos. Entre ellas figura Rabia al-Adawiya, poeta vinculada al sufismo, cuya obra ha sido recopilada posteriormente por la tradición literaria. A estas voces se suman también los poemas creados por esclavas y cantoras de las cortes, cuya producción formaba parte de la vida cultural de los círculos de poder.
Otro momento relevante dentro de esta genealogía literaria aparece en Al-Ándalus, donde destaca la figura de Wallada bint al-Mustakfi, poeta conocida por los versos que intercambió con el poeta Ibn Zaydún. Sus poemas muestran una voz directa que expresa tanto el amor como el conflicto con su antiguo compañero, algo que la convierte en una figura singular dentro de la poesía andalusí.
Durante muchos siglos, la presencia femenina en la literatura árabe estuvo ligada principalmente a la poesía. El panorama comenzaría a transformarse de manera más evidente a partir del siglo XIX con la llegada de la Nahda, el llamado renacimiento árabe. Este periodo estuvo marcado por importantes cambios sociales, culturales e intelectuales que afectaron profundamente al mundo árabe.
Según explica González Navarro, la expansión de la imprenta y el desarrollo de la prensa jugaron un papel fundamental en ese proceso. En ese contexto surgieron nuevos espacios de debate sobre la modernización de las sociedades árabes y, entre los temas que comenzaron a discutirse, apareció también la cuestión del papel de las mujeres.
Las propias mujeres participaron activamente en ese debate. Un ejemplo significativo es la revista Al-Fatat (La chica), fundada en 1892 por Hind Nawfal, considerada una de las primeras publicaciones dirigidas por mujeres en el mundo árabe. Estas revistas se convirtieron en espacios de reflexión sobre la situación femenina, pero también en lugares donde comenzó a desarrollarse una nueva producción literaria.
En ese mismo entorno aparecieron algunas de las escritoras que contribuyeron a la consolidación temprana de la narrativa árabe. Entre ellas destacan Zaynab Fawwaz, Labiba Hashim y Afifa Karam, consideradas pioneras en la aparición de la novela árabe moderna. Sus obras, publicadas en la transición entre los siglos XIX y XX, combinaban elementos románticos e históricos y se consideran antecedentes del desarrollo posterior de la narrativa en lengua árabe. Al mismo tiempo, la poesía continuó siendo un espacio importante para la expresión literaria femenina. Autoras como Warda Yaziyi o Aicha Taymur siguieron cultivando este género en una época marcada por profundas transformaciones culturales.
A lo largo del siglo XX, la presencia de mujeres en la literatura árabe se amplió considerablemente. En el ámbito de la poesía, una de las figuras más influyentes fue la escritora iraquí Nazik al-Malaika, reconocida por su papel en la introducción del verso libre en la poesía árabe contemporánea. Junto a ella, la poeta palestina Fadwa Tuqan destacó por renovar el lenguaje poético y por incorporar a sus textos temas relacionados con la experiencia personal, la identidad y la realidad política.
En el terreno de la narrativa, el proceso de consolidación fue progresivo. Sin embargo, la publicación de algunas novelas a finales de los años cincuenta marcó un momento significativo en el desarrollo de la escritura femenina. Entre ellas destaca Ana ahya (Yo vivo), de la escritora libanesa Layla Baalbaki, publicada en 1958, y Ayyam ma'hu (Días con él), de la autora siria Colette Joury, aparecida en 1959.
Estas obras son consideradas por diversas críticas literarias como un punto de inflexión en la aparición de una escritura femenina con un componente emancipador. En ellas aparecen personajes femeninos que cuestionan su entorno social, se rebelan contra determinadas normas familiares y exploran su identidad desde una perspectiva más libre.
A partir de ese momento, numerosas autoras contribuyeron a consolidar la narrativa árabe contemporánea. Entre ellas se encuentran escritoras como Emily Nasrallah, Hanan al-Shayj y Hoda Barakat en Líbano; Ghada al-Samman en Siria; Latifa al-Zayyat, Nawal al-Saadawi y Radwa Ashur en Egipto; Liana Badr y Sahar Jalifa en Palestina; Alia Mamduh en Iraq; Assia Djebar en Argelia; Janata Bennuna, Layla Abuzeid y Malika Mustadraf en Marruecos; o Raja Alem en Arabia Saudí.
En las últimas décadas, la literatura escrita por mujeres en el mundo árabe se ha diversificado aún más. Autoras contemporáneas como Samar Yazbek en Siria o Adania Shibli e Ibtisam Azem en Palestina abordan en sus obras cuestiones que van desde la memoria histórica hasta las transformaciones políticas recientes. En Marruecos, escritoras como Karima Ahdad, Fatiha Murchid o Latifa Labsir exploran temas relacionados con los cambios sociales de las últimas décadas, incluyendo el impacto de las movilizaciones políticas y el papel que han desempeñado las redes sociales en esos procesos.
Dentro del contexto marroquí, González Navarro destaca además la diversidad lingüística que caracteriza a su producción literaria. Junto a la literatura escrita en árabe y en francés —lengua en la que se formaron muchos autores del país— también existe una producción literaria vinculada a la lengua amazige. Esta tradición, que durante mucho tiempo estuvo asociada principalmente a la oralidad, ha experimentado un proceso de creciente desarrollo escrito en las últimas décadas gracias a los esfuerzos de estandarización de la lengua amazige.
Otro ámbito en el que la escritura femenina ha aportado perspectivas significativas es el de la literatura de cárcel. En el contexto marroquí, la narrativa y la poesía reflejan tanto la experiencia de quienes estuvieron encarceladas como la de quienes vivieron ese proceso desde fuera. Entre los testimonios directos se encuentran los poemas de Saida Menebhi, militante marroquí que murió en 1977 durante una huelga de hambre mientras estaba encarcelada, o la obra Relato de la oscuridad de Fatna El Bouih, que narra su experiencia en prisión. A estas voces se suman las de familiares de presos políticos, como Khadija Menebhi, autora de Libro de la opresión, Jocelyne Laabi, con Ese Marruecos que fue el mío, o Turía Sakkat, autora de Pañuelos y rejas. Según explica González Navarro, estos textos permiten ampliar la comprensión de la literatura carcelaria, ya que muestran cómo la experiencia de la prisión también marcó profundamente la vida de quienes permanecieron fuera de ella y permitió incorporar enfoques diferentes.
Para quienes quieran acercarse a la poesía escrita por mujeres en el mundo árabe, la investigadora recomienda algunas antologías recientes. Entre ellas se encuentra Diván de poetisas árabes contemporáneas (2016), que reúne textos de autoras de distintos países, así como Maneras de ser palestina. Antología de nuevas poetas, publicada en 2025, que recoge poemas de escritoras palestinas nacidas después de 1977.
En conjunto, este recorrido histórico muestra que la literatura árabe escrita por mujeres no es una incorporación tardía al panorama literario, sino una tradición que atraviesa siglos de historia. Desde las primeras poetas hasta las narradoras contemporáneas, las escritoras han contribuido a ampliar los temas, las voces y las perspectivas de la literatura árabe, dejando una huella que continúa creciendo en la actualidad.
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