Daniel Ibáñez, actor protagonista de la película 'Pioneras: solo querían jugar'. -JCF-
Daniel Ibáñez recuerda que de pequeño quería ser médico. Lo dice sin impostura, como quien todavía mantiene una parte de aquella vocación. Viene de una familia de sanitarios y durante años imaginó su futuro ligado a hospitales y consultas. Pero en paralelo había otra inclinación que siempre terminaba apareciendo: la necesidad de expresarse, de subirse a un escenario, de hablar, interpretar y ocupar el espacio desde la expresividad. “Siempre he sido muy hablador”, comenta durante su paso por la Semana de Cine de Melilla, donde este viernes protagonizó un cinefórum con estudiantes y participa en el coloquio de presentación de la película Pioneras: solo querían jugar, la nueva película de Marta Díaz de Lope que llegará a los cines el próximo 5 de junio.
Su historia con la interpretación no llegó como una revelación repentina. Más bien fue un proceso lento y natural que terminó imponiéndose sobre cualquier otra posibilidad. Entró en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) a la primera, en unas pruebas a las que se presentaban miles de aspirantes. Aquella admisión marcó un punto de no retorno. Mientras todavía continuaba formándose comenzó a trabajar profesionalmente, una oportunidad que recuerda como una mezcla de fortuna y vértigo.
Ibáñez habla de aquellos primeros años con una mirada especialmente reflexiva. Reconoce el esfuerzo de su madre trabajando en dos hospitales y cómo esa realidad le enseñó pronto la importancia del rigor y la disciplina. “Lo que decides tiene consecuencias”, explica al recordar una etapa en la que tuvo que compatibilizar estudios y rodajes mientras trataba de abrirse paso en una profesión especialmente incierta.
Desde entonces ha transitado por el teatro, las series televisivas y el cine entendiendo cada formato como una forma distinta de contar emociones. El teatro sigue ocupando un lugar especial en su carrera. Lo define como “la esencia de todo”, el espacio al que siempre termina regresando porque allí siente algo irrepetible: la energía inmediata del público, el riesgo de lo vivo y la posibilidad de que cada función sea distinta aunque el texto sea el mismo.
En el cine, sin embargo, encuentra otro tipo de fascinación. Habla del montaje, de las distintas escrituras que conviven dentro de una película y de cómo el resultado final depende de muchas miradas distintas trabajando en una misma dirección. Ese interés por comprender todos los mecanismos de la creación audiovisual lo ha acompañado desde sus primeros trabajos y ha terminado llevándolo también detrás de la cámara.
Antes de eso, llegaron proyectos que marcaron su carrera. Primero fue su participación en Terminator, experiencia que le permitió trabajar fuera de España y que, según reconoce, abrió nuevas puertas dentro de la industria española. Más adelante aparecerían series como La Valla y, especialmente, Segundo premio, la película que le valió una nominación al Goya y que recuerda como uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Habla de aquella etapa desde el compañerismo y la emoción colectiva, recordando la nominación como el resultado de un proceso compartido junto al equipo de la película y la sensación de vivir un momento único.
Ahora su presente pasa por Pioneras: solo querían jugar, una cinta inspirada en un grupo de jóvenes mujeres que jugaban al fútbol durante el franquismo. En la película, basada en hechos reales y dirigida por Marta Díaz de Lope, Ibáñez interpreta a Javier Poga, personaje basado en Rafael Muga, uno de los impulsores reales de aquel proyecto deportivo que generaba fisuras en el contexto social y político de la época.
Durante su estancia en Melilla, el actor ha participado en un cinefórum con estudiantes junto a la directora Marta Díaz de Lope y Jesús Ulled. Ya por la tarde, el Teatro Kursaal Fernando Arrabal acogerá el coloquio de presentación de la película, en el que también estará presente Lorena Asensio, campeona de Europa de fútbol playa y medalla de oro en Juegos de Arena.
