Uno puede descubrir un nuevo rincón del mundo de muchas maneras diferentes. Caminar por sus callejuelas, entablar conversaciones con las personas locales, empaparse de los detalles que se diluyen con el entorno, sentarse en un banco a observar y escuchar los diferentes sonidos que embriagan un espacio, leer folletos turísticos, libros y webs relacionadas con el lugar o acudir a un local donde disfrutar de los sabores de la gastronomía local. Sin embargo, en los últimos años, una nueva forma que acompaña a los turistas en la exploración de una ciudad son los denominados tours turísticos. Una actividad turística conformada por un conjunto de profesionales que dedican su trabajo a abrir las puertas de una ciudad, su patrimonio y reconocer sus singularidades. Una opción que abarca más que la explicación de un espacio museístico concreto, sino que te envuelve en un recorrido de aprendizaje y descubrimiento. Una práctica que puede atrapar a quien acude a ella en grupos organizados o de forma personalizada y que es capaz de generar un punto de inflexión en el conocimiento que adquirimos sobre un lugar determinado que decidimos visitar.
A través de las palabras, la gesticulación, el movimiento y la señalización, los entornos se abren de la mano de personal dedicado al turismo que te hacen mirar hacia resquicios que llenan el espacio de una localidad, pero que, en ocasiones, pasan desapercibidos pues no contemplamos el significado si no es a través de su relación con la historia, estudios y relatos que muestran el porqué.
Adentrarse en un tour turístico es aprender a observar con atención, es focalizar y no concebir supuestos sobre lo que vamos visionando, sino sentirnos acompañados en el camino del descubrimiento de algo nuevo que se abre ante nuestros ojos. Este recorrido puede ser el inicio del aprecio y la relación sentimental que mantengamos con un espacio específico atendiendo al poder de la historia que lo moldea. Este diálogo y los interrogantes que nos invaden en el ansia de conocer un poco más, puede estar marcado por la conexión que se establezca entre los grupos humanos que forman parte en la expedición. Un estado compartido por personas que acuden a conocer el pasado y el presente, apoyados por una persona de referencia, el guía o la guía, que acompaña y nutre el proceso de enriquecimiento y de apertura al patrimonio histórico, cultural y artístico de la urbe.
Esta mañana de domingo, Melilla se levantaba con una niebla que cegaba a la ciudad y la vestía con un manto blanquecino que negaba la visibilidad sobre la distancia. A pesar de ello, dentro de la actividad normal de los turistas, ellos acudían a sus zonas de encuentro a la hora precisa para emprender un viaje al origen de Melilla la Vieja de la mano de Jennifer Aragón, profesional de Tu Guía en Melilla. Aragón lleva seis años dedicándose al sector turístico, permitiendo la entrada a la historia de la ciudad a visitantes y habitantes. En su recorrido se observa no sólo la experiencia, sino la facilidad de trato y la relación cercana que transmite hacia los grupos. Ocho personas, y un pequeño de dos años, llegadas de diferentes puntos de la península -Sevilla y Valencia-, acompañaban a la guía turística durante su trayecto turístico. Cercana, divertida y dicharachera, ofrece un lenguaje amable, ameno y adaptado a todos los públicos y sus perfiles diversos. Un aspecto que marca la experiencia, facilitando que la información llegue a todos los integrantes y resaltando la potencialidad del orador que fortalecer un vocabulario u otro, un tono comunicativo u otro, adaptándose a la diversidad generacional, profesional o de perfiles que acompaña cada día.
Siguiendo una línea temporal y un recorrido a pie, entre el área fortificada de Melilla la Vieja, ella va guiando a los participantes, invitando a subir, bajar, tocar o acercarse para comprender la explicación que acompaña a aquello que estás mirando. Con paradas estratégicas en puntos concretos donde ampliar información, su comunicación es continúa y fluida. Ella apunta y tú miras y escuchas la historia. Te invita a relacionarte con todo lo que estás percibiendo, no sólo a través de la expresión oral, la cuál acompaña de relatos, anécdotas y descripciones que entrelaza con contenidos históricos, geográficos o de actualidad, sino que la vista, el tacto y la investigación forma parte de su forma de ejercitar la interacción del grupo con la zona que exploran. Te invita a reír, imaginar y dejarte llevar por los pequeños espacios de callejuelas, puertas entreabiertas o lugares patrimoniales, dando espacio a la indagación propia y prestando tiempo para que las personas del tour discurran de forma autónoma por el entramado. Una forma también de enriquecer el contacto directo y la experiencia con el complejo patrimonial que, además, alimenta a través de preguntas abiertas dirigidas a hacer más participativo el encuentro. Una interlocución que presenta espacio para que los visitantes también presten sus propios interrogantes, los cuales Jennifer Aragón trata de resolver, mostrando valor sobre la participación y el interés que los grupos demuestran.
Esta mañana dedicada a Tu Guía en Melilla, hemos podido acompañar el recorrido y nutrirnos del bagaje histórico de la ciudad de la mano de la experiencia de Aragón y, aunque su contenido no debemos revelar, diremos que el camino ha provocado un encuentro con el pasado de la ciudad, sus complejidades y los significados de pequeños y grandes elementos visibles ante nuestros ojos.
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