Ibáñez reconoce que aceptar el papel del promotor deportivo le generó ciertas dudas iniciales. Su principal preocupación era que la figura masculina terminara apareciendo como el “salvador” de las protagonistas. Fue precisamente ahí donde encontró el núcleo dramático del papel: entender que Javier Poga no lidera la historia desde el heroísmo, sino desde un proceso de transformación personal y colectiva.
Según cuenta, el personaje comienza movido por una ambición concreta y por un interés inicial ligado al ámbito deportivo y económico, pero poco a poco termina implicándose emocionalmente con las jugadoras y comprendiendo el alcance de lo que están construyendo juntos. Se trataba de "entender que él también termina transformándose”, explica.
Uno de los aspectos que más ayudó a Daniel Ibáñez en la preparación del personaje fue poder conversar con el propio Rafael Muga. Más allá de reproducir determinados rasgos o formas de hablar, el actor buscaba entender la personalidad de alguien que intentó abrirse camino en un contexto complejo. Le interesaba especialmente cómo Muga, procedente de Extremadura, había suavizado ciertos rasgos de su acento y de su identidad para integrarse en determinados ambientes y aspirar a un reconocimiento social dentro de la ciudad.
Sin embargo, lo que más terminó impactándole fue descubrir que el verdadero Rafael Muga nunca llegó a percibirse a sí mismo como alguien que hubiese protagonizado un hecho histórico. Según explica Ibáñez, esa ausencia de conciencia épica ayudó a construir un personaje mucho más contenido y realista, alejado de cualquier grandilocuencia. “Él no tenía conciencia de ningún tipo de hazaña”, señala.
Ese tono luminoso del que habla Ibáñez atraviesa también la película. Cree que Pioneras encuentra esperanza incluso dentro de un contexto social especialmente duro. “Ellas empiezan a pensar que sí se puede”, comenta sobre una historia que, según explica, habla de unión, ambición compartida y transformación colectiva.
La acogida que ha tenido la proyección en Melilla ha terminado reforzando esas sensaciones. El actor recuerda cómo durante la mañana varios estudiantes comenzaron a aplaudir antes incluso de que terminara la película, una reacción espontánea que describe como uno de esos momentos capaces de justificar todo el esfuerzo detrás de un proyecto y permite conectar la historia con todos los públicos.
Pero mientras continúa consolidando su carrera como intérprete, Daniel Ibáñez también ha comenzado a explorar un nuevo territorio: la dirección. En la Semana de Cine de Melilla estuvo presente además Angoixa, el cortometraje que codirige junto a Andreu Fullana y que ha formado parte de la selección de cortos proyectados durante esta edición. La historia sigue a dos hermanas que se reencuentran durante las fiestas tradicionales menorquinas mientras resurgen antiguas tensiones familiares, rivalidades y heridas del pasado. El proyecto nació a partir de una propuesta de Fullana y terminó convirtiéndose en el primer paso firme de Ibáñez detrás de las cámaras.
Paralelamente, el actor también ha impulsado la creación de una nueva compañía teatral llamada Entusiastas junto a Eva Rubio, Gabriel Fuentes y Daniel Molina. Entre la interpretación y la dirección, Ibáñez parece moverse desde la curiosidad y la inquietud creativa. “Para aprender a hacer, hay que hacer”, resume casi al final de la conversación. Una frase sencilla que, de alguna manera, también parece resumir toda su trayectoria.
El vicepresidente primero del Gobierno local, Miguel Marín, ha recibido a representantes de la Academia…
El nombre de Ángel Castro, antiguo director de la UNED en Melilla, ya forma parte…
Cemsatse acudirá a la próxima reunión de la Mesa Sectorial convocada por el Ingesa el…
Melilla ha dado este viernes el pistoletazo de salida a una nueva edición de Melilla…
El presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, aseguró este jueves que…
La campaña de la Renta 2025 continúa avanzando en Melilla con miles de contribuyentes que…